Diario de una alerta.

Día 26.

Jueves Santo, día grande para los cofrades. Mena en Málaga, Los negritos en Sevilla, por solo nombrar dos capitales.

Y, como no. Gris. Otra vez gris el día. Voy a vender la crema solar y el after sun en Wallapop. Fijo que media hora después brilla el sol durante días.

Pero bueno, como dice aquel, las penas con pan, son menos penas. Así que para almorzar nos hemos zampado un potajito de espinacas, garbanzos y bacalao que estaba de muerte. Para acompañar, unas tortillitas, también de bacalao. Y, no podía ser menos, un par de copitas de un tintito que hacia honores a la comida.

La mañana no ha dado para mucho más, la verdad. Cierto es que ni mucho menos hemos madrugado. Tampoco me he metido hoy a mirar nada de la librería ni, mucho menos, el estado de la cuenta bancaria. Mira que si ha habido algún milagro del estilo al del pan y los peces y yo aquí, sin saberlo…

Si he dedicado un ratito de la mañana y otro de la tarde a ver el circo de los payasos en la tele, aquel programa que tenían los Gabi, Miliki, Fofó y compañía. ¡Qué divertido era! Lo que ocurre es que yo lo recordaba de otro modo, resulta que eran unos señores y señoras, la mayoría con trajes y corbatas,  y subían a contar chistes a un estrado. Pero eran malos (los chistes y los payasos), te juro que mis recuerdos no son esos.

Que yo, amigo diario, no te voy a aburrir con mis opiniones políticas. No acudo a ti para eso, pero viendo el debate del Congreso me surgen un par de cuestiones que, quizás no tengan demasiada importancia, pero yo habría hecho algo por cambiarlo de estar ahí.

Primero, la señora que limpia todo cada vez que uno de esos señores sube a contar su chiste y, también, el señor que les cambia el vasito de agua. Pues yo habría ido con mi botellita de agua (o lo que me apetezca beber) y también habría puesto unos trapitos y un bote de desinfectante para que, cada vez que acaban su charlita, cada cual pase el mencionado trapito para quitar sus posibles virus del atril. Y así, dejamos a más gente en su casa, y menos riesgos de contagio.

También es verdad que no me gusta emplear la palabra payaso con esa ironía. Pero bueno, la uso en minúscula. Porque en mayúscula, Payaso la utilizo cuando quiero expresar mi admiración por ellos, por teatreros o cuentistas, por titiriteros y demás integrantes de ese gremio. Como mi amiga Encarna, por ejemplo. ¡Chapó por ellos!

En fin, es fácil concluir que opté pronto por dejar de ver semejante sainete. Ya veré los momentos top en algún telediario o en la prensa.

Además, tenía plan. Hoy ha sido el cumple de José Carlos, 45 tacos, se nos hace mayor, así que Sonia, qué le gusta un cachondeo, había organizado un encuentro virtual con amigos y familia y tenían en su casa no sé cuántos aparatos conectados. El pobre no sabía dónde mirar con tanta gente felicitándolo a través de pequeñas pantallitas en cada uno de los aparatos.

Después ha tocado un poquito de deporte, hay que sudar un poco para ir bajando el buen comer.

Y ahora, han cenado las mujeres de la casa, Carol se va a hacer su turno de noche y yo lo haré con Pepe. Quiere pizza así que lo acompañaré con mucho sufrimiento.

Y luego, ya con todo recogido y tranquilo a ver si volvemos a coincidir el grupo de amigos en nuestra tertulia a través de las ondas y nos vemos mientras compartimos una copita desde cada casa.

Si la tertulia falla, daremos una vuelta a los canales a ver qué encontramos. Esta de “La línea invisible” que andan anunciando pinta bien, habrá que ver un par de capítulos al menos a ver si merece la pena.

Y mañana, ya es viernes. Viernes santo. Día festivo. Y, casi seguro, gris. ¡Qué pechá!

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.