Diario de una alerta.

Día 51.

Comienza una nueva semana. Diferente a los últimos 50 días, al menos un poco distinta. Comenzamos a trabajar, con mucha limitación, pero será un buen punto de partida en nuestro camino a la rutina. Esperemos que esta sea lo más parecida a la que ya conocíamos anteriormente.

Hoy me levanté sobre las nueve y mientras me encaminaba al baño sentía una mezcla de ilusión, incertidumbre y miedo, un poco de miedo. En cierto modo, una sensación similar a aquel sábado de julio, allá por 2011. Bien es cierto que la sensación que sentía hace casi una década se enmarcaba en un contexto menos incierto. También andábamos en una crisis, aunque solo era económica. Esta vez cambia mucho todo, partimos de un punto en el que ya nos conoce mucha gente, evidentemente esto es un gran punto a favor. Y, tras dos meses cerrados, es normal tener ilusión por volver a abrir, aunque por ahora sea parcialmente, nuestras puertas de nuevo. Y luego están la incertidumbre y el miedo, es inevitable pensar en cómo irá todo, si volveremos a tener problemas con el virus de nuevo, si los problemas económicos y los nuevos hábitos que se adquieran, harán que el comercio tradicional tenga complicada la subsistencia. En fin, siempre debe imponerse la ilusión, las ganas y la motivación para conseguir permanecer a flote y, si no, inventaremos todo cuanto esté en nuestra mano.

Así que he desayunado con Carol y me he ido a la librería. Hoy he podido comprobar correos, hablar con comerciales y atender a algún cliente, en rigurosa exclusiva. Un poco extraño, un poco frío eso de que haya tan solo una persona y entre, pida lo que necesita y, sin mucho entretenimiento se marche. Es que, después de la barra de un bar, una librería es lo más importante del mundo mundial. Anda que no hemos oído confidencias, maquinado conspiraciones y descubierto inquietantes e interesantes chismorreos y cotilleos en nuestro mostrador… pero bueno, poco a poco podremos ir recuperando esas charlas y tertulias con amigos y clientes.

Así que hoy se me pasó la mañana volando. Cuando quise darme cuenta, ya tocaba volver a cerrar la puerta. Las cosas hay que tomarlas con calma, atiborrarse de golpe no es bueno ni recomendable.

Y en casita a comer. Como buen lunes, lentejas. Al menos nos las hemos comido en la terraza. En estos días había melocotón en almíbar rodando por la nevera, Pepe se ha zampado la lata entera, en dos o tres veces sí, pero el caso es que no lo he probado. Ya me tomo un yogur o una perita. Ten hijos para esto…

Luego, ya sabes, café y pequeña siesta. Es que la mañana trajo demasiadas emociones y después de comer el cuerpo se relajó.

La tarde la he dedicado a trabajar un poco en casa. Repasar pedidos y atender algunos recibidos por teléfono o redes. Mientras, Carol ha ido con los niños al dentista, tenían revisión. Y luego ella y la niña se han ido a dar un paseo.

Y un día más que dejamos atrás. Una ensalada y empanada, hecha por Carol, para cenar. Y ahora un capítulo de la serie antes de dormir.

A ver si me acuesto pronto y mañana madrugo. Así me voy a dar, a primerísima hora, una carrerita antes de volver a la librería.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.