Diario de una alerta.

Día 35.

Pues hoy, día número treinta y cinco de reclusión, y como ya advertí, no he hecho ni el huevo.

Para ser exactos, hice la cama con Carol esta mañana y listo. Todo el día de vagueo, ya tenía yo ganas de un sabadito de chándal y no tener que mover un dedo en todo el día ni para cambiar de canal. De la cama a la silla para desayunar, de la silla al sofá, del sofá a la silla para comer… y de oca en oca y tiro porque me toca… ya me entiendes.

En fin, que hoy el único gasto de calorías es, probablemente, el que estoy teniendo en estos momentos mientras mis dedos teclean estas palabras que dejen constancia de que, un día más, seguimos vivos.

Estoy exagerando, algo más he hecho. Pero bueno, amigo diario, te cuento cómo ha ido el día.

Nos hemos levantado con las diez bien pasadas. Es que anoche tuvimos marcha a través de la pantalla. Volvimos a pasar un buen rato con los colegas madrileños y con los sampedreños. Y claro, nos dieron las tantas. Está claro que no es comparable a aquellos momentos en que salías de cena y compartías unas raciones y platos y una botella de vino, o dos, entre risas y tertulia, pero, a falta de pan… cumple los requisitos mínimos.

Y lo que te digo, no hice casi nada durante la mañana. Corregir algunos ejercicios de mates con Pepe. Problemas de cálculo de áreas de polígonos y esas cosas.

Carol se fue pronto a trabajar, así que yo me encargué del almuerzo. Ella me lo dejo todo listo, el problema es que había que meter una bandeja en el horno y se ha rajado en dos partes. Ha sido genial, la bandeja depositada sobre la vitro, se rompe y todo el contenido deslizando pausadamente sobre la placa, muy despacito, como riéndose de mi cara al contemplar el desastre. Divertidísimo. Pero bueno, hemos podido comer, después de la operación “Limpiemos la vitrocerámica”.

Cuando hemos acabado y la cocina quedó bien limpia, me hice un café y al sofá. Ya había trabajado bastante más de los planes previstos originalmente. Así que me he puesto un capítulo que tenía pendiente de “The walking dead” y luego se me antojó ver “Desayuno con diamantes”. Simplemente, deliciosa. Esa melodía se te queda en la cabeza ya para el resto de la tarde.

Luego de me he dado una duchita y me afeité. Últimamente, hago esto último, de semana en semana. Teníamos cita los del club de lectura. Así que, copita de vino en mano, hemos estado de charla un buen rato mientras el presidente anunciaba una nueva prórroga del estado de alarma. Ha sido poco más de una hora y hemos pasado un rato divertido. Hemos dedicado poco más de cinco minutos en hablar del libro, nos ha parecido bastante malo a todos, mejor obvio el título. El resto del tiempo hemos conversado sobre la actualidad, cómo estábamos todos y alguna cosa más. En dos semanas, nos vemos de nuevo.

Por cierto, hablando del presi… hoy leí en redes sociales una definición que hacía un amigo del susodicho, lo denominaba como el Kennedy de Ali Express, me ha parecido, con todos los respetos, simplemente genial.

En fin, se acaba el día. Carol ha llegado un poco más temprano de lo normal. Ya habíamos quedado en que la esperaba para cenar, hemos podido acabar relativamente pronto.

Así que ahora, antes de dormir, veremos un nuevo capítulo, quizás dos, de la serie y nos iremos a dormir. Mañana tampoco tocará poner despertador.

Además, mejor nos levantamos tarde y vamos dejando día atrás. Total, Carol curra de noche.

A por el treinta y seis.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.