Diario de una alerta.

Día 55.

La noticia del día es que, de momento, vamos a seguir igual que los anteriores 54 días. Nos quedamos en fase cero. Que ya le hemos cogido el gustito, para qué tener prisas con avanzar fases. Es mucho mejor seguir saboreando esta un poco más.

Prima la salud, así que mejor tomarlo con paciencia, con más aún, si he aguantado todos estos días, aquí está el tío. ¿Es un pájaro?¿Es un avión? ¡¡¡Es superautónomo al rescate!!!

En fin, no está bien comenzar por el final. Que el día comenzó hoy muy temprano. Ha sido, realmente, muy largo.

A las 7am sonó el despertador. Mi brazo, con vida propia, lo apagó. Unos minutos más tarde mi cuerpo intentaba levantarse de la cama. Inútil. Algún cortocircuito impedía el movimiento por completo, ni los párpados conseguía abrir. Tremenda lucha que iba perdiendo. Así que opté por ponerme duro. Ordené a mi cerebro que pensará como autónomo, comencé a pensar en facturas, cargos y recibos. 20 segundos después estaba para correr una Maratón.

Así que poco antes de las ocho iba camino del paseo marítimo. Al salir, pensaba que me iba a encontrar a medio San Pedro ya paseando, pero no. Quizás ha pasado el calentón ese inicial o fue pura casualidad. Pensaba haber ido por la acera exterior del paseo, pero no hizo falta.

Ya de vuelta en casa, un poco de estiramiento, duchita y a desayunar. Una mañana más, a la librería. Alguna recogida de pedidos, recibir mercancía y, bueno, se va pronto el rato. Hoy Carol hacía turno doble, así que poco después de llegar yo a casa, ella salía para trabajar. Hemos almorzado los niños y yo. Pasta, así que han comido genial.

Y tras acabar en la cocina no cabía otra cosa después del madrugón. Siestecilla en el sofá. No ha sido larga, pero caí redondo.

Más tarde ha tocado hacer compra. Me da a mí que cada vez es más caro ya no llenar el carro de la compra, con medio hacerlo, ya te dejas una pasta. Total, no queda otra, hay que comer. Y también debo reconocer que algún antojito me he traído. No muchos, pero cervecita y chocolate con menta me llamaban con demasiada insistencia. El resto era saludable, mucha fruta y verdura. Por cierto, hacer la compra ya no conlleva la tensión del principio. Claro síntoma de cómo vamos acostumbrándonos a todo. Es curioso.

Total, que entre llegar de nuevo a casa, subir la compra y colocarlo todo se ha ido la tarde del todo. Para la cena, pescado con un poquito de salmorejo que quedaba y hemos liquidado.

Y ya estoy aquí escribiéndote mis líneas de hoy, colega. En el sofá, tranquilamente mientras tengo algo de fondo en la televisión y apenas le hago caso. Igual ahora, en cuanto acabe contigo, me pongo algún episodio de cualquier serie y me entretengo un rato.

O igual lo apago todo y me voy a la cama. Mañana quiero levantarme temprano de nuevo, pero no para salir a correr. Bajaré pronto a la pescadería, si hay atún me traeré un buen trozo. Como Carol ha cambiado el turno y mañana no trabaja, podremos preparar una cenita tranquilos en casita. Si hiciera buena noche igual hasta podemos cenar en la terraza.

Y después de la pescadería, pasaré por la librería un rato. He quedado con un par de clientes que pasarán a retirar unos pedidos y ya aprovecho para poner un poco de orden.

Así que se nos va el día 55, inicio del fin de semana y llegará el lunes estando en las mismas circunstancias. Lo dicho, nos guste o no, es lo que hay. Paciencia y prudencia.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.