Diario de una alerta.

Día 21.


Veintiún días. Con sus veinticuatro horas. Eso llevamos en estado de alarma y hoy ya sabemos que nos queda, en el mejor de los casos (piensa mal y acertarás), toda esta próxima semana santa y otras dos más.


Y esta próxima semana, sin deberes los niños. Ya estoy haciendo un planning que habrá que cargar de actividades para evitar enfados cuando, sobre todo Pepe, sea capaz de estar enganchado a cualquier cosa electrónica todo el día. Una de ellas va a ser ponerlo delante de una pantalla, sí. Pero para que haga ejercicio a la par de Pepe Moreno en Facebook. A sudar se ha dicho.


El caso es que los días siguen pasando con relativa rapidez, incluso aunque el clima no quiera acompañarnos con sol a diario. Después del espectacular día que tuvimos ayer, hoy regresó de nuevo el tiempo mustio y gris. Incluso ha llovido un poco y hacía un viento de lo más desagradable. Parece que el final de la tarde quiere acabar el día con una leve mejora. Veremos cómo nos amanece el domingo de Ramos, según la previsión, será un día regularcillo.


Anoche, finalmente, tuvimos tertulia desde el sofá conectados a través de una aplicación con varios amigos, tomamos una copita y charlamos y reímos durante un buen rato. Lo confieso, me tomé dos copas, no una. Incluso fuimos participes cuando Pedro, uno de los de Madrid, bajó a dar un breve paseo al perro ya en plena madrugada por unas calles llenas de bares y pubs pero vacías y silenciosas.


Y ya esta mañana, nos hemos levantado tarde. Luego he bajado a comprar un poco de pescado, que esta semana hemos abusado de la carne. Así que para almorzar, boquerones y unas pijotas. Y para la cena, un poco de atún (sé de unos que se apuntarían a la cenita).


Cuando prácticamente estábamos acabando de almorzar llegó la noticia, ya sabida, de la prórroga y, ¡qué gracia, oye! Esto que llevamos un par de días oyendo de unos “nuevos Pactos de la Moncloa”. ¡Qué “pechá” de reir, oye! Con todos los respetos, eh, pero generalizando (que alguno se puede librar, no lo niego), la categoría política hoy en día dista mucho de aquella de finales de los setenta que, por supuesto, no eran ni mucho menos perfectos, también hubo barbaridades, pero eran de otra pasta, eso como mínimo. Ahora deciden no cogerse los teléfonos. ¡Ea, pues ya no te hablo! Lo que te digo, para partirse de la risa, vamos (ironia).


Por lo demás, el día ha pasado sin gran novedad. Ordenador, móvil, un buen rato de lectura y este rato de escritura… ¡Y día ventilado! No, hoy no he hecho ni un minuto de ejercicio, que tampoco vamos a abusar, hombre.


Bueno, aún tenemos por delante preparar una buena ensalada, algo de picar y ese atún. Eso se merece una buena copa de vino blanco… o dos.
Carol mañana comienza su ciclo de turnos, a eso de las 7am ira camino del hospital, así que se acostará pronto. Pienso que me voy a pegar una sesión de cine doble. Creo que voy a ver Hogar, me la recomendó el otro día mi amigo Jose Antonio. Si luego aún no me puede el sueño, quizás busque alguna de miedo. A estas alturas, necesito comprobar que la ficción aún puede superar a la realidad.


Hoy me despido rápido, que voy a poner el mencionado atún en la plancha. Vuelta y vuelta y un poco de sal. Y entre una vuelta y otra, hay que abrir el vino ¡Ole!

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.