Diario de una alerta.

Día 11.


Un día más al zurrón. Hoy he tenido un día intenso, pero no es que me haya movido demasiado. Todo lo contrario, creo que ha sido el que menos actividad física tuve… eso sí, la psíquica, por las nubes.


Mi asesoría me ha llamado y hemos tenido varias conversaciones, a lo largo de la tarde principalmente. Ya le “han metido mano a lo mío”. Estos son otros a los que no envidio ni una chispa. (Lo cierto es que estamos prácticamente todos apañados). Andan hasta arriba de trabajo, consultas de dudas, papeleo y un sinfín de asuntos por resolver. Es curioso cómo nos venden las cifras que vamos a recibir en ayudas, las millonarias subvenciones, prestaciones o créditos que vamos a obtener y luego el asesor te dice que, ¡cuidado!, que la letra pequeña también existe en todo esto y que hay que verlo con mucha calma. Que ni mucho menos es sencillo. Pues, ¡ya ves! Si ellos, los asesores, han necesitado que les aclaren multitud de cuestiones, imagina a nosotros, que lo único que queremos es poder seguir luchando por nuestros negocios.


En fin, esperemos que todo vaya bien y las pérdidas, que las habrá, no sean tan graves como para que absolutamente ningún establecimiento se vea abocado al cierre. ¡Ojalá!


Pero bueno, hoy tocó levantarse tranquilo, sin prisa. Desayuno y a mirar papeles y la cuenta del banco. “Pa” qué miras, ¡chiquillo! Y encima ve preparando facturas, listados y papeleo, que el trimestre hay que presentarlo.


Casi sin darme cuenta, la hora del almuerzo. Si es que se va el día volando, jeje. Hoy tocaba pescadito. Después de comer, me puse a pensar en la vacaciones que tenemos (habrá que ir diciendo teníamos) reservadas para unos días de junio. Algo así como las vacaciones de verano, aprovechando el festivo local, nos vamos (íbamos) 3 familias, uno de mis compadres incluido. Reserva en un hotel con todo incluido, qué ganas tenemos (teníamos) de “rebolearnos” en las hamacas, de no movernos en todo el día. Sol y playa. Copita y piscina. Comer… y comer. A descansar era el plan…
Y, claro, se presenta esto ahora y llegas a la conclusión de que casi mejor que se cancele la reserva. A estas alturas, si llegado junio la cosa se hubiera normalizado, lo que apetece es, como mínimo, hacer el Camino de Santiago con extra de kilómetros diario.


Y salió el sol, tan solo un ratito. Pero salió y me asomé al balcón, aún no había enseñado la nariz cuando ya había un vecino dándome voces. “Killo, métete pa dentro, que yo estaba antes y estos rayos me pertenecen”. Después, ya oscuro, dieron las ocho. Yo seguía con el papeleo así que hoy ha aplaudido el resto de la familia un poco más fuerte para compensar mi ausencia.


Hace unos minutos que hemos terminado de cenar, tortilla de patatas. Solo por esto ha merecido la pena el día, ¿qué no?


Y ahora, cuando se nos va el miércoles, cuando ya se nos está marchando marzo, estamos aquí sentados un rato. Viendo el hormiguero, ya que no hay loterías a ver si nos toca lo de la tarjeta y esos tres mil euritos. Esta noche tampoco ha habido suerte…


Me doy cuenta ahora de que hoy no pude pensar en uno de mis negocios para hacerme de oro. Bueno, meditaré un rato cuando me acueste a ver si me llega la idea brillante. A veces, en estos momentos entre la vigilia y el sueño surgen buenos pensamientos.


Pero antes de dormir, sesión de cine. Hoy, la elegida va a ser “La soga”. Si, otra de Hitchcock. En mi opinión, obra maestra. Al principio ya sabemos quiénes son los culpables de haber cometido un crimen. Máxima tensión en un rodaje continúo en el que todo se desarrolla en el salón de una vivienda. ¡Qué cosas!


Buenas noches, a ver si la almohada me ilumina.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

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