Diario de una alerta.

Día 37.

Pues nada, nos plantamos en los 37 días de encierro. El sentir se resume bien rápido, dos palabras bastan. “Qué pechá”

Pero bueno, un día más. Me levanté temprano, tampoco una exageración, sobre las 9, pero dadas las circunstancias, ¿para qué antes? Listo y dispuesto para hacer ejercicio durante un buen rato. Así que, tras un buen tute, duchita y a desayunar. Un kiwi, café y tostada. Qué sano.

Después de desayunar, lo primero que he hecho ha sido acudir al calendario para ver en qué día estamos. No es para nada extraño tener que pararse a pensarlo últimamente. Pues nada, estaba en lo cierto, es lunes. Lunes de un abril bien avanzado ya.

El resto de la mañana, un continuo ajetreo con, sobre todo, llamadas de teléfono, casi todas relacionadas con la librería. El banco, la asesoría, algún cliente y algún amigo también. Mira, qué estrés. Ya no está uno acostumbrado a estas cosas.

También llamaron al telefonillo, un error, era un repartidor para otra casa. Aun así le abrí, cogí dos botellines rápidamente y lo esperé con la puerta abierta. Le expliqué que yo no era el destinatario pero que lo invitaba a una cerveza aunque fuera allí en la puerta. Ellos también merecen homenajes. Es broma, ¡Eh!

Y entre estas historias me ha dado tiempo a limpiar el salón de arriba abajo. Claro, cuando te vienes a dar cuenta, es la hora de comer. Así que nos hemos sentado los cuatro, con Carol recién levantada después de la última noche de su ciclo, a tomar un platito de crema de verduras y un poco de salmón a la plancha.

La sobremesa ha dado para el cafelito de después de comer y una pequeña cabezadita en el sofá.

Luego he estado hablando con Isa, pensando alguna cosilla para el día del libro, ya colgaremos algo en redes sociales. Va a ser un día extraño, cosa normal en este mes largo, pero bueno, haremos algo para festejarlo. Una de las cosas va encaminada y relacionada con el Quijote, nuestro libro más universal.

Por cierto, el día del libro va a coincidir con el número cuarenta de confinamiento. ¿Casualidad? ¿Algo en la vida lo es?

Así que cuando miras el reloj son casi las ocho. Hemos salido a aplaudir y justo caían unas gotas de lluvia, además hacía incluso frio. Total, que hoy la salida ha sido muy breve. De vuelta al sofá pronto y a escribirte estas líneas, amigo diario.

Como todas las tardes, había que darle un vistazo a la prensa en internet. Hoy el titular más llamativo era que por primera vez en la historia, el barril de petróleo ha cotizado en negativo. Así que digo yo que en los próximos días, cuando pasemos por la gasolinera, además de llenar el depósito de combustible, nos tendrán que pagar algo por hacerlo, ¿no?

Bueno, está claro que no… pero, cosas de la macroeconomía, ¿cómo puede valer algo menos diez euros? ¿Será buen negocio vaciar la piscina de la urba y llenarla con petróleo para, cuando esté por las nubes, volver a venderlo? Igual nos convertimos en la comunidad más rica del mundo, mundial.

Algo queda claro, lo que nos queda por pagar en impuestos del combustible, y de lo que no lo es, en el futuro próximo va a ser de aupa. Que esto lo pagamos todos, unos más que otros.

Y ya es casi la hora de cenar, ahora prepararemos un picoteo.

Para ir acabando el día, veremos el último capítulo de la serie Freud, a ver cómo concluye antes de darle una nota final. De momento se define bien con oscura y sangrienta. Y tendremos que buscar otra serie a la que engancharnos. Igual opto por Unorthodox, son cuatro capítulos y tengo buenas referencias.

Buenas y frescas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

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