Diario de una alerta.

Día 68.

Lo dicho, por la tortilla estoy aquí. Que me quedó riquísima y quería contártelo. Es que si tuviera que venir a contarte los esperpentos diarios con los que nos desayunamos y almorzamos cada día, mejor sería callar para siempre. ¡Bah! Grandísima expresión, ya te lo comenté en días pasados, acuñada por mi compadre y usada desde hace tiempo por ambos cuando queda claro que, por muchas vueltas que quieras darle a un tema, no tiene mayor recorrido.

Carol llegó de trabajar, por fin llegan sus descansos, y se acostó pasadas las ocho. Aunque ya estaba despierto, yo me levanté sobre las nueve. Me preparé tranquilamente y allá me fui, tocaba abrir la librería.

Lo primero que trajo la mañana fue la visita de dos comerciales, así poco a poco se va poniendo todo en movimiento. Novedades, próximas campañas o nuevas colecciones de papelería o de estuches. Hay que continuar organizando y planificando las cosas con tiempo. Eso es algo que nunca cambiará.

No ha dado mucho más de sí la cosa. Por la tarde, el movimiento era bastante menor. Muy parado todo, de hecho se notaba que había poquísimo movimiento en la calle. Demasiado calmado todo.

He cambiado otro de los escaparates, puse las esferas del mundo y mañana las enchufaré para que se vean iluminadas. Son una pasada.
Pensaba cerrar a las ocho en punto, pero a última hora entraron un par de personas y al final acabé un poco más tarde de lo que esperaba. Así que al llegar a casa, me cambié y me dediqué a hacer mi tortilla, con la misma cantidad de huevo y patata que la última vez. Un cuarto ha sobrado. Pepe se ha puesto las botas. Yo también, la verdad. Él estaba tan lleno que ha dicho que no le cabía postre. Yo, también.

Mientras pelaba patatas, mi compadre probaba a hacerme una llamada por Skype, mañana tiene que hacer una conexión para el master que anda haciendo y quería probar hoy, pero no atinaba del todo. Lo cierto es que su relación con las tecnologías no es que sean para sobresaliente. Pero bueno, al final, prueba superada.

Ya cenando, un poco más tarde, he acompañado mi porción de tortilla con una cerveza que me regaló Carol en el día del padre, es una cajita de madera de cervezas artesanales y lo cierto es que estaba tremendamente buena.

Así que, como ves, hoy cero ejercicio y bastante de comer y beber. O sea, que mañana a madrugar sí o sí y a dar una buena carrera. Antes de dormir vamos a empezar a ver una serie, a ver por cuál nos decidimos.

Mañana, día 69 y viernes. Fin de semana. La cosa promete.

Supongo que te veo mañana, colega. Pasado, el número 70 es más que probable que no aparezca, vienen Fernan y Vane a cenar. La última vez fue, creo, justo la semana anterior al comienzo de la alerta, así que ya ha llovido, literalmente, con toda el agua que cayó en abril. Ahora toca sol y recuperar visitas y encuentros. Con la familia, que está en la provincia de Cádiz nos toca esperar un poco más… a ver.

Buenas noches.

Comparte esto:

Autor: Alberto López Barrio

Nací en 1973, el destino nos llevó a San Pedro de Alcántara donde, en julio de 2011, abrimos una librería, Espacio Lector Nobel San Pedro. Ahora comenzamos con este blog que, esperamos, sea punto de encuentro de muchos amigos aficionados a la lectura.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *