Diario de una alerta.

Día 22.


Ha sido escribir el número 22 y venir a mi mente aquello de “¿Cómo estaba la plaza?” del Dúo Sacapuntas en el “Un, dos, tres”. Sí, inmediatamente después mi mente, muy graciosa ella, me lleva a pensar que me estoy haciendo muy mayor. Y es que he buscado, por curiosidad, de qué año estoy hablando en internet y me ha enviado a 1987. ¡Telita!


A esa pregunta, seguía la respuesta de “abarrotáaaa”. Hay que ver cómo nos divertíamos por aquel entonces, media España pegada a la televisión viendo el programa en familia, y que contestación más absurda a día de hoy, habría que cambiarla a “abandonáaaa”.


¡En fin! En estos momentos andamos a la mitad de confinamiento, siempre que no se amplíe más. A estas horas quedan pocos minutos para dejar atrás el domingo de Ramos más extraño de la historia. Al menos de la historia que yo he conocido y vivido.


Un domingo muy en la línea de los veintiún días anteriores, no me puedo engañar. Como anoche al final sí que me acosté bien tarde, pues hoy me levanté también tarde. Así que mi desayuno fue, simplemente, un café. Después de recoger un poco la casa, me conecté a la librería, pura costumbre, no sé qué cambios espero encontrarme y mucho más sabiendo que es domingo…


Pero sí, había un correo de la asesoría. Más papeleo para firmar. Así está la cosa. Casi todos sin poder trabajar y, unos pocos, que prácticamente no encuentran un momento de descanso.


Mis compadres se lo han montado hoy de escándalo, a la hora del aperitivo han salido a la terraza a tomarse una cervecita. Bien vestidos incluso, tanto que hasta estrenaban algo de vestuario, y han visto en no sé qué canal a la borriquita en su estación de penitencia, supongo que alguna emisión de 2019. Me habría gustado estar allí y poder achuchar un poco a Rebeca.


Después de comer, serían las cinco o así, sonó una sirena de policía aquí cerca, pero no se marchaba. Me asomé a ver si ocurría algo (que está la cosa para perderse cualquier novedad que nos saque de la rutina unos minutos, ¡vamos!). Era una patrulla que venía a felicitar el cumple a una niña. Total que media urbanización asomada al balcón, cantando el cumpleaños feliz a la pequeña. Aplausos y más aplausos y a otra cosa, mariposa. Y, qué quieres que te diga, a mí me parece genial. Bastante complicado está todo ya como para que pueda parecer mal que algún pequeño disfrute y se sienta un poquito especial a falta de celebrar su cumple tal como se ha hecho siempre.


Ahora, hablando de polis, lo que va a ser gracioso es cuando ya andemos otra vez con las prisas, con el estrés. Con los coches mal aparcados y en doble fila y un agente nos diga con amabilidad que debe multarnos. A ver… a ver… cuánto aplaudimos. Yo lo estoy deseando, que por esta zona en la que vivo suele ser un coñazo incluso salir del garaje sin tener que pararte a mitad de la rampa, que no veas la pendiente que tiene.


Así que, o eso, o como he comentado más de una vez, me compro un Land Rover de estos antiguos y me voy rozando con todos esos que dejan el coche allá donde les sale del alma. Si algún día me toca la lotería, lo hago a jornada completa, será mí trabajo. Un buen golpecito a todos los de la doble fila, a los que se plantan aunque tengan un vado o al que te dice que ya va, que qué prisas.


En fin, que faltan ahora mismo catorce minutos para que este domingo de abril sea ya historia. Mientras escribo estoy viendo el reportaje que ponen en televisión sobre Aute, un tío grande al que podremos recordar las noches largas, a las cuatro y diez o al alba. ¡Hasta siempre, maestro!


Si no hubiera sido por este programa, tenía decidido ponerme esta noche “La vida es bella” de Roberto Benigni. Una auténtica joya que todo el mundo debería ver al menos una vez. Si te digo que la he visto siete u ocho veces, igual hasta me quedo corto. Contar con esa sensibilidad una historia que se desarrolla en buena parte en un campo de concentración la convierte en obra maestra. No descarto ponerla pese a la hora que es ya.


Toca despedirse por hoy.


Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.