Diario de una alerta.

Día 57.

Efectivamente, hoy nos levantamos tarde. De vez en cuando apetece. Aunque lo normal es que yo, por tarde que me acueste, esté abriendo los ojos temprano. Estoy seguro que son los efectos secundarios que produce el darse de alta como autónomo pero, claro, esto no te lo advierten en ningún prospecto.

El caso es que, en gran medida, estoy durmiendo mejor durante la cuarentena que antes. Yo creo que como la librería ha tenido que estar cerrada y, en consecuencia, la actividad parada prácticamente al cien por cien, he podido relajar algo la mente. Sí, eso ha podido ser. Siempre hay que buscar el punto positivo.

Pues bien, cuando nos hemos sentado a desayunar debían ser más de las once. Empezando a esas horas, luego recoges, haces la cama y cuando miras un reloj, ya estas metido en hora de pensar en el almuerzo. Si ya es normal que la mañana se pase volando, en este caso ni te das cuenta.
Como nos quedamos en fase cero, hemos aprovechado para comunicar en redes sociales que seguiremos estando en la librería por las mañanas para aquellos que quieran acudir o retirar pedidos.

El almuerzo ha consistido en un popurrí de restos que quedaban. Un poco de pescado, algo de carne, pisto… Total, que hice compra el viernes y mañana o pasado, nevera vacía. Después de comer, cafelito y al sofá. Me he permitido un antojito, una pastilla de chocolate con menta.
Hemos visto la película Contagio. Aunque es de 2011, ha sido muy comentada durante todo este periodo de confinamiento. Hasta ahora como que no apetecía demasiado verla, hoy decidimos que sí. Lo cierto es que clava esta situación con nueve años de antelación. Origen en Asia, muy contagioso, hospitales en pabellones deportivos, intereses políticos y económicos. En fin, la realidad siempre supera la ficción. Es como cuando ocurrieron los atentados de las torres gemelas, mira que había pelis de conspiraciones, ataques o asaltos… pues te encuentras con algo ¿¿imposible?? de imaginar.

Así que yo ya me lo creo todo. Me cruzo mañana con el mismísimo ET y me dice aquello de “mi casa, teléfono” y le presto el móvil para que llame a quien quiera que sea sin inmutarme. Aunque puesto a encontrarme con alguien, preferiría hacerlo con Peter Pan, creería tanto en él que, con una pizca de suerte, me llevaría de excursión a su Nunca Jamás.

Carol ha hecho un poco de ejercicio en casa. Luego tenía que ducharse, cenar y a currar, su última noche. Mañana vienen los descansos. Y yo he esperado que fuese un poco más tarde, a eso de las nueve y cuarto me he ido a dar una carrerita. Definitivamente es muy buena hora, quizás hoy también influyera que el tiempo estaba regularcillo, así que me he encontrado a un número de personas bastante reducido. También había varios policías locales controlando al personal. De hecho uno ha parado justo delante de mí a tres adultos, muy adultos, que paseaban juntos.

Mientras he llegado a casa, estirado y me he dado una ducha casi eran las once, así que entre cenar y recoger la cocina ya son las tantas. Estoy aquí acabando de contarte mí día y ya pasaron las doce. La hora de las brujas, o eso dicen.

Bueno, mañana comenzamos semana. Una más, al menos, de nuevo en fase cero. La preocupación no es ir pasando fases, que también, lo que de verdad importa es que cada paso adelante, no tenga más tarde, pasos atrás. Siempre “pa´lante”.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.