Diario de una alerta.

Día 29.

¿Para qué comenzar hablando de cómo amaneció el día hoy, no? Y parece que va para largo esto de las nubes y la lluvia así que, mientras no tengamos novedades, doy por concluidas las referencias a la climatología diaria.

Pues nada, llegó el domingo de Resurrección. En los últimos años, nos levantábamos y, después de desayunar y ponernos “guapos”, salíamos a ver al resucitado. Nos íbamos a calle Lagasca, justo frente a la librería. Después de la foto justo cuando pasaba por delante, habríamos ido a tomar la cervecita a la Abuela, por ejemplo. Pero este año, no. Como los veintiocho días pasados, estamos en casa. ¡Qué remedio!

Pues hoy nos hemos levantado bastante tarde, es que anoche el homenaje de la cena obligaba a reposar la comida con mucha calma, así que poniendo mucha paciencia, me serví una copita con mi señora esposa y nos dieron, como dice la canción, la una, las dos y las tres.

Así que la cosa ha pasado por un desayuno rápido y otro tanto de limpieza. ¡Ah! Y un poco de electricidad, que teníamos un interruptor de la luz mal.

Claro, con esas horas, nos hemos sentado más allá de las tres de la tarde a almorzar. Mientras comíamos un solomillo con salsa de mostaza, oíamos al Presidente. De repente, un comentario de mi hija: “Parece que está contando un cuento”. Y, callada de nuevo, continuó disfrutando su solomillo. Interesante puntualización, me dio que pensar mientras, yo también, masticaba la carne.

Después de comer, nos hemos tomado el habitual cafelito sentados en el salón y hemos visto el segundo episodio de “Volver para ser otros”, un interesante programa de Iñaki Gabilondo donde conversa con diferentes personas de ciencia y expertos acerca de los motivos y consecuencias que nos dejará el coronavirus en la sociedad.
Mientras escuchaba una de las conversaciones, me he fijado que ambos interlocutores tenían a su espalda unas estanterías plagadas de libros. Desde luego, me parece de mucho más contenido lo que cualquiera de estos expertos reflexiona con sus libros de fondo que lo que terminan declarando la mayor parte de los políticos con sus banderas a la espalda.

En fin, reflexiones que habitualmente no te paras a pensar con la rutina, las prisas y por estar centrado en pedidos, pagos, cargos y mil y una cosas más.

La tarde ha pasado sin mucha más historia. Una conversación telefónica con un amigo que está molesto con otro por un intercambio de mensajes en whatsapp con unos comentarios muy políticos de por medio. Le ha molestado que en el diálogo primara la visión política por encima de la personal. Aunque es comprensible, le he dicho que creo que, en definitiva, esa opción es perder el tiempo. Más aún en estos días que estamos pasando. Si bien es cierto que uno puede enfadarse, debemos aprender a ponernos en la piel del otro, sin duda. Al final, como siempre, las aguas revueltas volverán a su cauce. No tengo la menor duda.

Y nada más. Luego me he puesto guantes y he bajado la basura. Hoy no había bolsas fuera de los contenedores. Igual vamos por buen camino. Una vez en casa, momento desinfección. Quítate los guantes y desechas. Lavado intenso de manos y ya te puedes poner el pijama con calma.

Para cenar, un antojito de Pepe, hojaldre con cebolla caramelizada y queso. Y una buena ensalada. Luego un poco de televisión y ahora voy a comenzar un nuevo libro. Nuevo para mí, porque la novela se escribió nada menos que en 1957 por los hermanos De las Cuevas. Se llama “La bodega entrañable” donde vamos a descubrir el mundo de las bodegas y las viñas en esa época. Desde luego tiene muy buena pinta, veremos qué tal.

Pero antes de empezar, voy a preparar un poco los libros de los que hablaré mañana con Roberto en RTV Marbella.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.