Diario de una alerta.

Día 50.

Cincuenta días. Número redondo. Sigue siendo un confinamiento, con ciertas libertades, pero confinamiento al fin.

Se dice pronto. Tantos días con todas sus noches. Suman muchas horas. Ha dado tiempo de sobras para poder pensar en muchas cosas, para hacer infinitas tareas o para dejar sin hacer algo que te habías planteado. Y sin embargo, no sé por qué, tengo la sensación de que se ha pasado demasiado rápido. Debe ser la edad, el tiempo cada vez pasa con mayor velocidad.

Pero bueno, ha sido un espléndido domingo. Un tiempo magnífico. No hemos madrugado, nos levantamos más que pasadas las diez y hemos desayunado los cuatro tranquilamente. Luego he recogido un poco la cocina y, después de cambiar la cama y hacer alguna cosilla más, me he puesto a hacer, por primera vez, una tortilla de patatas. Un kilo más ocho huevos, ¡tortillón! Y me ha salido bastante bien, la verdad. No le voy a poner el sobresaliente, eso para la siguiente.

No cabía otra opción que comer en el balcón. Nos hemos sentado tarde. La tortilla, por supuesto, un poco de pollo y algo de pan, para las sopitas. Claro, después de recoger, no quedaba ni un huequito para el café.

El sueño intentó ganar la batalla pero en el último asalto le gané de milagro. Me he entretenido viendo un poco la televisión.

A media tarde han ido Carol y la niña a dar un paseo aprovechando que tenían que comprar algo en la farmacia. Dice que el centro del pueblo estaba muy tranquilo. Cosa habitual cualquier domingo del año.

A la vuelta hicimos videollamada para felicitar a las abuelas por el día de la Madre. La mía estaba en el balcón, tomando el sol y comiendo tarta de manzana que hizo mi hermana.

Como están en La Línea aún nos queda mucho para poder ir, así que me quedo sin verlos, y sin tarta. Y también sin caracoles que ha hecho mí cuñado este fin de semana. ¡Vaya tela!

Y poco más ha dado la tarde. Es que un domingo sin partido de fútbol a media tarde, es menos domingo. Y ya estoy cansado de ver algunos de antiguas competiciones.

He esperado que fuera cayendo el sol para salir a dar una carrerita, cerca de las nueve. De paso, ya me he bajado la basura. Y, de nuevo, camino al paseo marítimo. En la ida seguía habiendo mucha gente, sigo pensando que la gran mayoría respetando las condiciones establecidas. Eso sí, cuando van 3 ó 4 personas caminando juntas pero algo separadas, abarcan tanto espacio que, o pasas muy pegado entre ellas o no puedes rodearlas. Eso es un problemilla. Ya de vuelta, casi de noche por completo, se notaba menos movimiento de personas. Estando cerca del bulevar he parado, estaba exhausto. Lo que diríamos simplemente, “reventaito”. Que es muy diferente dar carreritas de pasillo que ir a un ritmo en la calle, aunque la cosa sea muy plana.

Mientras recuperaba la respiración he hablado con mi colega Siles, me llamó para ver qué tal andábamos. Y luego, entrando en casa, otra llamada con mi compadre José Manuel. Mientras charlábamos he estirado un poco las piernas y, después de una ducha, he cenado muy ligerito. Un tomate aliñado y yogur de postre.

Y así acaba el domingo, lo cierto es que podría haber sido uno más. Pero confinados y siendo, precisamente, el número 50, queda claro que es, en cierto modo, especial.

Ahora, con los niños ya acostados, vamos a ver un nuevo capítulo de la serie, ya vamos por la mitad de la segunda temporada. Y a dormir, desde mañana estaré todas las mañanas en la librería, preparando la vuelta. Organizando pedidos y viendo todas las medidas que vamos a tomar de seguridad e higiene. Queda tarea por delante.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.