Diario de una alerta.

Día 36.

Domingo 19 de abril. Día 36 de confinamiento. Estuvieron peleando las nubes y el sol, al final se impuso este. Así que hemos disfrutado de un buen día. Hoy me he levantado muy tarde, tocó pasar mala noche. Pero bueno, hemos almorzado en el balcón, en medio de una falta de ruido poco habitual, por momentos parecía que estuviéramos comiendo en el porche de una casita en mitad del campo, solo interrumpido unos momentos por una máquina de limpieza que pasaba por la calle.

Antes, en las bajo mi punto de vista, pocos útiles ruedas de prensa que dan durante las mañanas los responsables de los Cuerpos de Estado, parece que se ha liado la grande. El responsable de la Guardia Civil ha declarado que se encargan de minimizar en las redes el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del gobierno y, no podía ser de otro modo, los del gobierno dicen que ha sido un lapsus y matizan esas palabras mientras que los de enfrente, ponen el grito en el cielo al considerar que se está intentando coartar la libertad de expresión. Nada nuevo bajo el sol.

Para mí lo peor, es que la mayoría de nosotros, los ciudadanos, somos en cierto modo iguales. Y así perdemos el derecho a quejarnos de ellos. Intento tener en mis redes sociales, y mira que las veo poco normalmente, perfiles “poco” políticos, pero es normal que en estos días, haya más movimiento en este sentido por todos lados. Y yo me pregunto si alguien al que le tira más el partido X, es capaz de expresar tanto lo que considere bueno como lo malo de X. No, todos los de X rajan de Y a muerte, y viceversa claro. Y por eso, huyo de zonas, muros y cuentas muy politizadas.

En fin, como es lucha perdida, lo mejor es no perder demasiado tiempo en ello
Como te decía, hemos salido a comer. Al balcón. Hacía una temperatura perfecta y hemos tomado una carne de cerdo muy rica. En la olla lenta se queda especialmente tierna. Como compañía unas patatas. Y de postre una tarta de manzana recién sacada del horno con un poquito de helado al lado. La tartita era muy light, no llevaba ni azúcar. Digo esto por convencerme a mí mismo de que esas calorías no se van a la barriga.

Después, una peli, de esas de sobremesa con las que te pegas una buena siesta en el sofá. No, hombre, no me he dormido, que me levanté tarde te había dicho.
Luego me fui al otro balcón, como mira al otro lado era donde estaba dando el sol y he estado leyendo allí un ratito. A lo tonto, pegaba bien. Aguanto bien poquito eso de estar a pleno sol. Por eso cuando vamos a la playa, soy más de chiringuito y buena hidratación o, en su caso, buena sombrilla y, por supuesto, también buena hidratación.

Total, que la ropa que llevaba tendida poco rato estaba ya más que seca. Y tanto la ropa como yo hemos huido buscando sombra. Quien iba a decirlo.
Ahora que solo queda un atisbo de claridad ahí fuera, Carol ha cenado para irse a hacer su turno de noche y yo voy a sacar una ensaladilla rusa y unos mejillones rellenos que ha dejado ella preparados. Eso se merece una cervecita bien fresca, ¿verdad? ¡Ains, qué poca voluntad tengo.

Y ya tenemos un día más liquidado por completo. Es más, se nos va una semana. Mañana lunes y a comernos otra semana. Los lunes siempre han sido horribles, aunque para mí lo peor siempre eran los domingos por la tarde, era como que ya pensabas en la semana que iba a comenzar y te adelantabas a la depre del lunes. Y ahora, mira, todos deseando salir a trabajar, llevar niños o lo que haga falta.

Pues nada, ahora cuando cenemos los niños y yo y recoja, me pondré alguna serie o película de esas que no le gustan a Carol, como la de los zombies que siempre me dice que cómo puedo ver eso. Mañana madrugaré y haré un poco de ejercicio. Es el mejor momento del día para hacerlo.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.