Diario de una alerta.

Día 59.

Ains. ¡Qué nervios! Mañana volvemos a una cifra completamente redonda. Mañana estrenamos decena con los sesenta.

Pero aún estamos en el 59. Si bien es cierto que ya es un poco diferente, no deja de ser una situación anormal. Es que por momentos parece que hay que recordarlo, me pregunto dónde está el límite. Si siguiéramos así, tal cual, durante un largo periodo de tiempo, ¿Qué ocurriría? Definitivamente, pensar mucho no debe ser demasiado bueno.

En fin, martes 12 de mayo liquidado, se va acercando mi cumple. Pensaba que no iba a ser para tanto, pero llegará el 25 de mayo y a saber en qué fase de esta alarma andamos…

Comenzó el día temprano, aunque ni mucho menos a la hora que tenía prevista. Me había puesto el despertador a eso de las siete y cuarto, pero un buen rato antes me espabilé, sonaba el agua cayendo con cierta intensidad. Quité la alarma y a dormir hora y media más. ¡Olé!

Así que me levanté casi a las nueve, un poquito de fruta que quedaba picada de la noche anterior y café con tostada. Un pelín más tarde, a la librería. A poner orden, actualizar papeleo y atender también a algún cliente. Aunque era prácticamente seguro, con toda esta historia ya quedaban dudas, pero hoy me confirmaron que finalmente habrá cheque libro en cuatro cursos, primero y segundo de primaria como cada año, también primero y tercero de secundaria. Lo cierto es que es buena noticia para nuestro sector. Van a hacer falta muchas buenas noticias y mucha ayuda y colaboración con todos y cada uno de los sectores, todos claro, pero fundamentalmente el pequeño comercio.

Justo al emprender el camino de vuelta a casa, chispeaba. Tuve que abrir el paraguas un par de veces pero no llegó a llover con fuerza. Hoy para almorzar nos hemos tomado un arrocito que ha hecho Carol, estaba para chuparse los dedos. Me he puesto varios poquitos unas cuantas veces, te quieres engañar a ti mismo, pero el caso es que al final acabas poniéndote las botas.

Después del café y, con la panza llena, no quedó más remedio que dar una pequeña cabezada, luego he dedicado la tarde a atender algunos pedidos y preguntas por whatssap y mail.

La verdad es que la tarde no ha dado para mucho más, quería haber salido a correr un rato pero al final no lo he hecho. Mañana madrugaré y entonces saldré. Bien tempranito.

En la cena hemos acabado con la tortilla de anoche. Cortamos una pequeña porción para Pepe y otra para mí. Luego quedó otro trocito, así que le dije a mi querido hijo que era mejor que la acabáramos ya, él dijo vale, cogió el trozo y se lo comió. Mi teoría pasaba por cortar el trocito en dos y dar un par de bocados cada uno. La de él, evidentemente no. Pero bueno, creo que voy a tomarlo como un plan de pensiones. Una inversión en su crecimiento. Él dice que va a ser notario. Así que ya se lo cobraré, colega.

Cuando él sea notario y me mantenga, tendré una librería diferente. Habrá en ella dos buenos sofás, cómodos y amplios. Una mesa, cafetera y nevera con cerveza fría. Dedicaré ocho horas diarias a lectura, tertulia y charlas con amigos y clientes.

Pero bien pensado, eso es casi lo que hago. Solo tendría que sustituir las dos sillitas de nuestro rincón por los sofás. En fin, una visión muy romántica de una librería. Bueno, eso y que ni mucho menos son tantas horas de dedicación a lectura y tertulia. Los libros requieren mucho, mucho tiempo. Como cualquier negocio, supongo.

Y, acabando el día, lo habitual. Después de cenar, a ver un nuevo capítulo de la serie. Y a dormir. Mañana toca madrugón y carrerita, que aún tendré arroz pendiente de quemar. A menos que la lluvia “me salve la vida” de nuevo.

Buenas noches.

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Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

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