Diario de una alerta.

Día 4.

Muy buenas. ¿Qué tal? ¿Dónde andáis hoy?… Como si no lo supiera, ¿no? Que no se me ocurría cómo romper el hielo…

Esta noche pasada dormí fatal. Un sueño muy ligero que no me permitió descansar mezclado con una horrible pesadilla. Soñé que pasaba todo un día soleado metido en un chiringuito, comiendo pescaito frito y bebiendo cerveza helada. Me bañaba y seguía comiendo. Me bañaba otra vez y seguía bebiendo. ¡Qué disgusto! Y luego, encima, copita en una tumbona bajo una sombrilla. Y al caer la tarde, un largo paseo por la orilla de la playa. Mira, qué sufrimiento. ¿Cómo iba a dormir bien? Con lo bien que estoy aquí, en mi sofá, tranquilito, sin mancharme los pies de arena ni teniendo que ponerme crema para evitar quemar mi piel… ¡Vamos! Que no sabemos lo que tenemos, ¡oye!

No, en serio, sí que he dormido fatal. Y eso que anoche eran casi las 2 am cuando me acosté. Es que siempre me ha gustado mucho esa paz de la madrugada cuando todos duermen y no hay nadie en la calle ni se oye el paso de los vehículos. Vale, parezco gilipollas, eso mismo lo puedo hacer todos estos días a cualquier hora y no esperar a las tantas de la noche.

Pues sabes qué… desde el sábado he salido dos momentos de casa. El lunes tuve que acudir a la librería para entregar unas cajas para una editorial, ya que los ingresos son cero, se agradece que retiren mercancía. Y esta mañana, que acudí a Mercadona para rellenar un poco la nevera. Pues nada, subir la rampa del garaje saliendo de casa y encontrar ambos días un coche (diferente cada día, claro) aparcado en la salida obstruyendo el paso con el “peaso” de cuesta que hay que subir, ¡eso no ha faltado!
¡Joder! ¿Que ni en estos días vamos a evitar soltar el coche donde nos sale de… del alma? Otro tema interesante para tratar otro día, los del “un momentito”, “que solo voy a dejar al niño”, “no pites más, que solo han sido dos minutos”… Po aparca bien, cojoneeee, que diría mi cuñao.

Solo espero que cuando esto acabe, pero no al día siguiente, ni una semana después… me refiero a cuando la vida vuelva a ser normal… ¿Habremos aprendido algo? ¿Seremos capaces de tener más empatía y más respeto por el prójimo? Lo dudo, la verdad.

Porque yo, que soy autónomo (lo he dicho alguna vez en estos días, ¿verdad?), le estoy poniendo todo lo que puedo de mi parte, todo el humor y toda la voluntad del mundo a esta situación (que no tiene absolutamente nada de graciosa). Pero llegará un momento en que cuando la normalidad se vaya instalando de nuevo en nuestras vidas, habrá que exigir responsabilidad y que muchos actúen en consecuencia a sus actos y asuman sus culpas y dejaciones… ¿¿¿no???
Que yo no voy a hablar de políticos (Todos), ni de altos y medios cargos en la administración (muchos), ni de los listos (menos) que aprovechan estas situaciones para sacar beneficio propio o actúan mal y/o tarde. Bueno, algún día, como esto va para largo, sí que podemos dar unas pinceladas, porque eso de los EPIs y las mascarillas para nuestro querido y admirado personal sanitario (mi mujer es enfermera), eso, que no tengan en estos días el material adecuado, no ya para no contagiarse ellos… para no contagiar a los pacientes que tratan… ¡eso clama al cielo!

En fin, que yo pretendo aplicar todo el humor que sea capaz de transmitir pero, debe ser este día mustio y gris, añadido al exceso de información en todos lados, que hacen que tengas que ponerte negro de cuando en cuando. Pero ya se me pasa…

Bueno, que pese a todo, esto sigue estando chupao, que tenemos ventilado un día más… Y, mañana, más y mejor. ¿Qué no? Pero si es San José, si es el día del padre.

Estoy pensando dónde salir a comer… dudo entre el balcón que da al mar o el que tiene vistas al Supercor (clin, clin, Corte Inglés paga algo por la publi). Es que este, si el día está claro, permite ver Gibraltar muy al fondo. En fin, decidiremos según sople el viento.
Haré un pollo asado. Bueno, en realidad haré varios, porque en el super no quedaban pollos enteros (perdón por no usar el lenguaje inclusivo en este caso), así que he comprado unos cuartos traseros y una bandeja de muslitos (y como vienen 5 ó 6 es evidente que tengo que hacer varios pollos) y lo prepararé con mi toque especial. Que dicen los niños que el de mamá está muy rico… pero como el de papá, ninguno. Y yo no me lo explico, ¡si usamos el mismo horno!

Y estar sin fútbol, esto sí que es duro, ¡menudo rollo! Cómo será la cosa que ayer vi un reportaje de la primera Champions que ganó el Barça en Wembley y ya he estado dos veces tentado de poner Real Madrid Televisión, lo que pasa es que, vaya cosas, aquí el Madrid siempre gana. Y mi colega y vecino Antonio, manda carallo, este año que se mete su Athletic en la final de Copa y a ver cómo y cuándo se resuelve el asunto.

Pero bueno, ¡que me enrollo tela! ¿Y no me dice nadie cállate ya? Os advierto que estamos en el día 4, que a este ritmo según avancen los días, acabo escribiendo “Guerra y paz” ese tocho de Tolstoi, que en alguna edición se pone en casi 1200 páginas.

Os dejo por hoy, que acaba de sonarme el pitito de nuevo mail… y cuando miro es para que participe en una encuesta y me regalan unos bonos para viajar por toda Europa. ¿En serio? No voy a mencionar la empresa que se dirige a mí no sea que alguno queráis reclamarle daños psicológicos y compensaciones millonarias.

Lo dicho, hasta mañana, hoy toca dormir bien.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

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