Diario de una alerta.

Día 27.

Y por fin, ¡Un día soleado! Amaneció un viernes bonito, azul y sin nubes.

Pero vamos, que no tenía yo ganas de madrugar precisamente. Es que anoche nos dieron las 2 bien largas con la charla y el cachondeo en nuestro encuentro virtual. Y hoy, a las nueve menos diez, llamaban al telefonillo para entregar un paquete, un regalito para Pepe. Un cubo de Rubik.

Y nosotros pensando que llegaría la próxima semana. Tiene guasa esto de Amazon. Entrega un viernes santo y, a primera hora. Si llego a saberlo, compramos unos churritos también y ya me habrían hecho la gracia completa. La lucha contra el comercio electrónico ya estaba perdida para los negocios tradicionales y esta crisis solo va a acelerar el asunto.

Bueno, siempre nos quedará poner empeño y consumir en nuestros pueblos en la medida en que sea posible. Es y va a ser importante.

Pues nada, cafelito a primerísima hora. ¿Quién decía que quería un día bonito? Pues nada, a aprovecharlo…

Así que una mañana de lectura y un par de charlas telefónicas que pude hacer desde el balcón. He acabado el libro que leía, no dejaré constancia del título y lo mandaremos al archivo de los olvidados. No es que haya sido malo, pero no me gustó nada. Lo dicho, al baúl de los recuerdos.

Por la tarde hemos llamado a casa de los abuelos, también estaban en el balcón merendando y tomando un poquito el sol. También un poco antes hemos visto a Rebeca, con sus poco más de trece meses, poniéndose ciega con los rosquitos de la abuela. Apunta maneras el personaje.

Y un poco más tarde, a las ocho, vuelta a salir. Hoy parece que había más ambiente de nuevo, más gente asomada y, siendo viernes, Juanjo volvía a asomar con la música a todo trapo durante un rato. Marcha asegurada.

Luego para dentro, y a hacer un poco de ejercicio. Dos días seguidos, esto no va a ser ni bueno.

Y con poco más se nos está yendo el día 27, de la misma manera que se comienza a acabar la semana santa. Tampoco este domingo que viene podremos ver al Resucitado pasar junto a la puerta de la librería.

Pues eso, que se nos van los días. Que estamos bordeando el mes de confinamiento y esto cada día pinta más a que se va a alargar hasta los dos meses.

Fuerza. Paciencia. Ánimo.

Después de cenar con Pepe, hoy la mami hace se segunda noche así que cenó tempranito y se marchó, hacía zapping y ponían en La2 el Vía Crucis, no he podido evitar pararme un rato a verlo. Ya no es cuestión de ser o no creyente. Lo impresionante era ver esa Plaza de San Pedro que no hace mucho pude visitar (por momentos parece que hable de otra vida), enorme, prácticamente vacía e iluminada con la luz de las velas, tan solo un puñado de personas seguían la ceremonia del Papa Francisco. Llamaba mucho la atención.

Y, ahora, mientras acabo de escribir mis líneas diarias, en la habitual programación de películas en estas fechas, he dejado de fondo La pasión de Cristo, la de Mel Gibson, que cosa más dura y angustiosa. Pero hay que reconocer que como película es una genialidad. Y que una de las protagonistas femeninas sea Mónica Bellucci la verdad es que ayuda mucho a que haya decidido acabar viéndola.

También he visto el tiempo (del telediario, que igualmente vi, no diré ni mú por razones obvias) y vuelven a anunciar mal tiempo y lluvias en breve… A ver si mañana aún nos saluda un buen rato el sol.

Ahora, mientras acaba la peli, voy a ver quien anda por las redes. Igual encuentro compañía con alguno de los locos de mis amigos.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.