Diario de una alerta.

Día 12+1.

No es que sea yo muy supersticioso, es que queda más mono así. Que si hay que decir el número, se dice y no pasa nada. Esto son pamplinas. Aunque yo, por si acaso, nunca abro el paraguas en casa, ni se me ocurre pasar bajo una escalera. Y lo del gato negro, antes que cruzarme uno, cambio de acera. En fin, toquemos madera y cruzaremos los dedos.

Hoy el día amaneció muy bueno, luego ha estado que si se nubla que si no… Bueno, ha permitido unos minutitos al sol desde el balcón. Desde aquí veo el mar. ¡Jo! Qué ganas de dar una carrera por el paseo marítimo mientras los pulmones se llenan de aire con ese particular olor. Y en ese mar, un pequeño barquito navegaba sin velas desplegadas, como dejándose llevar por la corriente se movía en dirección a Gibraltar. Supongo, pensando bien, que será alguien que vive en el propio barco. Y si es así, que enorme libertad confinada, ¿no? O menudo confinamiento casi sin fronteras…

Transcurren los días con la rutina habitual. Después del desayuno y alguna tarea en casa, al ordenador a mirar cuatro cosillas de la librería. ¿Me meto en la página del banco? ¿Mejor lo miro ya el lunes? Al final siempre miras, igual un día recibo una herencia de algún pariente lejano o la propia entidad bancaria decide premiarme por algún motivo extraño y me ingresa un puñado grande de euros. No sé yo, por muy surrealista que nos pudiera parecer esto del coronavirus, lo del banco es bastante más cercano a la ciencia ficción.
Pues eso, miras. Algún cargo nuevo, hoy era bajito. ¡Ufff!

Ya un poco más tarde he almorzado con los niños. Canelones. Muy ricos, por cierto. La mami venía de trabajar y mientras llega, se ducha y se cambia, se hace muy tarde como para esperarla.

Pero luego nos hemos sentado en el sofá y tomamos el cafelito de sobremesa. Y pones la televisión un poco a ver qué cuentan, ¿Adivinas? Pues eso. Luego hacen un corte para publicidad y comienzan estos anuncios que nos andan poniendo estos días. ¡Vaya tela! Cuánta nostalgia, cuánto sentimiento. Solo faltan los anuncios de El lobo, el turrón 1870 y las burbujas de Freixenet para que parezca Navidad, ¿no?

He releído estas dos últimas líneas y en mi cabeza ya andaba resonando el “vuelve, a casa vueeeelveee, por Navidaaaaaad”. Ya tienen “campañón” asegurado los de “El almendro”.

Poco antes de cenar me ha llamado mi compadre. Por videollamada, para vernos las caritas. Y no veas cómo estará la cosa que hemos acabado comentando los inicios de la semifinal del Eurobasket de 1983 entre URSS y España que están dando en TD. Como ya nos íbamos a poner con la cena, he mirado el resultado por curiosidad en internet. No haré spoilers, por si alguien lo está viendo. Epi, Sibilio, Corbalán, Fernando Martín y hasta Sabonis, ¡La pera!… Qué mayor me hago.

Total, que nos hemos metido de lleno en el fin de semana. Y dicen que viene agua y frio. Pues nada, sofá, manta y pelis a reventar. Me irás a negar que es un planazo para un fin de semana.

Y para empezar, creo que me voy a poner por quinta o sexta vez, quizás más, Braveheart. El peliculón de Mel Gibson en el que encarna a un escocés que lucha por la libertad de su pueblo en casi tres horas de film. Y ese final, montado sobre su caballo en la que su alegato acaba con un: «Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!», así veo a más de uno saliendo desbocado el día que vaya acabando esto.

Buenas noches. Buenos días para alguna amiga que anda en las antípodas.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

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