Diario de una alerta.

Día 30.

Estrenamos decena, amigo diario. Nos metemos de lleno en la treintena. Hoy cumplimos un mes de alerta. 30 días de confinamiento. 30 días de aplausos, algunas risas y mucha incertidumbre.

Ha habido más cosas, evidentemente, pero al final los días van pasando, demasiado iguales unos a otros y, por momentos, me siento Bill Murray en la película “Atrapado en el tiempo”, esa que al final conocemos, creo que casi todos, como el día de la marmota. Claro que él salía, todos los días le ocurría exactamente lo mismo pero, al menos, lo que le pasaba era al aire libre. Jeje

Pues nada, para celebrar la cifra tan redonda me he levantado a eso de las ocho y cuarto y me he puesto a hacer un poco de deporte casero. Después de una duchita, un buen desayuno y te quedas como nuevo. ¡A por el día!

Ya a mediodía me preparé para charlar en televisión, en conexión por Skype, en el programa de Roberto Caballero sobre una selección quincenal de libros. Me he puesto la mar de guapo, por arriba, con mi camisa recién planchada. Por abajo he seguido con el pantalón del chándal y las zapatillas de andar por casa. Total, ojos que no ven…

Y, bueno, pues un ratito entretenido charlando de libros y cultura. Se pasó muy rápido. En quince días, más. Como dice el bueno de mi colega, “si mañana es futuro, no te cuento a quince días vista”.

Y sin darme cuenta, nos hemos plantado en la hora de almorzar. Hoy, de nuevo, lentejas. Está claro que los niños no han mostrado un exceso de alegría por el plato que tenían por delante.

Y la verdad es que la tarde ha pasado sin mucho que contar, unos mail de la librería y poco más. Bueno sí, un pelado que le he dado a Pepe de órdago, así aguanta ya lo que quiera que dure esto y, luego, que Jorge Peña le deje el pelo como a él le gusta. ¡Qué a gusto se queda uno metiendo la maquinilla como si estuviera cortando césped!

Haré una pausa ahora, que ya es casi la hora de la cena, así que vamos a preparar algo y luego me pasaré a escribir las últimas líneas.

¡Hala! Pues ya estamos cenados. San Jacobo, las caras no tenían nada que ver con las del almuerzo. Normal.

Y ahora andamos viendo El hormiguero. Digo yo que alguna de estas noches nos podían llamar y llevarnos una alegría con lo de la tarjeta, ¿no? Pero bueno, conste que no pido nada. No necesito más. Pese a todo no tengo motivos para quejarme prácticamente por nada. Además hoy no ha habido llamada, así que mañana será.

Y, puestos a desear algo, pediremos recuperar la libertad de movimiento. Cuando llegue el día, alguno va a tener tanta energía acumulada que, cuando salga por la puerta, va a darle por correr y llegará más lejos que el conejo de Duracell.

Antes de dormir, veremos un capítulo más de Freud, no es que sea una serie inolvidable pero no está mal. A ver cómo se va desarrollando.

Pues nada, se nos va el día. Un día más al saco. Mañana será el número 31. Ánimo que esta nueva quincena nos la ventilamos sin darnos cuenta.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.