Diario de una alerta.

Día 61.

Jueves, 14 de mayo. Van siendo necesarias muchas manos para contar días, son sesenta y uno, así que nos vamos a siete personas para poner dedos… No hay nada que hacer, al menos, hasta el lunes próximo si conseguimos pasar a fase uno.

Y ahora que se comenta que pretenden proponer una nueva prórroga de treinta días consecutivos, quizás nos vayamos al día 100… Amigo diario, a estas alturas te tengo ya un gran aprecio, eres uno más de la familia, pero no sé si me apetece compartir tantísimo contigo. Hay que ir sobre la marcha, seguiremos tachando días uno a uno.

Mañana, otra vez ya, entramos de nuevo en fin de semana. Y dirá alguien que el tiempo va lento.

De todos modos, hoy toca hablar del jueves. Y debería haber comenzado a las ocho y media, hora a la que habíamos puesto el despertador. Él cumplió con su trabajo puntualmente. Sonó la alarma, Carol la apagó y, no sé cómo ocurrió, pero unos segundos después abrí los ojos de nuevo… y eran las nueve y cinco. Digo yo que algo similar debió ocurrirle a Sabina cuando compuso quién me ha robado el mes de abril.

Puesto en marcha, cuando el reloj casi daba las diez, salí de casa. Lo primero era recoger las monedas para cambio en el banco. Llegas a la puerta de la entidad. La primera es automática y, al acercarte se abre, la segunda la abre con llave un vigilante de seguridad que te pregunta qué necesitas. Le explicas, él cierra y vuelve a entrar. Luego sale y te dice que en seguida están contigo. Un par de minutos después sale la chica que me atiende y recoge el dinero y, otro minuto después, vuelve a salir con las monedas requeridas. Aséptico total. Monedas conseguidas para poder dar cambio al cliente que, dicho sea de paso, se está notando mucho que vamos tendiendo a usar tarjetas en gran medida.

Así que, ya en la librería, a aprovechar para organizar, repasar mercancía y atender a algún cliente. Las mañanas se pasan rápido o al menos a mí me da esa impresión. Tiene cierta similitud con las primeras semanas, cuando abrimos allá por 2011. Tengo puesto el modo positivo en ON y hago que la ilusión por recuperar la mayor normalidad posible supere, con creces, a la incertidumbre de no saber qué nos depara este asunto a corto y medio plazo.

Carol ha ido a la peluquería durante la mañana, seguro que como un alto porcentaje de la población en los últimos días. Menos yo, que llevo muchísimos años usando máquina y me pelo en casa.Después de comer, como sé que a algunas personas les gusta saber el menú, hoy tocó cocido y unas croquetas, nos hemos sentado un rato. No hace falta decir que lo siguiente ha sido un café y descansar un poco.

Esta tarde he regresado a la librería. Debía acabar una devolución de libros que se quedó pendiente y, de paso, he llevado un pedido a nuestra amiga Mónica, que le resultaba complicado salir de casa. Al final me han dado allí más de las ocho.

He vuelto a casa y me he cambiado para salir a correr. Hoy estuvo todo el día con un tiempo raro, salía el sol y, minutos después, se nublaba y hasta llovía. Y eso pasó, estaba la tarde clara y en unos segundos se puso negro, sonó un trueno largo y comenzaron a caer goterones. En vez de seguir bajando corrí unos tres kilómetros alrededor del bulevar y de casa y acabé por subirme, ya estaba bastante mojado y no está la cosa para un resfriado.

Lo poco que resta de día ha sido lo habitual, una ducha al subir, cena y un capítulo de la serie. Se va acabando y habrá que ir buscando opción a la que engancharse. La eterna candidata es Juego de Tronos, no sé por qué no me he decidido aún. Creo que, como me conozco, sé que me voy a enganchar y soy capaz de chuparme las ocho temporadas a varios capítulos diarios. No ni na…

En fin, llega el viernes. ¡Finde! Y, quien sabe, previa de la entrada en fase uno.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 60.

Pues llegó el día número 60, como cualquier otro, en fin. Pero bueno, una cifra redonda y alta… muy alta. Pasadas las 7am sonaba el despertador y, ahí estaba el tío, levantándose rápidamente de la cama. Solo necesité 6 ó 7 minutos para conseguirlo, es un logro.

Un rato después caminaba por el bulevar y al entrar en Avenida del Mediterráneo comenzaba a trotar mientras el sol iba tomando altura y hacía que fuese una mañana de lo más agradable. Además, había poca gente. Poca en valoración actual, hace tres meses estaría sorprendido. Es que hay que ver cómo somos. Los dos primeros días, en San Pedro había más gente rondando el paseo marítimo que en sus casas. Imagino que esto pasa en todos lados pero como el próximo lunes nos pasen a fase uno… verás las barras de los bares. El salto de la reja en el Rocío se va a quedar en cuatro gatos comparado con la previsión de personal pidiendo cervecitas.

Bueno, llegué a casa y aún no eran las nueve. Me di una duchita y desayuné con Pepe. Después de acabar de prepararme me pasé por el banco, necesitaba monedas para cambio pero no tenían, así que usé el cajero mientras un señor se quejaba en la puerta por algún problema que tenía desde hacía más de una semana, decía, y que no le atendían como él consideraba. Total que yo en el cajero tardé dos minutos mientras él continuaba su discusión con la persona que lo escuchaba en la puerta. Qué lucha hay que traer con los bancos. Mañana volveré, parece que estarán ya disponibles las monedas para cambio.

Así que en seguida estaba en la librería. Hoy llegaron varios pedidos que esperaba de las editoriales, el transporte no está todavía al día y hay cierto retraso, en breve si todo va bien, iremos recibiendo todo en las 24 horas habituales. Así que entre repasar esa mercancía, avisar a clientes y atender a los que venían, se pasó pronto la mañana. Pronto a pesar de tener que llevar puesta la mascarilla tanto tiempo seguido, que sensación de agobio me da.

Ya en casa, tocaba almorzar. Hoy solomillo de cerdo, muy rico. Tomé un cafetito y luego me invadió la necesidad de meditar un ratito, cerré los ojos y medité profundamente un buen rato sobre el hombro de Carol. Ya me entiendes.

Por la tarde he corregido los deberes con Pepe y he estado pasando pedidos durante mucho tiempo. Las editoriales han reprogramado sus novedades y próximas publicaciones y hay que reorganizarlo todo. También ha tocado pedir, por ejemplo, diccionarios para la próxima campaña de texto y agendas escolares. En cierto modo da un poco de vértigo pensar en futuras campañas, son solo a dos o tres meses vista pero, dadas las circunstancias, parece un futuro lejano y lleno de incertidumbre.

Total, que cuando he acabado con todo esto, ya era la hora de la cena. Una ensalada y algo de picoteo más un yogur con frutos secos. Y aquí estoy ahora, con un ojo acabando de escribirte y otro puesto en el capítulo de la serie. Es cierto que los hombres no podemos hacer dos cosas a la vez, ya me he perdido un par de detalles del episodio de hoy.

Por cierto, ayer recibí un regalo atrasado del día del padre, un tratamiento en el local de mi amiga, Sonya Nails. A ver cómo sale la cosa… conociéndola ira genial, seguro.

Iremos a dormir en breve, mañana madrugaré de nuevo y haré un poco de ejercicio en casa y luego, antes de subir a la librería, pasaré a recoger las monedas por la oficina del banco.

Se nos va el día 60 y andan especulando que, más ligera, pero quieren pedir una ampliación de alarma de un mes más. Sea como sea, lo importante es que cada paso que se dé sea siempre para avanzar y nunca tengamos que dar, ni uno solo, hacia atrás. ¡Ojalá!

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 59.

Ains. ¡Qué nervios! Mañana volvemos a una cifra completamente redonda. Mañana estrenamos decena con los sesenta.

Pero aún estamos en el 59. Si bien es cierto que ya es un poco diferente, no deja de ser una situación anormal. Es que por momentos parece que hay que recordarlo, me pregunto dónde está el límite. Si siguiéramos así, tal cual, durante un largo periodo de tiempo, ¿Qué ocurriría? Definitivamente, pensar mucho no debe ser demasiado bueno.

En fin, martes 12 de mayo liquidado, se va acercando mi cumple. Pensaba que no iba a ser para tanto, pero llegará el 25 de mayo y a saber en qué fase de esta alarma andamos…

Comenzó el día temprano, aunque ni mucho menos a la hora que tenía prevista. Me había puesto el despertador a eso de las siete y cuarto, pero un buen rato antes me espabilé, sonaba el agua cayendo con cierta intensidad. Quité la alarma y a dormir hora y media más. ¡Olé!

Así que me levanté casi a las nueve, un poquito de fruta que quedaba picada de la noche anterior y café con tostada. Un pelín más tarde, a la librería. A poner orden, actualizar papeleo y atender también a algún cliente. Aunque era prácticamente seguro, con toda esta historia ya quedaban dudas, pero hoy me confirmaron que finalmente habrá cheque libro en cuatro cursos, primero y segundo de primaria como cada año, también primero y tercero de secundaria. Lo cierto es que es buena noticia para nuestro sector. Van a hacer falta muchas buenas noticias y mucha ayuda y colaboración con todos y cada uno de los sectores, todos claro, pero fundamentalmente el pequeño comercio.

Justo al emprender el camino de vuelta a casa, chispeaba. Tuve que abrir el paraguas un par de veces pero no llegó a llover con fuerza. Hoy para almorzar nos hemos tomado un arrocito que ha hecho Carol, estaba para chuparse los dedos. Me he puesto varios poquitos unas cuantas veces, te quieres engañar a ti mismo, pero el caso es que al final acabas poniéndote las botas.

Después del café y, con la panza llena, no quedó más remedio que dar una pequeña cabezada, luego he dedicado la tarde a atender algunos pedidos y preguntas por whatssap y mail.

La verdad es que la tarde no ha dado para mucho más, quería haber salido a correr un rato pero al final no lo he hecho. Mañana madrugaré y entonces saldré. Bien tempranito.

En la cena hemos acabado con la tortilla de anoche. Cortamos una pequeña porción para Pepe y otra para mí. Luego quedó otro trocito, así que le dije a mi querido hijo que era mejor que la acabáramos ya, él dijo vale, cogió el trozo y se lo comió. Mi teoría pasaba por cortar el trocito en dos y dar un par de bocados cada uno. La de él, evidentemente no. Pero bueno, creo que voy a tomarlo como un plan de pensiones. Una inversión en su crecimiento. Él dice que va a ser notario. Así que ya se lo cobraré, colega.

Cuando él sea notario y me mantenga, tendré una librería diferente. Habrá en ella dos buenos sofás, cómodos y amplios. Una mesa, cafetera y nevera con cerveza fría. Dedicaré ocho horas diarias a lectura, tertulia y charlas con amigos y clientes.

Pero bien pensado, eso es casi lo que hago. Solo tendría que sustituir las dos sillitas de nuestro rincón por los sofás. En fin, una visión muy romántica de una librería. Bueno, eso y que ni mucho menos son tantas horas de dedicación a lectura y tertulia. Los libros requieren mucho, mucho tiempo. Como cualquier negocio, supongo.

Y, acabando el día, lo habitual. Después de cenar, a ver un nuevo capítulo de la serie. Y a dormir. Mañana toca madrugón y carrerita, que aún tendré arroz pendiente de quemar. A menos que la lluvia “me salve la vida” de nuevo.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 58.

Querido diario, hoy sí. He hecho una tortilla de patatas para la cena y me ha salido de categoría. Buenas patatas, buenos huevos y estrenando sartén. Le pones mucho cariño y luego solo tienes que dejarla un puntito menos hecha y jugosa. ¡Por la puerta grande he salido!

Ea. Buenas noches, amigo… ya no puedo contarte algo que pueda destacar más hoy…

Venga, algo más puedo decirte. Que hemos comenzado semana, con buena temperatura pero un tiempo gris, incluso algunas gotitas cayeron durante el día. A las nueve ya estaba en pie, y hoy me afeité. Después del desayuno me fui a la librería, había quedado con algún cliente, entre ellos, Don Manuel que quería leer algo más de Aramburu, acaba de terminarse Patria. Gran libro, el equivalente literario a mi tortilla de hoy… jeje. Déjame disfrutarlo que estoy orgulloso, hombre.

A mediodía, un ratito de charla literaria con la televisión para recomendar a Roberto varios libros, alguno para los peques y hoy elegí tres para adultos, entre ellos La sombra del viento, que precisamente ayer cumplía diecinueve años desde su publicación. Todo un clásico a estas alturas.

Y de repente, eran casi las dos de la tarde. Un buen fregado y local limpito para mañana.

Al llegar a casa, ya estaba puesta la mesa. Así que con un tomate aliñado y el atún que había quedado, hemos comido los cuatro. Lo cierto es que hoy hemos comido de lujo, ¡Qué rico está el atún!

Después de comer, ¿adivinas? Cafelito y sofá, correcto. La verdad es que hemos estado remoloneando un buen rato. Luego he estado pasando pedidos y mirando correos electrónicos.

Sobre las ocho, Carol y la niña se han ido a hacer un poco de ejercicio, dicen que no había demasiada gente. Mientras tanto yo me metí en la cocina y me lie con esa tortilla.

Cuando ellas han llegado estaba casi lista. Una duchita todo el mundo, hemos charlado con el abuelo un ratito y a cenar. Se nos va el día. El 58. Mañana tenemos por delante el 59 y luego cambiamos de decena, comenzamos con el seis.

A Carol, que se acostó poco antes de que yo me levantara, la han llamado un par de veces durante la mañana, con lo que ha dormido poco y mal. Así que creo que hoy caeremos como bebés… o eso espero al menos.

Vamos a ver un capítulo de la última temporada de Broadchurch y a dormir…

Hoy quería haberte hablado un poco de las cacatúas y payasos que, según se dicen ellos mismos, componen el hemiciclo del Congreso. Son unos cracks. Aunque para cracks, los usuarios de redes sociales, o sea, nosotros. Metámonos todos y que salga quien pueda. Pero bueno, lo dejamos para otro día, que todavía nos queda tiempo por delante y está claro que el día de hoy quedará marcado por……

¡¡¡LA TORTILLA!!!

Ahora sí. Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 57.

Efectivamente, hoy nos levantamos tarde. De vez en cuando apetece. Aunque lo normal es que yo, por tarde que me acueste, esté abriendo los ojos temprano. Estoy seguro que son los efectos secundarios que produce el darse de alta como autónomo pero, claro, esto no te lo advierten en ningún prospecto.

El caso es que, en gran medida, estoy durmiendo mejor durante la cuarentena que antes. Yo creo que como la librería ha tenido que estar cerrada y, en consecuencia, la actividad parada prácticamente al cien por cien, he podido relajar algo la mente. Sí, eso ha podido ser. Siempre hay que buscar el punto positivo.

Pues bien, cuando nos hemos sentado a desayunar debían ser más de las once. Empezando a esas horas, luego recoges, haces la cama y cuando miras un reloj, ya estas metido en hora de pensar en el almuerzo. Si ya es normal que la mañana se pase volando, en este caso ni te das cuenta.
Como nos quedamos en fase cero, hemos aprovechado para comunicar en redes sociales que seguiremos estando en la librería por las mañanas para aquellos que quieran acudir o retirar pedidos.

El almuerzo ha consistido en un popurrí de restos que quedaban. Un poco de pescado, algo de carne, pisto… Total, que hice compra el viernes y mañana o pasado, nevera vacía. Después de comer, cafelito y al sofá. Me he permitido un antojito, una pastilla de chocolate con menta.
Hemos visto la película Contagio. Aunque es de 2011, ha sido muy comentada durante todo este periodo de confinamiento. Hasta ahora como que no apetecía demasiado verla, hoy decidimos que sí. Lo cierto es que clava esta situación con nueve años de antelación. Origen en Asia, muy contagioso, hospitales en pabellones deportivos, intereses políticos y económicos. En fin, la realidad siempre supera la ficción. Es como cuando ocurrieron los atentados de las torres gemelas, mira que había pelis de conspiraciones, ataques o asaltos… pues te encuentras con algo ¿¿imposible?? de imaginar.

Así que yo ya me lo creo todo. Me cruzo mañana con el mismísimo ET y me dice aquello de “mi casa, teléfono” y le presto el móvil para que llame a quien quiera que sea sin inmutarme. Aunque puesto a encontrarme con alguien, preferiría hacerlo con Peter Pan, creería tanto en él que, con una pizca de suerte, me llevaría de excursión a su Nunca Jamás.

Carol ha hecho un poco de ejercicio en casa. Luego tenía que ducharse, cenar y a currar, su última noche. Mañana vienen los descansos. Y yo he esperado que fuese un poco más tarde, a eso de las nueve y cuarto me he ido a dar una carrerita. Definitivamente es muy buena hora, quizás hoy también influyera que el tiempo estaba regularcillo, así que me he encontrado a un número de personas bastante reducido. También había varios policías locales controlando al personal. De hecho uno ha parado justo delante de mí a tres adultos, muy adultos, que paseaban juntos.

Mientras he llegado a casa, estirado y me he dado una ducha casi eran las once, así que entre cenar y recoger la cocina ya son las tantas. Estoy aquí acabando de contarte mí día y ya pasaron las doce. La hora de las brujas, o eso dicen.

Bueno, mañana comenzamos semana. Una más, al menos, de nuevo en fase cero. La preocupación no es ir pasando fases, que también, lo que de verdad importa es que cada paso adelante, no tenga más tarde, pasos atrás. Siempre “pa´lante”.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 56.

Sábado, 9 de mayo. Comencé el día número 56 a eso de las nueve. Al menos esa fue la hora a la que sonó el despertador. Carol llevaba poco menos de una hora acostada y yo tenía que hacer esfuerzos para ponerme en pie. Diez minutillos remoloneando y al lio.

Una vez preparado y después de desayunar bajé a la pescadería. No solo había buen atún, tuve la suerte de que me sacó una pieza nueva. Así que me traje cuatro buenos filetes. Haré luego un poco de tartar y el resto, a la plancha. Vuelta y vuelta y un poco de sal.

Lo dejé en la nevera y me marché a la librería. Un par de clientes venían a retirar sus reservas. He aprovechado para repasar pedidos que se quedaron a la espera cuando comenzó todo esto y para elegir algunas recomendaciones para el próximo lunes en televisión.

Ya te decía ayer que seguiremos por ahora en fase cero. Así que seguiremos abriendo la librería durante las mañanas y atendiendo reservas y pedidos. Que vaya tela con esto de las fases, las provincias y los doctorados que opinamos sentando cátedra. Nos meteremos todos y que se libre quien pueda… o quiera.

Algunos dicen que en Málaga tenemos lo que nos merecemos según el comportamiento tenido. Pero no sé, digo yo que las provincias donde sí se avanza a la siguiente fase tampoco habrán tenido un comportamiento ejemplar y que aquí haya sido un desastre… en fin, todo tiene tantas lecturas como “opinadores” hay. Quiero creer que una serie de personas que manejan cifras, datos y mucha información han seguido unos criterios bastante objetivos y aquí, por desgracia, no los cumplimos. La cosa es que oigo hablar a un político en medios de comunicación y ya lo miro mal, con interés. Seguro que es injusto, pero he eso hemos llegado.

Y Ahora que se aproxima el posible regreso de la liga, un jugador de fútbol parece ser que ha dado positivo. Leo que dice, textualmente, la noticia que “está en fase de resolución con baja probabilidad de transmisión”. Y a mí, que me encanta el deporte del balón, esto me suena a una milonga pero gorda, gorda. ¿Pero esto no era extremadamente contagioso?¿Ahora la probabilidad es baja?¿Quién quiere tomarme por tonto? Pero bueno, yo veo el fútbol con Pepe y así le ponemos ilusión infantil… que si te pones a pensar en los intereses, el dinero que mueve y tal… también habría que dejarlo.

Pero bueno, después de acabar en la librería, llegué a casa y ya andaban preparando el almuerzo. Manjar de dioses, Pepe había pelado patatas como si no hubiera un mañana. Teníamos patatas fritas con un par de huevos (esto igual da para chiste). Y claro, nos hemos puesto de grana y oro.

Por la tarde he flojeado, en uno de los canales ponían la peli sobre la vida de Chaplin y, mientras hacía cosillas en el ordenador, la ha tenido de fondo. Ya la había visto alguna vez pero la dejé, está rodada con mucho gusto y buena banda sonora.

Carol se ha ido a hacer algo de deporte y nosotros acabamos de llamar al abuelo, ahora me pondré a preparar el atún. Obviamente, el vinito ya está enfriando en la nevera. Así que ahora, homenaje. A disfrutar, que son dos días.

Colega, veremos qué da la noche. Mañana, no hay despertador que valga. A dormir que será domingo y vamos a flojear mucho, que además parece que el clima no acompañará mucho. O, para flojear, quizás sí.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 55.

La noticia del día es que, de momento, vamos a seguir igual que los anteriores 54 días. Nos quedamos en fase cero. Que ya le hemos cogido el gustito, para qué tener prisas con avanzar fases. Es mucho mejor seguir saboreando esta un poco más.

Prima la salud, así que mejor tomarlo con paciencia, con más aún, si he aguantado todos estos días, aquí está el tío. ¿Es un pájaro?¿Es un avión? ¡¡¡Es superautónomo al rescate!!!

En fin, no está bien comenzar por el final. Que el día comenzó hoy muy temprano. Ha sido, realmente, muy largo.

A las 7am sonó el despertador. Mi brazo, con vida propia, lo apagó. Unos minutos más tarde mi cuerpo intentaba levantarse de la cama. Inútil. Algún cortocircuito impedía el movimiento por completo, ni los párpados conseguía abrir. Tremenda lucha que iba perdiendo. Así que opté por ponerme duro. Ordené a mi cerebro que pensará como autónomo, comencé a pensar en facturas, cargos y recibos. 20 segundos después estaba para correr una Maratón.

Así que poco antes de las ocho iba camino del paseo marítimo. Al salir, pensaba que me iba a encontrar a medio San Pedro ya paseando, pero no. Quizás ha pasado el calentón ese inicial o fue pura casualidad. Pensaba haber ido por la acera exterior del paseo, pero no hizo falta.

Ya de vuelta en casa, un poco de estiramiento, duchita y a desayunar. Una mañana más, a la librería. Alguna recogida de pedidos, recibir mercancía y, bueno, se va pronto el rato. Hoy Carol hacía turno doble, así que poco después de llegar yo a casa, ella salía para trabajar. Hemos almorzado los niños y yo. Pasta, así que han comido genial.

Y tras acabar en la cocina no cabía otra cosa después del madrugón. Siestecilla en el sofá. No ha sido larga, pero caí redondo.

Más tarde ha tocado hacer compra. Me da a mí que cada vez es más caro ya no llenar el carro de la compra, con medio hacerlo, ya te dejas una pasta. Total, no queda otra, hay que comer. Y también debo reconocer que algún antojito me he traído. No muchos, pero cervecita y chocolate con menta me llamaban con demasiada insistencia. El resto era saludable, mucha fruta y verdura. Por cierto, hacer la compra ya no conlleva la tensión del principio. Claro síntoma de cómo vamos acostumbrándonos a todo. Es curioso.

Total, que entre llegar de nuevo a casa, subir la compra y colocarlo todo se ha ido la tarde del todo. Para la cena, pescado con un poquito de salmorejo que quedaba y hemos liquidado.

Y ya estoy aquí escribiéndote mis líneas de hoy, colega. En el sofá, tranquilamente mientras tengo algo de fondo en la televisión y apenas le hago caso. Igual ahora, en cuanto acabe contigo, me pongo algún episodio de cualquier serie y me entretengo un rato.

O igual lo apago todo y me voy a la cama. Mañana quiero levantarme temprano de nuevo, pero no para salir a correr. Bajaré pronto a la pescadería, si hay atún me traeré un buen trozo. Como Carol ha cambiado el turno y mañana no trabaja, podremos preparar una cenita tranquilos en casita. Si hiciera buena noche igual hasta podemos cenar en la terraza.

Y después de la pescadería, pasaré por la librería un rato. He quedado con un par de clientes que pasarán a retirar unos pedidos y ya aprovecho para poner un poco de orden.

Así que se nos va el día 55, inicio del fin de semana y llegará el lunes estando en las mismas circunstancias. Lo dicho, nos guste o no, es lo que hay. Paciencia y prudencia.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 54.

Jueves ya. Otra semana que se pasa volando. Lógicamente ha influido que podamos tener ya cierta actividad en la librería, claro. Siempre tienes ese sentimiento encontrado, por un lado la cuenta alcanza ya los 54 días, estamos a punto de llegar a dos meses completos. Se dice pronto. Pero por otro, ves como el día a día pasa, los días corren en el calendario. Y así estamos, mañana entramos en un nuevo fin de semana de confinamiento. Si, confinamiento, no sé si todos lo tenemos claro.
Ya sabes, un refrán lo explica bien. Nos dan la mano y agarramos todo el brazo.

En fin, inicié el jueves poco antes de las nueve. Me preparé y salí a la calle, pase por el banco. En las oficinas de cada entidad se repite la misma imagen. Bastantes personas en la puerta, la mayoría mayores, cogiendo la vez y esperando pacientemente su turno. En fin, nos guste o no, es lo que hay.

Afortunadamente solo tenía que usar el cajero y no fue necesario esperar turno, ingresé unos pocos billetes y al devolverme la tarjeta creí oír un aleluya que salía del mismísimo cajero. La pobre cuenta ya ni recordaba la última vez que recibió algo.

Y de allí, a la librería. A ver qué daba la mañana. Aunque hoy pasaron varios conocidos por allí, debo destacar que vino el bueno de Félix, no lo veía desde algún día antes del comienzo de la alarma. Sigue tan bien como siempre, lo cual es una alegría.Entre una cosa y otra, cuando llegué a casa eran casi las dos, prácticamente con el tiempo justo para dar un beso a Carol y que ella se fuera a trabajar, hoy tocaba turno de tarde.
Así que calenté el almuerzo, un poco de arroz blanco y una carne, y comimos los niños y yo.

Cuando acabé de recoger la cocina me senté en el sofá, me acomodé y acabé tumbado y dormido. Hoy ha sido una buena siesta, me quedé completamente K.O.

Luego me he dedicado a corregir los deberes de Pepe. Mates, Lengua y Sociales. Y después me he dedicado a repasar pedidos y cosillas siempre pendientes.

El abuelo ha llamado y hemos estado charlando un ratillo con él y, poco después, me he puesto con la cena. Los niños han tomado unas flautas con jamón y queso. Yo, un poco de salmorejo y un poco de salmón ahumado.

Y poco más ha dado el día de sí, nada de ejercicio. Mañana intentaré sacar fuerzas para estar corriendo por el paseo marítimo no más tarde de las siete y cuarto. Imagino que de este modo aún no habrá mucha gente dando sus paseos. Siempre estará la opción b si no hay forma de levantarse, saldría a última hora de la tarde, como ayer. Ya veremos qué ocurre cuando suene el despertador.Así que toca irse a la cama. Se acabó por hoy. Mañana será viernes. Mañana más, porque además, vamos acabando la semana y, si todo continúa su marcha, la siguiente la comenzaremos recuperando negocios abiertos y recobrando otro poco de normalidad.

Pasito a pasito.

Buenas noches.

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Día 53.

Definitivamente, de aquí a poco no tenemos más remedio que extinguirnos. Al ser humano me refiero, claro.

Pero bueno, habrá que comenzar por el principio del día. Carol se fue muy temprano a currar. Yo me quedé con toda la cama para mí hasta, más o menos, las nueve. Una duchita y a desayunar. Como casi siempre café y tostada, hoy acompañado de un kiwi. Y para la librería.

Ayer, cuando ya estaba llegando a calle Lagasca, un señor mayor se cayó de plano a pocos metros de mí. ¡Menudo susto! Entre otro muchacho y yo le ayudamos a levantarse. Afortunadamente no tuvo mayores consecuencias. El pobre iba con su mascarilla puesta y decía que se le empañaron las gafas y tropezó.

Lo que he tenido hoy han sido varias visitas de caras conocidas. Algunos clientes-amigos que pasaron a reponer cosas de papelería, sobre todo, para los deberes de sus hijos. Algún regalito de cumpleaños para los próximos días. Sigo echando en falta que algunas personas puedan estar curioseando en las estanterías a ver qué libro les llama.

Algunos tienen tantas ganas de poder estar entre libros que un gorrión que apenas dominaba el vuelo se coló dentro del local y no tenía muy claro cómo salir luego. Isa lo ayudó a encontrar la salida, voló hasta un coche y de allí al tejado de una casa.

Cuando ya estaba a punto de cerrar y mientras terminaba de hacer algunas cosillas y con la puerta ya cerrada, claro, me he tomado un botellín bien fresquito. Saboreándolo, en casi completo silencio.

De ahí a casa, a comer. Hoy teníamos carrillada. Tierna y jugosita, qué buena. Hemos terminado bien pronto. Incluso me dio tiempo a recoger la cocina y tumbarme un poco en el sofá, me he dormido unos quince minutos. Es la mejor siesta, te quedas como nuevo. A todo eso me dio tiempo antes de que Carol llegara. Se dio una ducha y preparó el cafelito que nos tomamos juntos.

Después de flojear un rato, estuve haciendo cosas en el ordenador y, un poco más tarde, me he ido de nuevo a la librería. He estado trabajando con la puerta cerrada, preparando alguna devolución y controlando albaranes.

He vuelto a casa a eso de las ocho y media. Le he dejado a Pepe masa de pizza que hizo Carol bien aplanada y finita para que le fuese poniendo los ingredientes que quisiera y me he ido un rato a correr. Para entonces eran casi las nueve y media. La hora ideal, sin duda. Aun venía bastante gente de regreso hacia el pueblo pero ya en el paseo marítimo la cosa estaba mucho más despejada y al venir de regreso sí que eran pocas las personas con las que me crucé. Maravilloso.

Y a lo que iba con lo de que vamos a extinguirnos. Resulta que te encuentras con grupos de chavales, caminando, en bici, respetando las condiciones mejor o peor… lo que no tiene sentido alguno es que hayan cinco chavales de 16 ó 17 años sentados uno junto a otro, bien arrimados, con sus bicicletas juntas en el suelo y ellos, todos, callados y con la cabeza baja mirando cada uno la pantalla de su teléfono. Me habría gustado parar y preguntarles si cada cual miraba sus cosas o, peor aún, si eran hasta capaces de estar chateando entre ellos… ¡En fin! Para eso quédate en casa y, al menos, respeta las condiciones.

Después de otra ducha, hemos cenado Carol y yo. Me he tomado un par de trozos de pizza, les quedó rica.

Y luego nos hemos enganchado y hemos acabando viendo dos capítulos que nos faltaban de la segunda temporada de la serie.

Ahora a dormir. Vamos a por el 54. Será jueves, otra vez casi fin de semana.

Buenas noches.

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Diario de una alerta.

Día 52.

Otro día más al saco. Ya son cincuenta y dos. Siguen los días más que buenos, ¡Qué alegría!

No me acosté pronto, habrían dado ya la una de la madrugada finalmente. Es que me gustan mucho esas horas de la noche, ya te decía. Aun así me he levantado cuando sonó el despertador. 7,25am. Diez minutillos haciéndome el remolón entre las sábanas y siempre surge el mismo dilema. Media vuelta y a dormir un buen rato más o nos ponemos en marcha. Me puse en pie, a vestirme, estirar un poco y antes de la ocho ya estaba en la calle. Pensaba que siendo día entre semana no habría mucha gente. De nuevo, me equivoqué. No es que fuera una feria el paseo marítimo, pero el movimiento era alto. Y tampoco es que las personas que paseaban o hacían ejercicio estuvieran haciéndolo mal, lo único es que si van tres o cuatro caminando en grupo con cierta separación ocupan casi todo el ancho del paseo y, así, resulta muy complicado que los que corren las adelanten fácilmente, por lo que casi la única opción posible es pasar entre ellos demasiado pegado a uno… o a dos.

Más pronto que tarde esas carreras volverán a ser casi en soledad, con mis auriculares al oído, como aislado del mundo y me cruzaré con muy pocos a lo largo del recorrido. Seguro.

Cuando llegué a casa, los niños ya estaban levantados. Una duchita y a desayunar. Hicimos zumo de naranja, y yo tomé una tostada y café. Después me fui a la librería. Es un poco raro, en unos días terminaremos por estar acostumbrados a estas circunstancias, pero te sientes extraño. La imagen ideal en una librería, al menos la que yo me hago, es alguien charlando con el librero junto al mostrador. Un par de personas buscando su pequeño tesoro entre las estanterías. Algún niño trasteando libros o juegos o diciéndole a su madre que quiere este libro, y este otro, y aquel de allí, y, y, y… Eso, por ahora, es imposible. En fin, haremos lo que se pueda e iremos recuperando esas cosas despacito.

He estado allí hasta casi las dos de la tarde y, antes de regresar a casa, he ido a comprar pan a Fermento. Mira que está rico. Además hacía falta pan, que para almorzar teníamos costillas con miel y, aparte de chuparte los dedos, había que mojar sopitas. Yo he comido bastante, la verdad, pero Pepe no sé cuántas costillas ha tomado. Lo que te digo, una completa ruina.

Después llegó Carol de currar, ya está de nuevo comenzando su ciclo de turnos, tomamos café como casi siempre y descansamos un rato.
La tarde la he dedicado a papeleo de la librería. Eso nunca se acaba, ni con dos meses de cuarentena consigues ponerte al día.

Un rato he estado echando un vistazo a la prensa en internet. Maravilloso lo de hoy. Como siempre, a ver si vamos a extrañarnos de algo. Solo en titulares sobre pactos y posturas políticas, he podido leer las palabras amenaza, forzado, chantaje y alguna más en esa línea. y luego algunos de los de a pie nos partimos la camisa, como Camarón, criticando a los otros. No nos damos cuenta de que todos tienen mucho más que callar que de lo que poder presumir.

Siempre me ha gustado decir “así nos va”. De hecho en cierta ocasión generó una polémica en un trabajo anterior descomunal. Otro día te contaré, colega. Pero es que son tres palabras que lo resumen perfectamente casi todo.

Pero bueno, pese a todo, hemos cenado a gusto. Hemos visto el penúltimo capítulo de la segunda temporada de Broadchurch y Carol ya duerme, que madruga mucho. Yo sigo aquí, viendo otra serie y acabando de escribir. Mañana me levantaré a una hora prudente y a ver si hay suerte y veo a algún buen amigo visitándonos en la librería.

Buenas noches.

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