Sobre una pequeña librería de San Pedro.

(Os dejo a continuación el texto del Pregón de la Feria del Libro de San Pedro de Alcántara 2019. Ha sido todo un honor y responsabilidad que pensaran en mi. Espero que os guste.)

Que un librero se enfrente a la inmensa responsabilidad de redactar un pregón para la Feria del Libro de su pueblo es, sin lugar a dudas, todo un honor y, también, un gran reconocimiento a la labor que realizamos en este gremio los auténticos locos que aún quedamos hoy en día.

Cuando llegamos a San Pedro, cuando aún faltaba bastante tiempo para que las canas hicieran patente que la vida va dejando huella, en aquellos tiempos que la memoria comienza ya a dejar medio olvidados en algún rincón perdido, mi vida laboral se centraba en algo que para nada tenía que ver con el mundo del libro. La crisis, maldita palabra, hizo que tuviera que pasar un tiempo sin trabajo. Los lunes al sol, como aquella magnífica película de Fernando León, me hicieron meditar mucho y decantarme finalmente por llenar de libros algunas estanterías. Muy loco yo, desde luego que sí. Ya decía Charles Dickens en su libro Historia de dos ciudades: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la insensatez, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación”. Qué actual resulta aun sabiendo que Dickens nació a principios del siglo XIX, ¿verdad?  Pues, como decía, la llenamos de libros, de material de papelería y otros artículos que ayudaran a que el negocio pudiera tirar “pa´lante”. Porque, no podemos engañarnos, tan solo del libro, es imposible que un negocio como este subsista.  Supongo que aquí se manifestó mi Mr. Hide en su versión más paranoica, esa cosa de locos que les acabo de mencionar. Afortunadamente para nuestros amigos y clientes, suelo ser más Dr. Jekyll, no tengan duda de que pueden entrar sin riesgo alguno a la librería.

Si, al principio he dicho de “su pueblo”, porque yo no soy nacido aquí pero me considero, hace tiempo, un sampedreño más. Tengo un precioso negocio y una familia, más preciosa aún, con 2 hijos que si son sampedreños por los 4 costados, como yo a fin de cuentas, que llegué hace ya un buen número de años y no me marcharía de mi San Pedro, nuestro San Pedro, por nada del mundo.

Pasan los años, cada vez con mayor rapidez, es lo que tiene ir quitando hojas del calendario que vamos dejando caer poco a poco. Al principio hay muy pocas, tardan en llegar al suelo. El correr del tiempo es lento. Te vas haciendo mayor casi sin notarlo, comienzas a comprobar con claridad como esas hojas arrancadas van  tardando menos en llegar abajo, es normal, la montaña que se acumula a nuestros pies es ya bastante alta. A veces echas la vista atrás y, en este caso concreto, parece que hace un rato que abrimos la librería, luego comienzas a pensar y te das cuenta de que en estos años que han pasado, ocurrieron muchas cosas. Seguro que al principio cometimos muchos errores y seguro que a día de hoy los seguimos cometiendo, pero siempre estaremos dispuestos en Nobel San Pedro, en nuestro pequeño rinconcito de calle Lagasca, para ayudar y poder ofrecer un servicio lo más correcto y que satisfaga a nuestros clientes y amigos de la mejor forma posible.

Porque entrar en una librería, en cualquiera, es muchas veces algo más que ir a hacer una compra. Es un servicio que en multitud de ocasiones casi rogaría por que fuera considerado de primera necesidad. Escoger un libro no es tarea fácil, aunque deben saber que a veces será él quien les elige a ustedes. Dependiendo del estado de ánimo, a veces será requisito imprescindible el dejarse guiar por los consejos del librero de turno. Como cuando se acude al médico porque nos duele algo y este sabe qué recetarnos y en qué dosis. Un librero, cuando conoce al lector, tiene muy altas posibilidades de dar con el libro que cure su necesidad en un preciso momento. Cuando vayan de turismo, cuando pasen por lugares que no conocen, nunca olviden buscar alguna librería y pasar a echar un vistazo y conocerla, como quien entra en una catedral y respira esa paz y sosiego entre sus anchos muros, su espíritu se lo agradecerá.

¿Acaso hay algo con más magia que una librería?

Recuerdo, sin poder evitar emocionarme, esos nervios, ese miedo e incertidumbre por lo que nos depararía el futuro a corto y medio plazo cuando estábamos montando y preparando la librería. Fue un 9 de julio, un sábado, cuando Espacio Lector Nobel abría sus puertas por primera vez. Quedan un par de recuerdos marcados en la memoria por encima de todos: esas personas que entraban al local y te decían con una sonrisa en la boca “qué me gusta el olor a libro”. Y luego había otros, eran esos que te decían, con la misma parte de admiración que de estupor, que había que estar muy loco o ser muy valiente para montar una librería con los tiempos que corren. A mí, desde luego, me gusta mucho más aquello de loco, porque no son pocas las veces que un humilde Don Quijote vence su particular batalla contra los gigantes y, una vez más, volvemos a la locura. ¡Calma! No hay riesgo alguno, la locura del librero, como la de cualquier buen lector, es muy sana y recomendable. De hecho, pienso que habría que crear pequeñas dosis de esta locura literaria para aquellos que todavía no descubrieron la lectura y así poder ofrecerles una poción como Panoramix hacía con Asterix y los galos. Se dice en El conde de Montecristo de Alejandro Dumas  que “La alegría causa a veces un efecto extraño; oprime al corazón casi tanto como el dolor” y, bueno, no deja de ser un sentimiento que  tengo muy cercano cuando abrimos cada mañana las puertas de la librería y el aroma del papel nos impregna cada poro de nuestro cuerpo.

Llegados a este punto, debo decirles que lo cierto es que no sé cómo se escribe un buen pregón. A mí siempre me tocó estar del otro lado, leyendo lo que otros tenían que contar pero, en fin, lo que sí sé es que para cualquier persona un buen libro es aquel que le llega al alma, aquel que le emociona, es aquel que le hace viajar o conocer otros mundos, un buen libro es aquel que consigue evadirlo del duro día a día, meterse en la piel del protagonista y admirar u odiar a cualquier personaje como si fuera alguien que el lector tiene frente a sí mismo.

Por eso he querido que este pregón sea un pequeño homenaje a todos los libreros, esos hacedores de milagros, esos transmisores de historia, esos que conocen el remedio para la tristeza o la soledad, esos que sabrán hacerle reír, llorar, pasar miedo y, sobre todo, aprender. Y, por supuesto, al LIBRO. Así, con cada una de las cinco letras que componen esta palabra en mayúscula, sin más pretensiones, sin dedicarme a alabarlo con palabras típicas y frases hechas que pueden parecer que encajan muy bien en la situación pero que finalmente carecen de sentimiento.

L de libertad. Lea y será más libre. Tendrá una opinión más formada. Lea y viajará a lugares increíbles. Conocerá mundos que jamás soñó que podría visitar.

I de ilusión, de iluminar. I de imaginación. Lea y verá cómo su mente se abre. Compruebe lo que un texto puede despertar y provocar.

B de bienestar. Quizás no físico, pero con la lectura conseguirá una satisfacción interior plena y completa. Solo es cuestión de cultivarlo un poco, de ejercitarlo.

R de racional, ¿Qué si no? Poder ser capaz de pensar según un criterio propio, razonar y emitir juicios en virtud de un pensamiento individual. ¿No es eso libertad?

O de oasis. De odisea. Abrir un libro se convierte, casi siempre, en una odisea que, una vez leída la última página y cerrado el libro, le hará sentir en un oasis por mucho desierto del que pueda estar rodeado.

Ahora, “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.” Ya saben ustedes, así comenzó Salinger su “Guardián entre el centeno” y ese mismo rollo pienso evitarles yo, no teman.

Así que, permíteme tutearte, este homenaje comienza a las puertas de mi librería. Pasemos dentro, es tan tuya como mía –aunque eso no quite que sea solo a mí a quien no deja dormir muchas noches pensando en facturas, pedidos y mil cosas más-. Y en una de las estanterías un libro, discreto y perdido entre tantos, parece llamarte, intenta captar tu atención. Esa portada que te reclama es este pregón. Esa portada es también San Pedro de Alcántara, un rincón de la Costa del Sol bañado por el Mediterráneo que nos canta Serrat, ese Mediterráneo que se acerca y que se va después de besar nuestra aldea y, jugando con la marea se va, pensando en volver, porque tal como continua la conocida canción, se añora y se quiere, sobre todo cuando estas fuera de aquí.

San Pedro con, puede ser, algunos defectos pero con infinitas virtudes. Un rincón con un clima espectacular, tanto que si te mueves en cualquier dirección unos pocos kilómetros ya cambia algo, deja de ser lo mismo por mucho que se quiera parecer. Por tanto, resulta de obligado cumplimiento leer este libro que se nos presenta, que nos llama y atrapa y ya nunca querrás salir de entre sus páginas. Siempre desearás ser parte de él. Léelo. Cuídalo. Mímalo. Lee en una terraza, lee en el paseo marítimo, lee en casa en uno de esos pocos días lluviosos. Pero lee. Por cierto, si toca uno de esos días de agua, encaja perfectamente un buen café. Si toca buen tiempo marida a las mil maravillas una buena copa de vino.

Ya lo tenemos todo. Tenemos música, acompañados por Alejandro, tenemos nuestro libro y, quizás, nos faltaría la imagen del cine, pero eso no es nada que no podamos suplir dejando volar nuestra imaginación. ¿Alguna duda de que somos muy afortunados?

Pues bien, coges ese libro de la estantería, sientes su tacto, ya te dije que en cierto modo no eres tu quien lo eliges, es el libro quien te elige a ti. Pruébalo algún día, entra en cualquier librería, recorre sus estantes, disfrútalo y espera que alguno de los libros allí colocados, esperando pacientemente a su lector,  te susurre al oído que quiere marcharse contigo.

Comienzas a ojearlo y, claro, lo primero que sueles encontrar es la dedicatoria. Normalmente es muy breve, no podía ser menos en este caso, y dice algo así: A ti, San Pedro, si ya cantaba Gardel que 20 años no es nada, los 159 que te contemplan siguen siendo nada. Sigue creciendo, avanza y nunca, nunca, olvides de dónde vienes.

Después es habitual que aparezca un epígrafe, esa cita breve pero cargada de contenido. Dice así: “Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido ya antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence” texto de Matar a un ruiseñor. Maravillosa novela de Harper Lee, genial película también.

En fin, ha sido un rápido vistazo y ya sientes a ese libro parte de ti, toca leer la primera frase de esta historia que hoy estamos compartiendo, esa que debe conseguir atraparte. En este caso, hagamos nuestra aquella de Miguel Delibes en “El camino” que decía: “Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”. Cuánta sencillez, qué simpleza, realmente cualquier libro bien podría haber comenzado de este modo. Pero NO. Es este, sólo este, el libro que plasma así estas primeras palabras. ¡Y detona brutalmente! Te captura y ya eres completamente suyo, comienzas a pasar páginas, te metes tanto en la trama que no puedes dejar de leer, ¡un capítulo más y a dormir! Pero no será así, este es un libro que, una vez empezado, debemos acabar.

Este libro que estamos devorando contiene un poco de todo. Terror al principio, incertidumbre que con mucho esfuerzo consigues aplacar. Humor, ternura, felicidad y malos momentos, algunos fatales, en su parte central. Y es que así es la vida, una montaña rusa que rara vez se mueve despacio y horizontal. Y, aunque hoy habrá que darle un final, intentaremos que sea un final bonito, cerrado y perfecto, pero lo cierto es que siempre en la última página pondrá “continuará” porque yo seguiré poniendo todo mi esfuerzo y ganas en hacer de esta aventura algo que perdure en el tiempo. Podéis estar seguros.

Leyendo los primeros capítulos de nuestro libro, vemos que la historia nos cuenta los orígenes de una pequeña librería. Abierta aquí, en pleno centro del pueblo. ¿Quién dijo que sería fácil? Esa primera parte nos ubica, nos presenta a los principales personajes que dan vida y sentido a la librería.

El primero, un servidor. Como decía al principio, insisto, probablemente un loco, como si nos hubieran sacado de la “cripta embrujada” o del “tocador de señoras” de Eduardo Mendoza, cual Ignatius en “La conjura de los necios”, como Alonso Quijano, nuestro personaje universal de Cervantes. Más tarde aparece una chica, se llama Isa,  se sube al carro literario y se suma al viaje. Como la señorita Helen de “La librería ambulante”, cual “Matilda” de Roald Dahl, aporta brillantez, frescura y alegría en la historia que cada día reescribimos entre las paredes de esta sucursal de libros. Y por fin, aparece el personaje más entrañable en toda historia, ese que en cuanto lo conoces, te enamoras de él, es una figura que tiene mil nombres, diferentes edades y un sinfín de caras, aspectos y formas de ser. Es todo eso y, además, imprescindible, ya que sin él, sin ellos, toda esta historia caería como un castillo de naipes. No podría ser nada. Cómo no, hablamos del cliente. Del cliente habitual, del puntual y de aquellos a los que ya se debe calificar como amigos. Va a ser esta figura la que siempre quede en el recuerdo, la que marca la historia leída y que, a pesar del paso del tiempo y de olvidar buena parte del argumento, siempre queda ahí, marcada por infinidad de anécdotas y cosas curiosas. Entre nuestros clientes y amistades aparecen algunos sujetos magníficos. Tenemos a nuestro particular Peter Pan, ya entrado en años aunque a él no le gusta llevar la cuenta, pero con el espíritu más joven que se puede imaginar. De vez en cuando nos visita Bastian, cuando deja de vivir aventuras en su “Historia interminable”. Aparece Charlie a veces con un poco de chocolate, eso sí, cuando puede despistar unos minutos al Sr. Wonka. También el Lazarillo, con quien debemos tener mucho ojo si no queremos que nos haga alguna treta. Huckleberry Finn nos hace pasear a veces en un barco de vapor. También viene Pinocho, nos prometió que el tamaño de su nariz sería para siempre el mismo. Y Don Juan Tenorio, que nos cuenta con magnífica prosa sus conquistas de cada noche. A veces, cuando la cosa se pone fea y necesitamos magia, llegan esos momentos en que debemos acudir a lo más selecto para estos menesteres, Harry Potter, Merlín o el mismísimo Gandalf acuden puntuales si se les cita y nos levantan el ánimo, como haría el sombrerero loco ofreciéndonos un té. Ellos, con su magia, son capaces de conseguir prácticamente cualquier cosa.

Otras veces, la librería se transforma y nos transporta a Macondo, allí comemos los platos preparados por Tita, el personaje de Laura Esquivel. Viajamos a Nunca Jamás a lomos de Platero, Dumbo o Bagheera donde nuestros clientes más pequeños alucinan con Stilton, Greg, Mickey Mouse o las aventuras que se corren los cinco. Dorothy nos conduce por un camino de baldosas amarillas, a veces llegamos a Oz, otras al país de las maravillas y, rara vez, acabamos en las Tierras Medias del “Señor de los anillos”.

Ciertos días, cuando ya es muy tarde y la calle está solitaria, dicen que si te asomas al escaparate y pegas mucho la cara, es posible ver fugazmente algún movimiento dentro de la librería. Son momentos en los que personajes ilustres se reúnen y deciden con qué persona se irán en los próximos días. Se puede ver a los buenos de Mortadelo y Filemón, a Rompetechos. A Obélix junto a Tintín. También se dejan ver el Capitán Alatriste, D’Artagnan o el gato con botas. A veces sacan sus armas y se divierten jugando a ver quién es el mejor espadachín, pero no temas por ellos, nunca se querrían hacer daño.

Y como en todo gran cuento, también tenemos nuestros personajes gruñones. Moriarty, Scrooge, la madrastra de Blancanieves o  Long John Silver de La isla del tesoro también aparecen. Permítanme recordar a aquel inolvidable señor que, en un caluroso día de verano, tuvimos el honor de que pasara a visitarnos y nos preguntó si teníamos el último título de Punset, “pero te lo deletreo -pe-u-ene-ese-e-te-… es que quizás por aquí no lo conozcáis”. Lujazo que se marca alguien que tiene a bien venir a una tierra que ha visto nacer a Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel, en Huelva. A Antonio Machado, sevillano, que dejó a su caminante hacer el camino con sus huellas, pero mejor no volvamos la vista atrás. A Elvira Lindo en Cádiz, con su manolito gafotas, donde cada año se cantan letras, a veces hechas himnos, de Alba, Pardo o Aragón. A Góngora en Córdoba, inmortalizado en un cuadro por Velázquez, si también este es andaluz. A María Zambrano en Málaga, Premio Cervantes y Príncipe de Asturias, ¡ahí queda eso!. A Lorca en Granada, donde sus letras se hicieron música cantadas por Carlos Cano, ¡anda, que este también es de aquí! A Antonio Muñoz Molina en Jaén, más que premiado y miembro de la Real Academia. A Carmen de Burgos en Almería, adelantada a su tiempo, escritora, periodista y activista por los derechos de la mujer.

Luego están los personajes simpáticos y divertidos, ¡Estos son geniales! Aquella señora que llega al mostrador y te pregunta por un libro que tuvimos hace 2 ó 3 semanas en el escaparate. ¡Vaya, mi memoria! Sí, aquel que tenía una chica con un gorro rojo en la portada. Sí, sí, sí, claro que estoy segura. Era eso, y tenía las letras doradas. Y la tapa dura. Pues no lo creerán, son muchas las veces que estas cuestiones acaban en éxito. Pero resulta que en la portada no había chica, aparecía un caballo y las letras en vez de doradas, eran negras y, adivinen, nada de tapa dura, era una edición de bolsillo.

De este modo, avanzamos páginas, espero que estemos disfrutando la lectura y que, ahora que nos va quedando poco para acabar, leamos más despacio. A mí me pasa a veces, cuando un libro me llena de verdad y no quieres acabarlo, inconscientemente decido bajar las revoluciones, intento leer cada palabra con lentitud, intento pronunciar en mi mente exageradamente, deseando que no acabe.

Pero es irremediable, esta aventura va tocando a su fin. No pasa nada, mañana será parte de nuestra memoria. Para mí personalmente quedará para siempre en un rinconcito especial de mi corazón. Y para todos, llegaran nuevas historias, ya sabes, habrá terror, humor, intriga y amor, mucho amor. Porque de eso se trata, de vivir continuamente un millón de vidas. Recuérdalo, Lee.

Y como ya decía, hay que poner el broche final. Cerrar el capítulo donde todo concuerda por fin. Donde encontramos el pleno sentido a toda la historia que hemos vivido en este agradable rato. Ha sido una fabulosa historia que nos emocionó o nos sacó una sonrisa cuando tocaba. Ahora se baja el telón y tocará meditar reposadamente, asimilar nuestra historia. Pero ya sabes que, nos guste o no, siempre aparece un continuará al pasar la última página. Porque tú,  ¿pensarás seguir haciéndonos compañía siempre, verdad?

Y resulta que llegados al final, nos encontramos con los habituales agradecimientos, aquí el autor siempre destaca a una serie de personas sin las cuales no hubiera sido posible que el libro llegara a nuestras manos. Habría sido una historia, quizás escrita y olvidada en algún cajón que jamás vería la luz sin su ayuda. Es una parte que sé de buena tinta que muchos lectores nos saltamos a veces, pero no será hoy, hoy toca sufrir un poquito más.

Y esta dedicatoria dice algo así:

Gracias en primer lugar a vosotros, que me habéis dado la oportunidad de poder estar aquí como librero, como pregonero de esta feria. En un principio, cuando redactaba las primeras líneas pensé en qué título poner y dudaba entre hacer míos “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” de Larsson o “A sangre fría” de Truman Capote, pero en seguida se me pasaron ciertas ansias asesinas por el “marrón” en que me estabais metiendo. Por fin, decidí el título, “Sobre una pequeña librería de San Pedro”. Librería y San Pedro tenían que aparecer, no había otra opción. Son los dos claros protagonistas en estos días que tenemos por delante.

También, cómo no, a los niños. A todos esos niños entre 1 y 99 años que nos hacen ver, como decía el principito, que “las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

Gracias a los miembros de nuestro club de lectura “Librorum et Gulae”. Es un privilegio compartir con ellos la pasión por la lectura, una pasión que comenzó a la Intemperie de Jesús Carrasco, y que queda plasmada en nuestras tertulias y en los buenos ratos del Gulae, y es que nosotros disfrutamos tanto la lectura como del buen comer.

Gracias  a esas personas que de un modo u otro, ahora forman parte de mi familia aunque no compartamos sangre ni apellidos.

Y, como excepción, haré dos menciones concretas al mayor y a la más joven. Gracias a Félix, nuestro amigo de 91 años. La experiencia, cultura y sabiduría, pero sobre todo el buen humor diario que nos regala en cada visita nos deja energía en la reserva para una buena cantidad de tiempo. Y un enorme beso para Rebeca, mi ahijada de pocos meses, a la que pienso atiborrar de libros y cuentos para inculcarle la pasión por las letras, intentando en vano parecerme a Alfredo con Toto en la inolvidable cinta de Cinema Paradiso.

Toca también una disculpa para todos esos autores y personajes que se quedan en el tintero, espero que se sientan reflejados en esos que si he mencionado a lo largo de estas líneas.

Algunos de los aquí presentes, y otros que no han podido acompañarnos hoy, se habrán visto reflejados, o al menos esa era la intención, en algún momento de este pregón que aquí acaba, espero que hayan sabido adivinarse en ciertos pasajes. Poner cada nombre que se me venía a la cabeza habría sido imposible.

Me despido, ya sí, deseando que nunca perdáis el hábito de leer, que lo recuperéis si andaba olvidado o que lo encontréis en alguna librería porque, recordad, en alguna de sus estanterías hay un libro esperando que paséis a recogerlo para que os pueda transmitir su magia, porque haciendo un símil de Peter Pan y el batir de palmas para que no muera Campanilla, si no creemos en las librerías, estamos muertos. Así que batamos palmas con energía, quizás sin saberlo consigamos el milagro y alguna, a punto a echar el cierre, consiga mantener sus puertas abiertas mucho tiempo más.

En San Pedro de Alcántara, un uno de julio de 2019

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La librería ambulante. Christopher Morley

Regresaba nuestro Club de lectura, Librorum et Guale, este pasado 4 de abril con una magnífica reunión

No es habitual que un libro resulte tan del agrado de todos los participantes en las reuniones del Club. Por eso, este título merece un lugar de honor entre las ya abundantes novelas leídas en estos casi 5 años de andadura.

Y es que el próximo 8 de mayo se cumple un lustro de reuniones, encuentros y tertulias en Librorum et Gulae. ¡Habrá que celebrarlo como merece!

Volviendo al libro de Morley, nos encontramos con una bonita edición de Ed. Periférica en tapa dura que no llega a las 200 páginas pero que destilan encanto en cada una de ellas.

La librería ambulante, Christopher Morley

El texto, escrito en 1917, narra la historia de la señorita Helen McGill, una soltera ya entrada en años que se encarga de cocinar, del cuidado de una granja así como de su hermano, que se ha convertido en escritor de éxito.

Libros que hablan de libros

Un día llegará a la granja el Sr. Mifflin, con su parnaso -librería ambulante- con el objeto de vendérselo al hermano de Helen. Ella decide que será quien se adelante y lo compre. De este modo se convierte en la propietaria de este carro repleto de libros. Con él recorrerá caminos y granjas llevando el libro adecuado a cada lugar.

Así que los dos emprenden un viaje juntos, para que Mifflin pueda explicar a Helen los entresijos del negocio y, a su vez, ella lo acompañe hasta el tren que ha de llevarlo a él a Brooklyn donde piensa escribir sus memorias, que serán todo un éxito.

La historia, que transcurre en unos pocos días, los lleva a vivir una larga serie de aventuras, contadas con un fino humor y con constantes referencias literarias.

Este sencillo cuento ha pasado a ser uno de los textos que más ha gustado en el Club. Y es que a veces resulta insuperable que un libro hable con tanto amor y delicadeza de libros, ¿no crees?

Si la lees y te quedas con ganas de más, recuerda que puedas continuar con «La librería encantada«. Continuación del libro con nuestra entrañable pareja ya ubicada en una librería física en el mismísimo Brooklyn.

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El orden del día, Eric Vuillard

Novela breve, de 145 páginas, Premio Goncourt 2017.

Gracias a la referencia de uno de esos clientes que pasan de vez en cuando por Nobel San Pedro, clientes que al cabo de un tiempo pasan a ser mucho más que eso, llegó a mis manos esta corta novela.

Aunque el texto parte de una reunión secreta llevada a cabo en febrero de 1933 por Hitler con una amplia representación de grandes empresarios de la época, resulta «inquietantemente actual» ver como lo que refleja a través de anécdotas y hechos reales, se mantiene con completa vigencia.

La mencionada reunión busca que esos poderosos industriales financien la campaña política que comienza a desarrollar Hitler y que acabará como ya todos conocemos. Estos, cederán grandes cantidades de dinero pensando que, de ese modo, evitarán el auge del comunismo por una parte y conseguirán mantener sus privilegiadas posiciones por otra. Son los grandes propietarios de empresas (más grandes aún que ellos, ¡ay!) que, a día de hoy siguen siendo de las más importantes a nivel mundial: Bayer, Opel o Siemens, entre otras.

Dice una frase al comienzo del libro que “Son nuestros coches, nuestras lavadoras, nuestros artículos de limpieza, nuestras radios despertadores, el seguro de nuestra casa, la pila de nuestro reloj. Están ahí, en todas partes, bajo la forma de cosas. Nuestra vida cotidiana es la suya”.

Estremecen esas últimas 6 palabras cuando las asimilas en ese contexto.


En la fotografía de portada Gustav von Krupp, poderoso gestor del grupo Krupp AG, la compañía que desde hace décadas lidera en Alemania la producción de acero, armamento y maquinaría agrícola pesada.

Recorremos a través de sus páginas y siguiendo la narración de varias anécdotas, varios pasajes que remarcan que Hitler acabó derrotado pero estos gigantes de la economía obtuvieron ingentes beneficios de los que prácticamente no tuvieron que responder pese al cinismo y falta de valores mostrados. Por ejemplo, con el pago de cantidades ridículas como compensación a la mano de obra esclava usada en sus fábricas durante todo el periodo de hegemonía nazi

Me dio la impresión de que tanto el primer capítulo como el último resultan
impactantes, tanto como para decir que podría ser suficiente con la simple lectura de ambos.

Antes de acabar, es obligado mencionar el «poético encuentro» de un ya senil Krupp (protagonista de la portada) con los fantasmas de victimas y sufridores de las campañas emprendidas con sus aportaciones de capital.

Como conclusión, resulta muy recomendable la lectura de este Premio Goncourt, solo necesitarás un par de ratos. Disfrutarás una buena literatura que te obliga a hacer una reflexión con completa vigencia en pleno siglo XXI pese a contarnos eventos ocurridos a principios de la década de los 30.

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Un amor, de Alejandro Palomas

Este fue el libro comentado en nuestra última reunión el pasado jueves, 24 de enero de 2019.

No hace mucho que María José Moreno ya nos hablaba en un artículo de Alejandro Palomas y «su madre, su perro y su amor».

En nuestra última reunión de Librorum et Gulae, nuestro Club de lectura como ya sabéis, comentamos la novela Un amor, Premio Nadal 2018 y editado por el sello Destino, de editorial Planeta. Si bien es la novela que cerraría esa trilogía familiar, puede leerse, como las otras, de forma independiente aunque te puedan quedar ciertos hilos sin terminar de amarrar.

Son poco más de 450 páginas que se leen rápidamente gracias a una escritura ágil y fluida. Una novela con buena opinión general entre los que la leímos. Particularmente me pareció que podría sobrarle un buen puñado de páginas a una historia que se desarrolla en un plazo muy corto de horas. Horas en las que el destino ha hecho coincidir la boda de Emma, hermana de Silvia y Fer, con el cumpleaños de Amalia, madre de estos.

Entre preparativos de estos acontecimientos se nos irán intercalando historias familiares, anécdotas y hechos pasados que completan la novela y nos acercan al resto de personajes.

Amalia resulta todo un personaje que hay que destacar, Palomas consigue que acabes encantado con ella, aunque sea especialmente desesperante para sus hijos por momentos. Muestra el autor una gran capacidad para llevarte por una montaña rusa de sentimientos a través de la sensibilidad de su escritura, destacando bajo mi punto de vista los momentos divertidos y locos.

En conclusión, una aceptable novela y bien escrita que consigue que te sumerjas en el particular mundo de estos personajes.

Otro día, quizás, podríamos hablar de la relación entre premios literarios y calidad del texto premiado…

Y para febrero, os recordamos que leeremos «La reina sin reino», de Peridis. Nos vemos el día 21, a las 19,30h!!!

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Mi verdadera historia, J.J. Millás

A estas alturas no vamos a descubrir nada nuevo hablando de Juan José Millás. Escritor y periodista nacido en 1946, cuenta con importantes premios y reconocimientos, entre otros, el Premio Nadal o el Planeta.

Hace unas semanas esta breve novela, tan solo 107 páginas, me llamó desde una de las estanterías de la librería. ¿No te ha ocurrido alguna vez que entras en una librería a buscar un libro y es él quien te encuentra a ti?  Y eso que no es novedad puesto que tenemos el título disponible en Librería Nobel desde su publicación en mayo del año pasado.

Nuestro personaje, un chico de 12 años con todo el mundo por descubrir, se convierte en lamentable protagonista de un terrible hecho que ocurre, a la vuelta del colegio, cuando en realidad debía haber pasado otra cosa. Y es que cuanto menos te cuente acerca de la trama, mejor. Es, en mi opinión, un libro para leer sin conocer la sinopsis. Será mucho mejor deleitarse a pequeños sorbos de la novela (pequeña también), disfrutando y descubriendo, a través de la magnífica narrativa de Millás esta historia de una familia que, probablemente, no lo sea tanto.

Una madre, un padre y nuestro joven protagonista que dicen tanto o más con los silencios que con lo poco que comparten. A estos tres pilares hay que sumar un cuarto, una chica. Angustias, secretos, deseo de reconocimiento son sentimientos que nos muestran estos personajes a lo largo de sus páginas con un claro ejemplo en el chico, que al principio se considera «el idiota» y después pasa a temer que caigan sobre él las consecuencias de su «crimen y castigo» (ambas de Dostoyevski), dos de las obras preferidas de su padre, un crítico literario. Y precisamente por esto, al chico lo que le gusta es escribir. Como si la relación hijo-padre tuviera equivalencia en la escritura-lectura y esta pudiera suplir la necesidad de afecto, de valoración.

Esta oscura historia, que leerás pronto (yo comencé a leerla y no pude levantar la vista hasta llegar a la última página) te acompañará unos días más. Al menos en mi caso, así fue. Te hará plantearte cosas, reflexionar sobre cómo actuamos. Sobre las relaciones que mantenemos con quienes nos rodean.

Y algo que me hace pensar sin llegar a una conclusión clara es que, si dos personas conocen un secreto pero no lo comparten en ningún sentido, ¿sigue siendo un secreto? Claro que para conversar sobre esto, hay que hacerlo con el libro ya leído.

En fin, una novela breve requiere una reseña breve, de modo que para qué decir más. Espero que si la lees, la disfrutes tanto como yo.

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Cáscara de nuez, Ian McEwan.

Nuestra entrada de hoy tira un poco de memoria. Hablamos de un libro, Cáscara de nuez, leído en nuestro Club para la reunión del 21 de julio de 2017.

McEwan, del que ya habíamos leído anteriormente Sábado, otra novela que causó buena impresión, nos traía para esta ocasión su Cáscara de nuez. Una novela corta, de 224 páginas.

Un argumento sencillo. Trudy y John son un matrimonio roto. Trudy mantiene una relación con el hermano de este. Y estos dos planean acabar con John para heredar una mansión.

Resulta insólito y, sin duda, muy arriesgado que quien nos narra la historia sea el futuro hijo de Trudy. Aún sin nacer, entiende todo lo que ocurre (¡desde dentro de su madre!, hay que insistir) a su alrededor. Quizás estamos ante un thriller con tintes de comedia negra, todo esto pese a que lo que cuenta es, en buena parte, un auténtico drama.

«No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de tu padre”

Mientras esta relación maquina como acabar con John, el bebé nos va contando sus impresiones. Por una parte sobre su madre y «la situación» que se trae entre manos. Por otro, acerca de la sociedad desde un punto de vista crítico y tan maduro como culto. Un humor muy británico (y todo un crack sabiendo de vinos, a mi con esto me ganó completamente).

El libro en cuestión gustó a la mayoría aunque hubo alguna impresión un poco negativa del resultado final. En cualquier caso, el autor salva má que sobradamente elmencionado riesgo.

Gustó mucho la idea y narración del autor. Una novela breve que puede leerse fácilmente aunque ese toque británico no llegue finalmente a todo el mundo del mismo modo.

“Oh, Dios, podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio… de no ser porque tengo malos sueños”

Esta frase es el epígrafe de la novela, por tanto, no se puede concluir esta reseña sin mencionar el paralelismo que sugiere McEwan en su novela con el Hamlet de Shakespeare, donde Gertrudis y Claudio, se casan después de que este haya asesinado al Rey Hamlet.

 

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Una noche con Sabrina Love, Pedro Mairal

Club de lectura. 4 de octubre de 2018.

Retomamos nuestras reuniones en el club con la novela «Una noche con Sabrina Love« de Pedro Mairal.

Novela breve, editada por Libros del Asteroide, fue publicada en 1998, recibiendo el premio Clarín y llevada al cine en el año 2000. Nosotros hemos leído esta cuidada reedición de la imagen (mayo de 2018).

Como dato curioso, el mencionado galardón fue la primera edición celebrada de unos premios que, hoy en día, son de los más prestigiosos en Hispanoamérica.

La historia, narrada en 150 páginas, nos llevará a acompañar a Daniel Montero, un chaval de 17 años, en un «curioso» viaje en busca de un premio que acaba de ganar: pasar la noche con una famosa porno star, Sabrina Love.

En su camino hacia Buenos Aires al encuentro con la mujer que contempla cada noche en su televisor, viviremos con él un ajetreado y complicado viaje. Tanto que casi le resulta una odisea conseguir salir de su pueblo inundado. Se cruzará con personajes de todo tipo que, en muchos casos con divertidas anécdotas, te hacen reflexionar sobre las personas, sobre la vida.

El prólogo que escribe el propio autor, ya nos deja señales de la magnífica novela que tenemos entre manos. En él nos explica el recorrido desde que surge la idea de esta historia hasta después de conseguir el premio de 50.000 pesos (actualmente, dotado con 300.000).

Hemos leído una novela que nos ha gustado mucho en general. Todas las opiniones han sido positivas.  Nos planteamos la posibilidad de ver la película para comparar la ágil narración del libro con el desarrollo del guión. Esto de leer libro/ver película lo hemos hecho ya en un par de ocasiones y siempre resulta interesante hacer la comparación.

Y, cómo no, nos deja con ganas de leer «La uruguaya«, su última novela que ha sido muy bien recibida.

Nuestra lectura para noviembre será «Kitchen», de Banana Yoshimoto. ¿Te apuntas?

Librorum et gulae

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