Diario de una alerta.

Día 17.


¡Qué forma de llover esta pasada madrugada! Ya luego, durante el día, solo han caído un par de chaparrones pequeños.


Y así amaneció el día número diecisiete, con agua y muy gris. Se nos caen los días casi sin darnos cuenta. He dedicado la mañana a preparar papeleo y facturas, porque lo que no cambia es que en unos días habrá que presentar liquidaciones de IVA y demás impuestos.


Después de todo esto, he hecho cuatro números más y me salen las cuentas de maravilla. He decidido hacer una moratoria a los ingresos correspondientes a lo que quiera que dure la cuarentena. Así, haremos una estimación objetiva por una empresa independiente y daremos todas las facilidades a los clientes para que compren lo que., objetivamente repito, hubieran comprado en este periodo. Tendrán todo tipo de facilidades y un interés del cero por ciento. Y listo, gastos e ingresos “moratoriamente” compensados en el tiempo.


Yo creo que con esto andaré cerca del Nobel de Economía, aunque no aspiro a tanto, soy mucho más modesto y me conformaré con ser nombrado Ministro de la citada rama.


En fin, que con lo que voy a tener que hacer moratorias, una correcta administración y un buen racionamiento es con la comida. Sobre todo a mi hijo que, como se dice, es más barato comprarle un traje que invitarlo a comer.


Porque la mañana se pasó, almorzamos un popurrí de restos que quedaban y después de comer seguimos con los trámites con la asesoría, gestiones y más gestiones. Da más miedo hoy en día acercarte a un asesor o gestor con el mosqueo que tienen, que a un león después de un mes sin que coma.


Los sanitarios salvando vidas y ellos intentando salvar economías, pequeñas empresas y, con ello, trabajadores.


Y decía lo de la comida porque hoy llegaba el momento “visita al super”. Y allá me fui, primero a por una bombona, tarea fácil. Después a por la comida. Una semana duró la última “compra grande”, ya anoche la nevera daba pena, penita, pena al abrirla. Entras tirando del carro, con tus guantes correctamente puestos, por supuesto. Y se repite lo mismo que la compra anterior, comienza a picarte todo. Cara, pelo, una oreja. Que no se te ocurra rascarte hasta llegar a casa, lavarte y desinfectarte. ¡Y esas ganas de toser! Un sufrimiento acudir a llenar la nevera, ¡eh! Es lo que peor llevo.


Pero bueno, tarea conseguida con nota. Cuando la cajera me ha dicho el importe total, he preguntado por las moratorias disponibles… no ha hecho falta que contestase, he leído en su cara perfectamente lo que pensaba.


Y lo de las harinas, ¿qué? Hoy tampoco había. Se ve que está todo el mundo haciendo panes, pasteles y repostería varia. ¡Qué cosas!


Ya en casa, sano y salvo, toca que coloquemos la compra, una nueva desinfección y ya tranquilo, poder escribir un poco. ¡No he limpiado el teclado del portátil! Es que esto ya nos ha vuelto un poco, o un mucho, paranoicos.


Y se fue otro día, al final se pasa esto y no pinto lo que debo. Hoy me he pasado con la cena y, además, no hice ejercicio. Mañana será otro día.


Pues listo, película y a dormir. Igual me pongo Misery, otra basada en una novela de Stephen King. Un escritor famoso (James Caan) tiene un accidente y lo rescata una fan “un poquito obsesionada” (Kathy Bates, haciendo un papelón), el resto pura angustia del escritor por escapar.


Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 16.


Seguimos sumando días. Uno más y ya van dieciséis. A estas horas ya estamos casi dejando el lunes atrás y mañana, a estas horas, será el mes de marzo el que toque a su fin. Después llegará el día uno, el primero de cada mes, en este caso abril.


¡Que nos gustan estos días a nosotros, los autónomos! Días geniales, cargados de pagos y cargos en el banco. Y en estos días ni te cuento. En el tobogán de Estepona se bajaba despacito comparado con el actual balance de nuestras cuentas.


Algo positivo tiene el mes de abril, es el mes del libro, de la lectura. Para este mes teníamos algunos eventos preparados que, evidentemente, no se harán. Espero que alguno pueda realizarse en fechas próximas, había alguno realmente interesante. Habrá que plantearse, eso sí, hacer algún sorteo entre nuestros amigos en redes sociales. Iremos pensando en ello.


Hoy nos hemos levantado sobre las nueve y media y, después de desayunar y hacer algunas cosas en casa, preparé el ordenador para hablar con RTV Marbella. Cada quince días charlamos un ratito de libros y hago algunas recomendaciones. Hoy tocó hacerlo a través de Skype. Uno de los títulos es un pequeño ensayo que sale a la venta, en teoría, el día dieciséis de abril, igual lo posponen. Su autor, Paolo Giordano, nos ofrece su punto de vista sobre el coronavirus y todas las consecuencias que vienen de su mano. Otro de ellos ha sido el Principito, ¡No se me ocurría mejor momento para hablar de él!


Almuerzo, un café mientras te sientas un rato a ver la televisión, mirar un rato el móvil. En fin, cosas que se han convertido un poco en la rutina de esta batalla que nos tocó vivir.


Después, un poco de ejercicio. A poco que cojamos un buen ritmo, de esta vamos a salir muchos sin un duro (bueno, sin un euro. Lo del duro debe ser cosa de nuestra generación, alguna anterior diría sin perra gorda) pero con un tipín propio de playa y bañador. 300 abdominales, media hora de carrera continua y diez minutos de pesas. ¡Intolerable!, suele decir mi colega. Así que para cenar me tomé dos botellines y un quesito con anchoa. Compensado de sobra. Ahí queda eso.


Así que aquí ando ahora, cuando quedan pocos minutos para que concluya el día. Hoy no veré película, estoy viendo un programa muy interesante en el que Gabilondo habla sobre todo este asunto con gente de ciencia, economía, educación, expertos, en fin, en distintas materias.


Interesante de verdad, no como las redes sociales y muchos de los que las habitan que, entre bulos o críticas al que no piensa como uno mismo cansan hasta la saciedad. Bueno, todo tiene solución, siempre hay “botones mágicos” para acabar viendo tan solo lo que realmente interesa a cada cual.


Concluimos por hoy, acabo de ver el programa y a dormir. Mañana a por el martes, el número diecisiete. Y ojo, que si vuelven a acertar los del tiempo, será un día con fuertes lluvias por la zona. Vamos, que se presenta un día para no salir de casa. Ya sabes, ¡Guasa!


Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 15.


Comenzamos una nueva quincena en este periodo de clausura. Son casi las 21h cuando comienzo a escribirte estas líneas, amigo diario. Es casi de noche, pero aún se ve algo de claridad ya que esta pasada noche se cambió la hora.Como te decía ayer, en casa lo hemos hecho a mediodía.

Así te engañas un poco “comiéndole” una horita al día. ¡Cuántos aparatos con hora! Seguro que aún me quedan algunos por cambiar.
Así que, entre el mencionado cambio de hora y que me levanté tarde, la mañana se fue casi sin darme cuenta. Dio tiempo a cambiar sábanas y alguna tareilla en casa. Incluso a pasar diez minutos al sol, desde el balcón, justo antes de comer.


Ya sabemos desde anoche que el asunto se para aún más en todo el país. Esperemos que sea una medida útil para controlar el nivel de contagio aún más. También es de esperar muchas y buenas medidas para curar el asunto posterior, el económico. Veremos.


Total, que hemos almorzado una brandada de bacalao que estaba muy rica. Y después, domingo de flojera. Sofá, televisión, un poco de lectura y una partida de cluedo. Así se ha ido la tarde.


Debo reconocer que la tarde incluyó una taza de té y una magdalena de las que hizo mi hija. Ya confesé ayer que mi voluntad era casi nula.
Y a las ocho, a plena luz del día hoy, hemos salido a la visita diaria a los balcones. Hoy nos hemos podido saludar viéndonos un poco mejor con Cati y Antonio o con Amparo y Jose entre otros, moviendo los brazos o lanzando besos mientras, en el balcón que da a nuestra espalda, el bueno de Juanjo y Ana amenizaban con un ratito de música. La verdad es que lían la grande. Se agradece.


Y se nos va un día más, ¿a qué van volando? Y no te digo ya lo que puede ser el segundo semestre de este 2.020 como tengamos que celebrar todo lo que se está quedando ahora mismo aparcado. Con los cambios que andan proponiendo, veo que en algunos sitios más de uno va vestido de flamenco a ver procesiones. O a algún chiquillo con el bañador debajo del traje de comunión. Tampoco estaría mal ver la final de Champions en un chiringuito.


En fin, que el tiempo sigue trayendo agua y frío. Pues yo quiero sol, mi ratito en el balcón diario. Que luego llega el verano y ya sabes que me encierro con los libros del cole. Creo que voy a buscar voluntarios para el forrado del texto. ¿Cómo será este próximo curso la vuelta al cole?
¡Qué cosas! Cuánta incertidumbre. ¿Volveremos a la rutina diaria con las mismas costumbres y forma de relacionarnos en sociedad o cambiará todo radicalmente? Bueno, es tontería a estas alturas pensar en eso.

Vayamos por partes. De momento, que llegue el sol para quedarse, que en buena parte del país incluso parece que va a nevar esta semana.


En fin, que estaba esta tarde pasando canales a ver si encontraba algo y en un canal de cine estaban poniendo “Flores en el ático” y me dije “ea, ya tengo película angustiosa para recomendar hoy”. Pero no, no me gusta esa película en absoluto. Allá encerrados en un desván. Así que seguí pasando canales y acabé de ver “Tiempo de matar”, basada en el libro de John Grisham y con un buen reparto de actores. Y esta, sí, es muy recomendable. Además, deja ver cierta inspiración en “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee, magnífico libro (Premio Pulitzer) y también llevado a la pantalla protagonizada por Gregory Peck.


Basta por hoy, que mañana a media mañana toca recomendar libros en Radio Televisión Marbella. Hablemos de libros.


Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 14.


¡Anda que se equivocaron los del tiempo! Menudo chaparrón esta mañana. Además con la ventolera que hacía, los cristales del balcón se han puesto perdidos. Otra tarea pendiente, toca limpiarlos.


Dos semanas, 14 días viviendo esta película real que parece pura ficción. Por aquí seguimos llevándolo relativamente bien aunque ya, en ciertos momentos, te vas preguntando si será bastante con esta ampliación de alerta. Ojalá fuera así, pero viendo las cifras y cómo va la cosa, parece que va a resultar insuficiente.


Bueno, ¿y qué? ¡No puede faltar imaginación para cubrir tantas horas muertas! ¿Acaso no pensamos muchas veces en cuántas cosas haríamos si el trabajo, la rutina y tareas ordinarias nos dejaran algo más de tiempo libre? ¡Ea! Pues aquí seguimos teniendo una oportunidad maravillosa. Alguna tarea en casa, esos álbumes que nunca organizas, aquel libro que no lees porque tiene demasiadas páginas y tardarás mucho en acabarlo… ¡Será por cosas!


Está claro que la naturaleza tenía que tomarse un respiro. Es curioso ver gráficos e imágenes de cómo mejoran los niveles de contaminación o, simplemente, ver el azul del cielo en fotos de algunas grandes ciudades. En el fondo, para nosotros (los humanos) también era momento de parar. Y, claro, a ver cómo se para la cosa si no es con un bicho tan puñetero como este. Pero es momento de que paremos y reflexionemos. Es momento de tomar nota para no olvidar. Es el momento de hacer un reset total. Partamos de cero. Se lo vamos a deber a mucha gente, a los que se parten la cara a diario y a los que se marchan. ¡Hay que aprender!


Sigamos. Esta próxima madrugada nos cambian la hora. Entra el horario de verano. Yo cambiaré los relojes en casa mañana con calma, después de desayunar como pronto. Así, por ejemplo, a las doce tendré que poner la una. Podré decirle a no sé muy bien quién, ¡Ea, voló una horita por la cara! Consuelos de tonto, pero bueno…


Ayer antes de dormir trasnoché un poco. Estuve de copas, bueno de copa que solo tomé una, con un grupo de amigos. ¡Qué “modernuras”! a través de una aplicación nos conectamos y estuvimos de charla y cachondeo un buen rato. cualquier rato de risas vale su peso en oro en estos días. Varios estábamos aquí mismo, en San Pedro, solo separados por unos puñados de metros. Otros dos, Pedro y Marta, andaban en Madrid. Si bien es cierto que, en este caso, la distancia daba igual. Qué ganas de que esto ya quedé en la memoria para siempre y poder compartir cena, tertulia y copas, pero todos juntos por estos lares. ¡Pronto!


Y mi hijo Pepe, que está haciendo abdominales en el banco. Por segunda vez en estos días. Tras la primera, agujetas. Y mañana, más.


La hermana, Carolina, que es de poco hacer deporte, se dedicó esta tarde a hacer magdalenas. ¡Pintaza que tienen! No veas como olía en casa. Así no hay forma de mantener un orden y que el ejercicio cunda. Estoy evitando meterles mano. Los que me conocen saben de mi poder de voluntad. Es evidente que algunas magdalenas tienen los minutos contados.


Esta tarde me llamaron de la asesoría de nuevo. Les faltan horas para arreglar tanto papeleo así que tampoco para ellos existen ahora sábados o domingos.


Y poco más ha dado de sí el sábado. Bueno, una sopa de ajo para almorzar. Y un buen trocito de carne que me voy a hacer y que, por supuesto, acompañaré con un buen par de copas de vino tinto.
Y, quién sabe, igual hoy se tercia de nuevo tertulia online. Si es así, habrá que tomar una copita también. ¡Qué remedio!


Así que no creo que hoy vea película con este plan… pero tengo en cola “La trinchera infinita”, protagonizada por Antonio de la Torre. Tengo debilidad, ACTORAZO. Basada en hechos reales, se mete en el papel de un alcalde de Mijas que al estallar la guerra civil, se ve obligado a estar, ¡30 años! oculto en un agujero cavado en su propia casa. ¡Casi na!


Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 12+1.

No es que sea yo muy supersticioso, es que queda más mono así. Que si hay que decir el número, se dice y no pasa nada. Esto son pamplinas. Aunque yo, por si acaso, nunca abro el paraguas en casa, ni se me ocurre pasar bajo una escalera. Y lo del gato negro, antes que cruzarme uno, cambio de acera. En fin, toquemos madera y cruzaremos los dedos.

Hoy el día amaneció muy bueno, luego ha estado que si se nubla que si no… Bueno, ha permitido unos minutitos al sol desde el balcón. Desde aquí veo el mar. ¡Jo! Qué ganas de dar una carrera por el paseo marítimo mientras los pulmones se llenan de aire con ese particular olor. Y en ese mar, un pequeño barquito navegaba sin velas desplegadas, como dejándose llevar por la corriente se movía en dirección a Gibraltar. Supongo, pensando bien, que será alguien que vive en el propio barco. Y si es así, que enorme libertad confinada, ¿no? O menudo confinamiento casi sin fronteras…

Transcurren los días con la rutina habitual. Después del desayuno y alguna tarea en casa, al ordenador a mirar cuatro cosillas de la librería. ¿Me meto en la página del banco? ¿Mejor lo miro ya el lunes? Al final siempre miras, igual un día recibo una herencia de algún pariente lejano o la propia entidad bancaria decide premiarme por algún motivo extraño y me ingresa un puñado grande de euros. No sé yo, por muy surrealista que nos pudiera parecer esto del coronavirus, lo del banco es bastante más cercano a la ciencia ficción.
Pues eso, miras. Algún cargo nuevo, hoy era bajito. ¡Ufff!

Ya un poco más tarde he almorzado con los niños. Canelones. Muy ricos, por cierto. La mami venía de trabajar y mientras llega, se ducha y se cambia, se hace muy tarde como para esperarla.

Pero luego nos hemos sentado en el sofá y tomamos el cafelito de sobremesa. Y pones la televisión un poco a ver qué cuentan, ¿Adivinas? Pues eso. Luego hacen un corte para publicidad y comienzan estos anuncios que nos andan poniendo estos días. ¡Vaya tela! Cuánta nostalgia, cuánto sentimiento. Solo faltan los anuncios de El lobo, el turrón 1870 y las burbujas de Freixenet para que parezca Navidad, ¿no?

He releído estas dos últimas líneas y en mi cabeza ya andaba resonando el “vuelve, a casa vueeeelveee, por Navidaaaaaad”. Ya tienen “campañón” asegurado los de “El almendro”.

Poco antes de cenar me ha llamado mi compadre. Por videollamada, para vernos las caritas. Y no veas cómo estará la cosa que hemos acabado comentando los inicios de la semifinal del Eurobasket de 1983 entre URSS y España que están dando en TD. Como ya nos íbamos a poner con la cena, he mirado el resultado por curiosidad en internet. No haré spoilers, por si alguien lo está viendo. Epi, Sibilio, Corbalán, Fernando Martín y hasta Sabonis, ¡La pera!… Qué mayor me hago.

Total, que nos hemos metido de lleno en el fin de semana. Y dicen que viene agua y frio. Pues nada, sofá, manta y pelis a reventar. Me irás a negar que es un planazo para un fin de semana.

Y para empezar, creo que me voy a poner por quinta o sexta vez, quizás más, Braveheart. El peliculón de Mel Gibson en el que encarna a un escocés que lucha por la libertad de su pueblo en casi tres horas de film. Y ese final, montado sobre su caballo en la que su alegato acaba con un: «Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!», así veo a más de uno saliendo desbocado el día que vaya acabando esto.

Buenas noches. Buenos días para alguna amiga que anda en las antípodas.

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Diario de una alerta.

Día 12.

Pedazo de día soleado ha hecho. ¡Sí, señor! Ya tocaba, aunque parece que va a ser breve, se acercan nubes de nuevo.

Mi mujer comenzaba hoy su ciclo. Así que tocaba hacer turno de mañana, poco antes de las 7am ya iba camino al Hospi. Y yo, en la cama aún, con los ojos como platos. Así que decidí levantarme y preparar unos papeles que me solicitaron ayer en la asesoría.

Y eso que me había acostado pasadas las 2am. Había decidido acostarme bastante antes pero, cometí un error, en el último zapping llegué al canal 24 horas y estaban dando el pleno del Congreso donde aprobaban la prórroga del estado de alarma. Y me puse a oír al personal “debatiendo”. Y sí, lo aprobaron con todos a favor y alguna abstención pero, qué sensación… no sé cuál es la palabra más adecuada, tristeza quizás. Probablemente decepción se ajuste más. Venga reproches, venga el “y tú más”, que yo sí pero tú peor… Y lo malo es que son todos. Los de las sillas azules, los de las rojas, los de arriba y los de abajo. Los del centro… y pa dentro… ¡Ups! Creo que ya se me fue la cabeza a cosas más importantes…

Total, que iba yo por el madrugón… “Al que madruga, Dios le ayuda” es lo que pensé. Y aquí estoy a media tarde ya, esperando con el “Help” de los Beatles. ¡Y nada, no llega el auxilio! No, es broma. Tenemos salud que, en definitiva, es lo que cuenta. ¡No pediré absolutamente nada más! Que puestos a pedir, pediría un euromillón… pero como las loterías las han cancelado…

La verdad, algo si voy a pedir. Estoy por decirle a mis hijos que juguemos a las librerías, qué ganas de ver cómo llegan novedades. Ganas de recomendar un libro a alguien que llega sin ninguna idea de qué quiere comprar. Y no te digo ya las ganas de oír a Isa charlando el día entero, ¡mira que habla!, menos mal que dio conmigo que soy calladito. Pero algo bueno sacaremos, ya estábamos tan acostumbrados que no notamos el olor a libro al entrar en la librería. Me temo que vamos a comenzar a sentir ese aroma cuando podamos regresar a la rutina diaria. ¡Bravo!

Que, hablando de esos clientes que no saben qué quieren comprar, es para capítulo aparte. Aquel que llega y te dice que quiere un libro en concreto pero que no recuerda el nombre del autor ni el título, pero que tiene un árbol en la portada… o aquella que al entrar dice que quiere un libro que había en el escaparate hace un par de meses o así. Tampoco está mal cuando te dicen que quieren leer algo, “pero que sea bueno, eh, que no quiero leer pamplinas”. Uf, ¡menuda presión!

Y es que, todavía no he dicho nada… Nooo, no sobre los autónomos. ¡Qué ya hemos llegado a la docena de días enclaustrados!. Y se le va cogiendo hasta gustito al asunto. Tengo ya tan compuesta mi zona del sofá que me siento y encajo a la perfección. Hay medio salón, la zona por donde doy mis carreritas, que está mejor que si la hubiésemos pulido. No veas cómo brilla. Y dale tres días de sol a la barandilla del balcón. Impoluta, como los chorros del oro de apoyar los codos, vamos.

Aún queda algo de tarde por delante. Ahora voy a hacer algo de ejercicio, justo después de salir al balcón cuando estén dando las 20h. Luego cenaremos los cuatro juntos y a ver si nos acostamos tempranito que, como ves, he dormido bien poquito.

Aunque si el cuerpo aguanta, quiero ver “Intemperie” con Luis Tosar, que tengo un código para ver una peli gratis en una de las plataformas estas. Y es que Intemperie fue el primer libro (de Jesús Carrasco) que leímos en nuestro club de lectura. De cuando en cuando sale el comentario de que aún no hemos leído una novela de ese nivel. Parecido sí, pero esa es la top. Historia dura y angustiosa donde las haya. Pero magnífica. Así que ya te diré lo que pienso de la película. Del libro, un diez.

Hoy no me enrollo y acabo un poco más temprano de lo habitual. Hasta mañana. Mañana 12+1.

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Diario de una alerta.

Día 11.


Un día más al zurrón. Hoy he tenido un día intenso, pero no es que me haya movido demasiado. Todo lo contrario, creo que ha sido el que menos actividad física tuve… eso sí, la psíquica, por las nubes.


Mi asesoría me ha llamado y hemos tenido varias conversaciones, a lo largo de la tarde principalmente. Ya le “han metido mano a lo mío”. Estos son otros a los que no envidio ni una chispa. (Lo cierto es que estamos prácticamente todos apañados). Andan hasta arriba de trabajo, consultas de dudas, papeleo y un sinfín de asuntos por resolver. Es curioso cómo nos venden las cifras que vamos a recibir en ayudas, las millonarias subvenciones, prestaciones o créditos que vamos a obtener y luego el asesor te dice que, ¡cuidado!, que la letra pequeña también existe en todo esto y que hay que verlo con mucha calma. Que ni mucho menos es sencillo. Pues, ¡ya ves! Si ellos, los asesores, han necesitado que les aclaren multitud de cuestiones, imagina a nosotros, que lo único que queremos es poder seguir luchando por nuestros negocios.


En fin, esperemos que todo vaya bien y las pérdidas, que las habrá, no sean tan graves como para que absolutamente ningún establecimiento se vea abocado al cierre. ¡Ojalá!


Pero bueno, hoy tocó levantarse tranquilo, sin prisa. Desayuno y a mirar papeles y la cuenta del banco. “Pa” qué miras, ¡chiquillo! Y encima ve preparando facturas, listados y papeleo, que el trimestre hay que presentarlo.


Casi sin darme cuenta, la hora del almuerzo. Si es que se va el día volando, jeje. Hoy tocaba pescadito. Después de comer, me puse a pensar en la vacaciones que tenemos (habrá que ir diciendo teníamos) reservadas para unos días de junio. Algo así como las vacaciones de verano, aprovechando el festivo local, nos vamos (íbamos) 3 familias, uno de mis compadres incluido. Reserva en un hotel con todo incluido, qué ganas tenemos (teníamos) de “rebolearnos” en las hamacas, de no movernos en todo el día. Sol y playa. Copita y piscina. Comer… y comer. A descansar era el plan…
Y, claro, se presenta esto ahora y llegas a la conclusión de que casi mejor que se cancele la reserva. A estas alturas, si llegado junio la cosa se hubiera normalizado, lo que apetece es, como mínimo, hacer el Camino de Santiago con extra de kilómetros diario.


Y salió el sol, tan solo un ratito. Pero salió y me asomé al balcón, aún no había enseñado la nariz cuando ya había un vecino dándome voces. “Killo, métete pa dentro, que yo estaba antes y estos rayos me pertenecen”. Después, ya oscuro, dieron las ocho. Yo seguía con el papeleo así que hoy ha aplaudido el resto de la familia un poco más fuerte para compensar mi ausencia.


Hace unos minutos que hemos terminado de cenar, tortilla de patatas. Solo por esto ha merecido la pena el día, ¿qué no?


Y ahora, cuando se nos va el miércoles, cuando ya se nos está marchando marzo, estamos aquí sentados un rato. Viendo el hormiguero, ya que no hay loterías a ver si nos toca lo de la tarjeta y esos tres mil euritos. Esta noche tampoco ha habido suerte…


Me doy cuenta ahora de que hoy no pude pensar en uno de mis negocios para hacerme de oro. Bueno, meditaré un rato cuando me acueste a ver si me llega la idea brillante. A veces, en estos momentos entre la vigilia y el sueño surgen buenos pensamientos.


Pero antes de dormir, sesión de cine. Hoy, la elegida va a ser “La soga”. Si, otra de Hitchcock. En mi opinión, obra maestra. Al principio ya sabemos quiénes son los culpables de haber cometido un crimen. Máxima tensión en un rodaje continúo en el que todo se desarrolla en el salón de una vivienda. ¡Qué cosas!


Buenas noches, a ver si la almohada me ilumina.

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Diario de una alerta.

Día 10.

¡Hemos llegado a los 2 dígitos! Ya son 10 días. Si todo fuera bien, ya hemos cubierto un tercio de lo que nos queda. Me daría con un canto en los dientes si para entonces podemos ir recuperando al menos una parte de nuestra vida “normal”. Pintan bastos, la verdad.

Pero ánimo, que serán 2 ratitos… poner un dos sobre el uno del diez, y luego un tres para formar el treinta. ¡Visto y no visto!

En cualquier caso, he hecho un planning con los libros que quiero leer, cosas pendientes y ponerme al día con facturas y papeleo en la librería y alguna que otra tarea. Calculo que necesito una clausura de al menos año y medio para ponerme al día.

Total, que hemos vuelto a amanecer con día nublado y con algún chaparrón. Sol, solecito, caliéntame un poquito. A este ritmo, la próxima mañana que nos venga soleada, nos vemos todos en los balcones acaparando rayos como locos.

La mañana se ha ido sin mucha novedad. Lo que ya viene siendo una rutina, los grupos del móvil de mi mujer y las compis sin parar de sonar intercambiando mensajes de indignación por la escasez de material del que disponen para llevar a cabo su trabajo en óptimas condiciones. Luego ves en la prensa que ya son 5400 sanitarios contagiados. ¡Normal!
Es como el que manda los soldados a la batalla, maldita comparación, y no llevan casco ni fusil.

Que no me cambio yo por nadie de los que deben decidir cómo actuar, ¡ni mucho menos! Que yo entiendo poco o nada de todo. Bueno, si acaso, un poco de libros. Solo un poco.

Pero hay cosas que son de cajón. No sé cuántos días atrás ya te comentaba, amigo diario, que los Juegos Olímpicos, “ni mijita”. Pues hasta hoy no han confirmado la suspensión. Y vale que a Italia le pilló el toro, que a nosotros nos volvió a pillar porque parecía que no, que aquí no llegaba… pero el rubito inglés hasta hoy no ha actuado con media (que tampoco excesiva) seriedad, los del ee… uu.., tres cuartos de los mismo. Y el colega mexicano todavía decía anoche a sus compatriotas que adelante, que a llenar restaurantes… Será que yo pienso con algo de sentido y “estos” con el dinero en mente. ¿no?

Es todo un consuelo, la estupidez no es propiedad de nadie. Viene de serie en el ser humano. Es indiferente el idioma que hable o el color de su piel.

Pero, en fin, que hoy aún no he dicho que pertenezco a esos seres sobrenaturales, increíbles, ese clan único. Los autónomos. Aún no me explico cómo Disney no nos compra los derechos. Los Vengadores y toda esa caterva de superhéroes nos duraban minuto y medio. Así que, yo, cero preocupaciones. ¿Qué por qué? Pues que me llamaron a mediodía del banco, que tenía preconcedidos una hipoteca, un préstamo personal y otro más. No me enteré de cuál era este último, es que ya me veía de oro. Por un momento pensé: los solicito todos y, en cuanto me ingresen el dinero en cuenta, me fugo y no me encuentra ni Sherlock Holmes… pero claro, luego reaccioné… ¿Dónde leches me voy? Ni el Dioni me lo soluciona.

Y es que incluso he almorzado embriagado por la emoción de la llamada. Hoy no necesité ni probar una copita de vino. ¡Qué alegría, oye! Nuestras entidades preocupadas por nuestro futuro, regalando los dineros. ¡Y yo tantas noches sin dormir!

Pues ni tomé café después de comer. Me levanté de la mesa y cogí la lista de la compra para ir a comprar. Qué intentamos salir lo menos posible… pero con dos adolescentes en casa, llenas la nevera y diez minutos después ya se ven huecos.
¡Y qué estrés, mira! Coge el gel desinfectante, ponte los guantes, no toques nada. Entrar al super y que te empiece a picar todo es inmediato. Y encima la tos, que ganas de toser todo el tiempo, ¡qué apuro! Luego metes la compra en el coche y ya no toses en todo el día. Y llegas a casa y deja de picarte todo. ¡Y eso que ahora, con las manos lavadas, desinfectadas y perfumadas, puedes rascarte y disfrutarlo!

Vamos acabando, me voy a cenar unas verduritas a ver si esta noche descanso mejor, que ayer dormí nada más que regular. Claro que anoche no tenía grandes noticias bancarias… así que hoy, a pierna suelta!

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 9.

¡Lunes! toda una semana por delante de nuevo. Encima siguen los días nublados. Eso sí, ¿te das cuenta cómo se van alargando los días?
Y de almuerzo, lentejas. ¡Vaya tela! No sé ni para que vengo hoy a contarte cosas, amigo diario.

¡Qué va! Si es broma. Ya tenemos el lunes “ventilao”, así que a por el martes y pasado miércoles. Ni te das cuenta cuando el jueves estás diciendo, ¡mañana es viernes! Y ya te metes en otro fin de semana. Que, por cierto, no sé qué ganas, ni que hubiera diferencia. Y menos ahora que ya confirmaron (como si no supiéramos lo que iba a pasar) que aumentan 15 días el retiro.
¡Bah! ¿Un mes en casa? Pues fíjate cómo se nos plantea la cosa a nosotros. No, hoy no me refiero a los autónomos. Hoy hablo de librerías y papelerías. Ahora no sé cuántos días encerrados, luego habrá que ir saliendo poco a poco, no sea que nos dé el sol muy directo y por falta de costumbre nos quememos como los vampiros y, justo cuando le estemos cogiendo el gustillo de nuevo a la vida al aire libre… a encerrarnos en nuestros negocios a preparar y forrar los libros de texto del próximo curso. No se lo cuentes a nadie, diario, pero este año que cada cual se forre sus libros en casa, ¡si es divertidísimo!

El caso es que hoy he vuelto a levantarme a una hora prudente. Sobre las 9, a desayunar y al ordenador… varios cargos en la cuenta, maravilloso. En cuanto a ingresos es muy fácil. Cero. No hace falta ser economista, ¿cierto? Hasta el más nulo en matemáticas sabe que las cuentas corrientes del banco tienden a cero. Hoy alguien ha dicho en televisión que la economía cae ahora en picado pero que luego tendrá un repunte en sentido ascendente igual de rápido. ¡Claro, claro! Y el Málaga gana las tres o cuatro próximas Champions.

Total, que luego me comí las lentejas, solo tenía dos opciones. Tú sabes, quien quiere las come… y quien no… Lo dicho, el refranero, que nos da salida a lo que sea. Ahora puede ser muy útil, “a mal tiempo, buena cara”, “Dios aprieta pero no ahoga”, “No hay mal que cien años dure”, “Mañana será otro día”…
Bueno, y se me ocurren algunos para los “jartibles” del Facebook y del Whatsapp, pero ya volveremos a esto en otro momento.

Después, tras un cortadito, he decidido que debo ver medios de comunicación con mucha mesura. A partes iguales se te queda cara de tonto (creo que piensan que somos tontos) y de incredulidad.
Que está muy bien que quieran informar, los del gobierno, los de la oposición, los de aquí y los de allá. Más, muy importante, los millones de profesionales en redes sociales. Pero, ¿en serio que a alguien le importa que el transporte haya caído un 80 o un 85 por ciento, que el consumo de carburantes ha disminuido en tanto o que los trayectos en tren bajaron al mínimo o que en estos días comamos las mismas cigalas que hace un mes? Sí, es evidente, la última cifra era y es cero.

Pues claro que han caído drásticamente, ¡si los españolitos (recuérdame que oiga luego el disco de Serrat dedicado a Machado) estamos en casa!
Si lo único que necesitamos escuchar es cómo se nos va a ayudar a todos (pero ayudar de verdad) y, sobre todo, que los enfermos y fallecidos dejan de aumentar y tienden a cero, que esto sí que tiene que llegar a cero cuanto antes.

Por cierto, esto me está llevando a mi siguiente idea de negocio. El parte feliz (¿Recuerdas cuando llamábamos así al telediario? ¿Seré demasiado viejo?)

Un programa de noticias que solo dé buenas nuevas.
Por ejemplo, si hay un accidente con dos vehículos implicados, pues la noticia será que hoy treinta millones de vehículos se desplazaron sin incidencia alguna.
Si un majara hace cualquier barbaridad por ahí, pues habrá que comunicar que 46.999.999 españoles han tenido un día corriente y no hicieron el gamba.
¿Ves por dónde voy?

En fin, que estaba mirando para ver el nuevo episodio de “Walking Dead” esta noche y no veo nada en la programación. Con lo que me gustó le semana pasada decirle a los personajes “mira, los dos encerrados… pero a mí no me muerde un zombi”. ¿Será mal síntoma esto de hablarle a gente que sale en la televisión?

No hay problema, si no hay serie, voy a poner un peliculón. “12 hombres sin piedad”, una cinta de 1957, en blanco y negro, en la que un jurado, ¡si, encerrado en una habitación! delibera si deben declarar inocente o culpable a un chico. Aunque comienza pareciendo claro que el veredicto es culpable, las dudas comienzan a surgir a la par que la tensión. Y te aseguro que llega a unos niveles bastante altos. ¡Amigo diario, tendrás quejas de mis recomendaciones!

Y mañana llegamos al día diez ¡Ole, ole! El 10, el de Messi, Maradona, Pelé… ¡Mañana no puede ser más que un gran día!
Porque el día 7, el de Cristiano, el de Raúl, el de “El buitre”… ese fue malísimo… (y como esto es un diario privado, mis amigos merengues no serán conscientes de cómo los pincho)

¡Buenas noches!

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Diario de una alerta.

Día 8.

Como te decía ayer, amigo diario, hoy vendría un poco más temprano. Dice el calendario que hoy es domingo. Cerramos lo que hasta hace pocos días era una semana normal. De lunes a domingo, y vuelta a empezar.

Cualquier día como hoy quizás habríamos salido a comer. Lo que daría yo por tomar alguno de los platos que nos ponen Javi y Laura en Arai, por ejemplo. Y Fernando, por supuesto, ¡Todo un crack! O cogeríamos el coche para ver a los abuelos a La Línea. Comeríamos juntos y a media tarde regresaríamos a casa. O, simplemente, no saldríamos en todo el día. Pero porque no nos daría la gana, ¡Qué distinto!, ¿Verdad?

La primavera ya ha llegado, pero casi no nos hemos dado cuenta. Y es que a esto, se une que nos acompaña un tiempo feo, nublado y con lluvia. Bueno, en breve tendremos sol, lo que no nos va a quitar nadie es el clima que disfrutamos en este rincón, en esto somos unos privilegiados.

Son tiempos de crisis. Se dice que de estas épocas siempre salen oportunidades de negocio… así que me he planteado pensar cada día un ratito para encontrar la fórmula que me permita retirarme en breve. Hoy se me ha ocurrido la primera idea. Voy a crear una agencia de viajes. Vamos a ofrecer estresantes paquetes por todo el mundo. Por ejemplo, uno de ellos: “Tras el confinamiento, sal y conoce Europa en 3 días”. Será un paquete sin hotel, quien lo contrate dormirá en los transportes.

Ya tengo el programa tipo. Algo así:

Día 1. 7,30am. París. Torre Eiffel, Louvre y almuerzo con vistas al Sena. Traslado a Roma. Visita al Coliseo. Monedita en la Fontana di Trevi. Cena con pizza en el barrio del Trastevere. Traslado a Portugal con focaccia fría.
Día 2. Lisboa. 7,30am. Visita a la torre de Belem. Paseo en tranvía y almuerzo amenizado por fados (tengo yo un amigo que los canta como los ángeles, protegeré su identidad). Traslado a Londres, merienda y siesta en el avión. Visita al Big Ben y sesión de fotos en Abbey Road mientras oímos el “Imagine” de los Beatles. “Fish and chips” para llevar y cenamos en el vuelo que nos lleva a Berlín.
Día 3. 7,30. Berlín. Desayuno con productos locales en la Puerta de Brandeburgo. Muro de Berlín acompañados por la banda sonora de Pink Floyd (humor fino!!!). Posibilidad de contratar como extra el darse cabezazos contra el muro. Almuerzo compuesto por perrito caliente y cerveza (no fría) y traslado a Amsterdam. Visita al Barrio Rojo y a los coffeshops. Visita libre, seguro que todos se apañan muy bien. Regreso a casa. Exhaustos y agotados… y a por otro viaje, que se nos cae la casa encima…
¡Ojo, diario! La idea es mía. Si alguien me la quiere comprar, igual negocio…
Seguiré buscando nichos de mercado, me voy a hacer de oro.

Pero bueno, hoy me he comido una fideuá que quitaba el “sentío”, incluso he repetido. Yo he picado los ajitos, que toque más maravilloso le he dado. Y me bebí dos copitas de tinto. ¡Olé!

Y pensaba yo ahora, tomando el café, en el día 1 D.C. (después del coronavirus). ¿Cómo será la puesta en marcha? Será, probablemente, una mezcla de ganas de salir a la calle y gritar a los cuatro vientos “¡Hola, mundo!”, abrazar y dar besos a cualquiera que te cruces por la calle, con otro tanto igual de inquietud por todo lo que nos habremos dejado en el camino. Las pérdidas, económicas y humanas. Dijo anoche un señor con traje y corbata que “Cuando todo pase sabremos si fuimos generosos y valientes”. Haremos en ese momento examen de conciencia. Y allá cada cual. La gran mayoría de los de a pie, sacará muy buena nota. Fijo.


Y los autónomos, ¿pa cuándo? Sé de sobras que de aquí no sale en pie casi nadie. A todos, más o menos, nos va a afectar en gran medida. Pero, me imagino solo por un momento a San Pedro (válido para cualquier pueblo) con sus comercios cerrados, sin actividad, sin vida. ¿Te haces a la idea? Pues sigue tirando del hilo y piensa en las consecuencias de eso y en cómo caería todo cual castillo de naipes.

También ha habido carrerita de pasillo otra vez para bajar el almuerzo.

En fin, hoy pondré una peli para ver con mi mujer. Estoy viendo desde aquí sentado tantas gaviotas volar frente a mi balcón que optaré por otra de Hitchcock, “Los pájaros”. ¿No te irá a extrañar a estas alturas lo que pueda ocurrir, no?

¡Ea! A descansar, que mañana es lunes. Ji ji ji

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