Mi verdadera historia, J.J. Millás

A estas alturas no vamos a descubrir nada nuevo hablando de Juan José Millás. Escritor y periodista nacido en 1946, cuenta con importantes premios y reconocimientos, entre otros, el Premio Nadal o el Planeta.

Hace unas semanas esta breve novela, tan solo 107 páginas, me llamó desde una de las estanterías de la librería. ¿No te ha ocurrido alguna vez que entras en una librería a buscar un libro y es él quien te encuentra a ti?  Y eso que no es novedad puesto que tenemos el título disponible en Librería Nobel desde su publicación en mayo del año pasado.

Nuestro personaje, un chico de 12 años con todo el mundo por descubrir, se convierte en lamentable protagonista de un terrible hecho que ocurre, a la vuelta del colegio, cuando en realidad debía haber pasado otra cosa. Y es que cuanto menos te cuente acerca de la trama, mejor. Es, en mi opinión, un libro para leer sin conocer la sinopsis. Será mucho mejor deleitarse a pequeños sorbos de la novela (pequeña también), disfrutando y descubriendo, a través de la magnífica narrativa de Millás esta historia de una familia que, probablemente, no lo sea tanto.

Una madre, un padre y nuestro joven protagonista que dicen tanto o más con los silencios que con lo poco que comparten. A estos tres pilares hay que sumar un cuarto, una chica. Angustias, secretos, deseo de reconocimiento son sentimientos que nos muestran estos personajes a lo largo de sus páginas con un claro ejemplo en el chico, que al principio se considera «el idiota» y después pasa a temer que caigan sobre él las consecuencias de su «crimen y castigo» (ambas de Dostoyevski), dos de las obras preferidas de su padre, un crítico literario. Y precisamente por esto, al chico lo que le gusta es escribir. Como si la relación hijo-padre tuviera equivalencia en la escritura-lectura y esta pudiera suplir la necesidad de afecto, de valoración.

Esta oscura historia, que leerás pronto (yo comencé a leerla y no pude levantar la vista hasta llegar a la última página) te acompañará unos días más. Al menos en mi caso, así fue. Te hará plantearte cosas, reflexionar sobre cómo actuamos. Sobre las relaciones que mantenemos con quienes nos rodean.

Y algo que me hace pensar sin llegar a una conclusión clara es que, si dos personas conocen un secreto pero no lo comparten en ningún sentido, ¿sigue siendo un secreto? Claro que para conversar sobre esto, hay que hacerlo con el libro ya leído.

En fin, una novela breve requiere una reseña breve, de modo que para qué decir más. Espero que si la lees, la disfrutes tanto como yo.

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ESE TERRIBLE OLOR A MENDACIDAD

En 1958 el director Richard Brooks llevaba a la gran pantalla una de las obras míticas de Tennessee Williams, “La gata sobre el tejado de cinc” (“Cat on a hot tin roof). La adaptación supuso la consagración de dos actores ya en alza que a partir de esta cinta alcanzan la categoría de mitos del celuloide. Paul Newman y Elizabeth Taylor demuestran que eran mucho más que dos rostros bellos dentro del séptimo arte.

La gran dificultad con la que podía encontrarse Brooks partía de la propia naturaleza del texto de Williams. Estamos en la Norteamérica de los 50 y la obra nos relataba el rechazo que el protagonista, Brick,  sentía por su bella esposa, Maggie,  a la que acusaba de haberle sido infiel con su mejor amigo Skipper. El motivo de dicha infidelidad  sería la venganza ante la sospecha más que fundada de que Skipper y Brick mantenían una relación homosexual. Este rechazo queda claramente ejemplificado en el hecho de que Brick no soporte ni siquiera beber del mismo vaso que Maggie cuando ésta le pida  probar su copa.

La obra había ganado el Pulitzer en 1955 y arrasado en Broadway pero Broadway no era Hollywood y presentar semejante argumento en la gran pantalla,  era cuando menos una osadía, incluso un suicidio económico  para cualquier productor. Como era habitual en la época del Hollywood dorado la obra debía sufrir un giro y a la vez resultar interesante. Es aquí donde Richard Brooks y James Poe componen un guión magnífico que vertebra el film a través de otro de los grandes conflictos que surgen en la obra…la falta de afectividad por parte del padre de Brick, algo que lastrará al protagonista en toda la historia.

Ahondando en este conflicto el film adquiere un ritmo distinto pero igualmente fluye por los territorios más habituales del dramaturgo a lo largo de su carrera…hablamos de codicia, de deseo, de decadencia, de superficialidad,…elementos que son aderezados por el innegable talento interpretativo de un casting en estado de gracia. Desde la pareja protagonista, pasando por los actores de reparto, Jack Carson, Judith Anderson o Madeleine Sherwood, destacaría sin duda Burl Ives en el papel del patriarca Big Daddy Pollit.

Brooks filma con milimétrica precisión primeros planos como el de un Brick con la mirada perdida, ausente, recordando la muerte de Skipper mientras podemos sentir el sudor en su frente como nuestro. Esa sensación de claustrofobia que solo los ambientes sureños son capaces de mostrar,  dota a la historia de una personalidad enorme. Ese terrible “olor a mendacidad”, a falsas apariencias, a secretos que ocultar queda muy bien retratado por Brooks en las miradas de los actores en mitad de sus soliloquios.

La obra de Williams, claramente influenciada por escritores como Faulkner o D. H. Lawrence, así como por coetáneos suyos como Truman Capote o Gore Vidal transita siempre alrededor de personajes marginados a los que Williams ofrece un respeto casi reverencial, perdedores a los que la sociedad va arrinconando de forma inmisericorde. Así nos encontramos a la Blanche Dubois de “Un tranvía llamado deseo” o a la Karen Stone de “La primavera romana de la señora Stone”. Inadaptados, incapaces de seguir las normas establecidas, sufriendo por una existencia que les es esquiva encontramos joyas como “La rosa tatuada”, “El zoo de cristal” o la maravillosa “Dulce pájaro de juventud” que el propio Brooks adaptaría también.

En “La gata sobre el tejado de cinc” su protagonista, Brick, no podía escapar de este arquetipo, si bien la película, añade un componente aún más atrayente al espectador…los increíbles ojos azules de Paul Newman. Junto a Liz Taylor la pareja sabe apropiarse del conflicto latente y convertir en suya la obra.  Durante toda la película veremos a Brick (Newman) apoyarse en una muleta mientras bebe una y otra botella de whisky, enfundado en su pijama no hace sino  excitar aún más el deseo de su ardiente esposa, Maggie la gata. La carnalidad del rostro de ella parece traspasar la pantalla cuando aparece. Se puede sentir, casi tocar,  la tensión sexual entre ambos y es aquí en el tercio final de la película,  cuando asistimos a una de esas secuencias que quedan para la historia:

Bajo una imponente lluvia, Brick , que ha perdido su muleta se apoyará en su esposa por primera vez y hasta el final, mientras se lamenta “…le hecho daño, Maggie, le hecho un daño irreparable a mi padre…”.

Y la tormenta que se había desatado simbolizando los conflictos que han tenido lugar en esa noche de catarsis familiar, desaparecerá alejando el olor a mendacidad para traer la agradable brisa sureña que ha purgado los pecados y les llevará a invitarles a su mayor desafío: seguir viviendo.

Rubén Moreno

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Cáscara de nuez, Ian McEwan.

Nuestra entrada de hoy tira un poco de memoria. Hablamos de un libro, Cáscara de nuez, leído en nuestro Club para la reunión del 21 de julio de 2017.

McEwan, del que ya habíamos leído anteriormente Sábado, otra novela que causó buena impresión, nos traía para esta ocasión su Cáscara de nuez. Una novela corta, de 224 páginas.

Un argumento sencillo. Trudy y John son un matrimonio roto. Trudy mantiene una relación con el hermano de este. Y estos dos planean acabar con John para heredar una mansión.

Resulta insólito y, sin duda, muy arriesgado que quien nos narra la historia sea el futuro hijo de Trudy. Aún sin nacer, entiende todo lo que ocurre (¡desde dentro de su madre!, hay que insistir) a su alrededor. Quizás estamos ante un thriller con tintes de comedia negra, todo esto pese a que lo que cuenta es, en buena parte, un auténtico drama.

«No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de tu padre”

Mientras esta relación maquina como acabar con John, el bebé nos va contando sus impresiones. Por una parte sobre su madre y «la situación» que se trae entre manos. Por otro, acerca de la sociedad desde un punto de vista crítico y tan maduro como culto. Un humor muy británico (y todo un crack sabiendo de vinos, a mi con esto me ganó completamente).

El libro en cuestión gustó a la mayoría aunque hubo alguna impresión un poco negativa del resultado final. En cualquier caso, el autor salva má que sobradamente elmencionado riesgo.

Gustó mucho la idea y narración del autor. Una novela breve que puede leerse fácilmente aunque ese toque británico no llegue finalmente a todo el mundo del mismo modo.

“Oh, Dios, podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio… de no ser porque tengo malos sueños”

Esta frase es el epígrafe de la novela, por tanto, no se puede concluir esta reseña sin mencionar el paralelismo que sugiere McEwan en su novela con el Hamlet de Shakespeare, donde Gertrudis y Claudio, se casan después de que este haya asesinado al Rey Hamlet.

 

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ROLLO TOMASSI y LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS

Rollo Tomassi es el nombre que el agente Ed Exley inventó para el asesino de su padre policía. Los Rollo Tomassi del mundo son los que creen que pueden salirse siempre con la suya. Por esta razón Exley se hizo policía. Estamos hablando de una de las grandes películas de finales del siglo pasado, el film noir “L.A. Confidential” de Curtis Hanson que adapta la novela de 621 páginas del escritor James Elroy.

En 1997 Guy Pearce, Russel Crowe y Kevin Spacey interpretaron a los agentes Edmund Exley, Bud White y Jack Vincennes en una cinta que es un clarísimo homenaje a un género que tuvo su esplendor allá por la década de los cincuenta. Aún así Curtis Hanson consiguió crear una atmósfera visualmente hablando muy cercana a dicha década. La sordidez, la corrupción, la otra cara de la maravillosa ciudad de Los Angeles al descubierto, envuelta  eso sí en papel de celofán a través de una ambientación muy acertada y en la que destaca por encima de todo el trabajo actoral. Entre todas las interpretaciones la de Kim Basinger probablemente fuera la sorpresa más agradable del film. Una actriz que fue icono sexual en los años 80 tras su aparición en la cinta de Adrian Lyne “Nueve semanas y media” condenándola  a la reiteración de personajes con el mismo estereotipo demostró aquí que estábamos ante una actriz con mayúsculas. Supo apropiarse del personaje de Lynn Bracken, la prostituta de lujo de asombroso parecido a Veronica Lake.

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La trama de la película es un claro rompecabezas donde las piezas han sido expuestas al principio con un aparente desorden que con el desarrollo de la historia deberemos ordenar. Puede resultar por momentos que algunas de las soluciones que propone Hanson para resolver el rompecabezas parezcan impostadas y quizá la explicación debiéramos encontrarla en la longitud del texto original de Elroy, plagado de detalles. La dificultad de trasladar el lenguaje literario a la gran pantalla queda aún así bien resuelto.  En cualquier caso, en líneas generales Curtis Hanson demuestra que sabe mover la cámara con prestancia en un género tan complicado como el film noir. Gracias a su experiencia como director de thrillers (“La mano que mece la cuna” “Malas Influencias”), Curtis realiza un trabajo notable sobretodo sabiendo dar a cada personaje su momento especial en la película. Es aquí donde veremos como el cínico y egoísta Jack Vincennes a mitad de la cinta sufrirá una transformación que lo hará evolucionar y crecer como personaje o como comprenderemos la brutalidad de Bud White por su infancia traumática, así como la obsesión de Exley por hacer justicia por encima de todo y de todos.

Finalmente el gran acierto de L.A. Confidential fue saber mezclar la belleza de un tiempo lleno de glamour con las más oscuras miserias que encerraba dicha época. Corrupción, prostitutas de lujo operadas para parecer actrices, bandas de gangsters luchando por obtener el control de la ciudad de las estrellas, …todo bajo un cóctel maravillosamente regado de excelente música, una fotografía sugerente y un ritmo trepidante. Una película imprescindible de la última década del siglo pasado, una despedida quizá al género tal y como lo conocimos originariamente, aunque como siempre  pensamos que el cine se retroalimenta para crecer como arte escénica, así que aún conservamos la esperanza de poder seguir encontrando historias tan maravillosas como esta “L.A. Confidential” que nos traslada a una época dorada del cine, plagada de Dry Martinis, lujo, ostentación, jazz y sobretodo buen gusto.

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Una noche con Sabrina Love, Pedro Mairal

Club de lectura. 4 de octubre de 2018.

Retomamos nuestras reuniones en el club con la novela «Una noche con Sabrina Love« de Pedro Mairal.

Novela breve, editada por Libros del Asteroide, fue publicada en 1998, recibiendo el premio Clarín y llevada al cine en el año 2000. Nosotros hemos leído esta cuidada reedición de la imagen (mayo de 2018).

Como dato curioso, el mencionado galardón fue la primera edición celebrada de unos premios que, hoy en día, son de los más prestigiosos en Hispanoamérica.

La historia, narrada en 150 páginas, nos llevará a acompañar a Daniel Montero, un chaval de 17 años, en un «curioso» viaje en busca de un premio que acaba de ganar: pasar la noche con una famosa porno star, Sabrina Love.

En su camino hacia Buenos Aires al encuentro con la mujer que contempla cada noche en su televisor, viviremos con él un ajetreado y complicado viaje. Tanto que casi le resulta una odisea conseguir salir de su pueblo inundado. Se cruzará con personajes de todo tipo que, en muchos casos con divertidas anécdotas, te hacen reflexionar sobre las personas, sobre la vida.

El prólogo que escribe el propio autor, ya nos deja señales de la magnífica novela que tenemos entre manos. En él nos explica el recorrido desde que surge la idea de esta historia hasta después de conseguir el premio de 50.000 pesos (actualmente, dotado con 300.000).

Hemos leído una novela que nos ha gustado mucho en general. Todas las opiniones han sido positivas.  Nos planteamos la posibilidad de ver la película para comparar la ágil narración del libro con el desarrollo del guión. Esto de leer libro/ver película lo hemos hecho ya en un par de ocasiones y siempre resulta interesante hacer la comparación.

Y, cómo no, nos deja con ganas de leer «La uruguaya«, su última novela que ha sido muy bien recibida.

Nuestra lectura para noviembre será «Kitchen», de Banana Yoshimoto. ¿Te apuntas?

Librorum et gulae

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A VECES EL CRIMEN HUELE A MADRESELVA

 

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“How could I have known that murder can sometimes smell like honeysuckle?” (Cómo podía saber que el crimen a veces huele a madreselva). Con esta frase Walter Neff nos describe a través de un flash back maravilloso su descenso a los infiernos.

En  1944 Billy Wilder llevó a la gran pantalla bajo el nombre de “Perdición”  la novela corta, sólo 138 páginas, “Pacto de Sangre” de James M. Cain. “Double Indemnity” que es su título original  es una de las obras cumbres del film noir. Una obra sin la que sería imposible entender este fascinante género cuyos límites siempre han resultado algo difusos y motivo de debate. En cualquier caso, “Perdición” contiene los aspectos clásicos del género, la femme fatale, la voz en off, los ambientes turbios, el sexo, el poder, las miserias humanas, …Todo agitado en un cóctel maravillosamente escrito, como decíamos,  por el norteamericano  de origen irlandés, James M. Cain, autor entre otras grandes obras de “El cartero siempre llama dos veces” o la prodigiosa “Mildred Pierce”. El guion corrió a cargo nada menos que de Raymond Chandler y el propio Billy Wilder quienes elaboraron un texto preciso y medido que respetaba enormemente la novela original.

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En cuanto vemos aparecer a Phyllys Dietrichson, una prodigiosa Barbara Stanwyck,  bajando de la escalera con su pulsera al tobillo nos damos cuenta de que Walter Neff (Fred MacMurray) va a hacer todo lo que ella le pida. Sin embargo, a diferencia, del pelele clásico (figura que nace como uno de los elementos vertebradores del género junto a la femme fatale) aquí el señor Neff sabe que va a caer bajo el influjo de Phyllis pero no de manera inocente. Existe también en el propio Neff algo turbio que lo empuja a convertirse en un ser despreciable. No estamos por tanto solo ante la manipuladora actitud de Phyllis Dietrichson, sino que parecería que ambos están condenados a encontrarse,  ya que son dos caras de una misma moneda. Ambos son ambiciosos, codiciosos, no se conforman con lo que tienen, siempre piden más y eso lo incluye todo. El famoso código Hayes seguramente nos privó de ver en pantalla la carnalidad del deseo que subyace en las miradas de Phyllis y Walter. Intuimos pero no vemos y eso quizá aumenta aún más la grandeza del film, los diálogos mordaces y llenos de simbolismo y  la carga sexual (…en este Estado hay límite de velocidad, sr Neff…) que nadie como Billy Wilder para poder desarrollar. Wilder sugiere, evita subrayados innecesarios y se apoya en un texto maravilloso para poner la cámara y hablarnos con ella. Nos coloca a los dos protagonistas a distinta altura en la secuencia donde se encuentran por primera vez. En ese momento inicial, es Phyllis la que tiene el mando. De ahí su seductor descenso por las escaleras. La secuenciación del crimen nos irá poniendo a ambos protagonistas en distintos estados. El crimen es metódicamente preparado, nada puede quedar al azar, cualquier cabo suelto será peligroso y más con Barton Keyes (un Edward G. Robinson portentoso) , jefe de Neff y su “famoso hombrecito del estómago” (referencia constante de Keyes cuando desconfía) al acecho.  Por eso Phyllis y Walter planean de forma milimétrica como será el asesinato y ahí Wilder los iguala en cámara. Ya no tenemos al clásico pelele manipulado, sino a un cómplice totalmente entregado a la causa de tal modo que Phyllis prácticamente pasa de ideóloga a simple espectadora. Las armas de mujer para seducirlo quedan pronto  al descubierto pero Neff lo sabe y no lo intenta remediar, sabe del peligro que supone la señora Dietrichson pero algo dentro de su ser lo arrastra a la perdición sin dar marcha atrás. La mirada de Stanwyck atraviesa la pantalla y describe como pocas veces el dramatismo y la turbación del personaje. Como toda femme fatale su plan cuidadosamente estudiado contiene un giro con el que no cuenta su presa y es ahí donde Phyllis se vuelve aún más maquiavélica recuperando de nuevo el mando.

El simbolismo está presente en toda la cinta ya sea la pulsera que rodea el tobillo para enloquecer a Walter Neff (“…pero tú pensabas en asesinato y yo en la pulsera de tu tobillo), o en la casa estilo español tan de California que al final no es sino una muestra de la decadencia como seres humanos de dos personajes comunes convertidos en criminales sin ningún tipo de arrepentimiento.

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Una obra mítica cuya atemporalidad está precisamente en retratar la mezquindad humana, en mostrar las bajas pasiones y lo ruin del ser humano. Una película que sin duda emerge como icono de un género fascinante,  pero que va mucho más allá de dicho género y es que parafraseando nada menos que a Hitchcock, podemos decir que después de ver Double Indemnity las dos palabras más importantes del cine serían…Billy Wilder.

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La madre, el perro y el amor de Alejandro Palomas

Que Alejandro Palomas es un escritor maravilloso no es algo que haya descubierto yo sola, por fortuna quien lo lee cae rendido a sus pies, por como transmite las emociones y su facilidad para que los lectores sintamos empatía y nos identifiquemos con sus personajes. Quizás he llegado tarde a él, no lo sé… la cuestión es que para mí es el descubrimiento literario de 2018.

La primera noticia de su existencia me vino a través de su reconocimiento como ganador del Premio Nadal 2018 con su novela “Un amor”, me fascinó su indumentaria: una chaqueta de flores que raramente podría pasar desapercibida, y enseguida quise leerle. Luego supe que el libro reconocido con dicho premio literario era el tercero de una saga de libros, que empieza con “Una madre”, sigue con “Un perro” y termina con “Un amor”, pero confío y deseo que haya más, siendo sincera.

Cada uno de los libros transcurre a lo largo de apenas unos pocos días, incluso horas, de la vida de Fer, el narrador, y  su pequeña familia constituida por Amalia, su madre, y Silvia y Emma, sus hermanas. Y si en el primero me enamoré de Amalia, la madre, los siguientes me ayudaron a desenmarañar una historia familiar que, como la de casi todos, están llenas de pequeños secretos, mentiras y verdades.  Donde muchas veces las ausencias son tan protagonistas como los propios protagonistas.

En “Una madre” descubrimos a la familia, a esa Amalia deliciosa y exasperante, a Fer consumido por sus inseguridades, a Silvia de carácter explosivo y dominante y a una Emma, que… bueno, a Emma hay que desenvolverla paso a paso, porque permanece escondida bajo capas de conformidad, donde todo es lo que parece, ¿o no? Luego en “Un perro” la historia cae en una cadencia lenta y que por momentos nos hace amar y odiar a los personajes a partes iguales. Finalmente “Un amor” es sin duda el nudo que acaba atando cada palabra de los anteriores, cerrando los círculos que definitivamente necesitaban ser cerrados, dejando cada cosa en su lugar.

Pero hay más, mucho más. Es un relato coral donde otros miembros de la familia aparecen y desaparecen, dando dimensión a todo el conjunto y apoyando su evolución vital. Personas que aparecen en la vida de los protagonistas para sumar o restar, según el caso, y que no están de forma gratuita, porque los que están dejan huella, y los que se van, e incluso los que nunca aparecen, nos permiten comprender. Así, comprender sin más, porque lo difícil de esta historia es entender porqué son (somos) así las más de las veces.

Los tres libros en sí mismos son una historia con su inicio, su nudo y su desenlace. Son historias pequeñas, llenas de personajes cotidianos que juntos conforman un cuadro familiar que seguro todos reconocemos, si bien no en todas sus piezas, sí en algunas o en sus historias. Esta familia normal y atípica a la vez, aunque suene incoherente, tiene la facilidad de hacernos sentir comprendidos por alguien, en este caso Alejandro Palomas y su buen hacer a la hora de reflejar  algo tan complejo como son las relaciones familiares.

Cada libro es una historia independiente, pero debo de decir, y recomendar, que se lean por orden, como quien completa un puzzle, con sus piezas que no encajan y las que van de dos en dos, sin terminar de despegarse nunca.

Si os animáis, os deseo feliz lectura. Para mí ha sido felicísima.

María José Moreno.

 

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LOS LIBROS COMO REFUGIO DE LOS SUEÑOS

¿Hay algo más evocador que un pueblecito costero inglés donde los días grises puedas pasear por sus paisajes mientras la melancolía te invade? En Hardborough la gente ve pasar la vida sin ni siquiera planteársela. Casi nadie lee y la vida cultural se reduce a los caprichos que de vez en cuando se permite Violet Gamart la auténtica dueña del pueblo. Cuando Florence Green decida montar una librería en la casa más emblemática del pueblo “The Old House”, hasta entonces abandonada, comenzarán todos sus problemas.

“La librería” es la adaptación que Isabel Coixet ha realizado de la maravillosa novela de Penelope Fitzgerald a la que la directora catalana ha sabido imprimir su sello personal. El idilio entre el cine de Coixet y quien les escribe comenzaba con “La vida secreta de las palabras” y ha continuado con cintas como “Mi vida sin mí”, “Mapa de los sonidos de Tokio” o la gran “ Cosas que nunca te dije”.

La cinta es una maravillosa declaración de amor a los libros que nos lleva irremisiblemente a títulos como “Farenheit 451” que no es casualidad sea el primer libro que Florence venda al señor Brundish (un pluscuamperfecto Bill Nighy). Además Julie Christie en la versión original será la voz en off, lo cual nos traslada de nuevo a la obra de Ray Bradbury y su adaptación al cine por parte de Truffaut, donde Christie era la protagonista. La relación de amistad entre Florence y el señor Brundish nos permite apreciar el maravilloso talento de Isabel Coixet para mostrarnos la pasión contenida entre ambos personajes y la sensibilidad a la hora de filmar dicha pasión. Existe un paralelismo precioso entre los personajes y los libros, es más que edificante hacer el ejercicio de comparar al personaje de Milo North (James Lance) con el extravagante Quilty de “Lolita” y ver como es la novela de Nabokov la que North entrega a Florence, y como a su vez la pequeña Christine (Honor Kneafsey ) es, intelectualmente hablando, una especie de Lolita.

Amor por los libros

La relación de Florence con los libros es casi física, los acaricia, los coloca con mimo, lee sus historias y luego los huele, porque “…cuando leemos una historia, ésta habita ya para siempre junto a nosotros…”. En Hardborough se producirá una lucha desigual entre una chica con un coraje a prueba de bombas, encarnando a una verdadera “superheroína” que pretende abrir una librería en un lugar donde nadie lee y una “villana”, la señora Gamart (excelsa Patricia Clarkson) cuya abyecta actitud nos muestra las mezquindades que el ser humano también posee. Ésta será una lucha desigual en la que Florence nos llega porque tiene algo de nosotros, algo de todo aquel que ama a los libros. Y es que esta es una película sobre libros y sobre la soledad y cómo los libros son un refugio maravilloso, como los libros nos transmiten conocimientos pero también nos hacen sentir y vivir otras vidas que nos son ajenas. Como son, en palabras de la propia Coixet, “…pasaportes para otras vidas…”. En este aspecto, evidentemente los libros nos acercan irremisiblemente también al cine. Isabel Coixet muestra el inmenso respeto que siente por los actores en la manera de poner la cámara y darle a cada personaje la importancia que merece.

“La librería” es además una película sobre la esperanza de prender la mecha del amor a los libros para que nunca muera, como en “Farenheit 451” la autora nos reclama para que la literatura nunca abandone nuestras vidas, para que su semilla germine aunque sea en parajes inhóspitos como ese Hardborough donde Violet Gamart dicta cuáles son las normas a seguir.

Con una preciosa ambientación magníficamente fotografiada, en tonos pastel y ambiente frío, por parte de Jean Claude Larrieu, la mente nos lleva a “La hija de Ryan” (David Lean, 1970) con quien establece otra hermosa similitud al hablarnos sobre los prejuicios y las gentes que son incapaces de abrir sus mentes y de cómo de nocivo puede llegar a ser un espacio que se niega a aceptar cualquier cambio externo.

¿Existe algo mejor que perderse en una librería llena de historias por descubrir, con ese inconfundible olor a papel? “La librería” nos evoca ese maravilloso placer y nos invita a hacernos preguntas sobre la lucha entre el amor al prójimo frente a la mezquindad humana, entre los emprendedores que quieren cambiar las cosas frente a los inmovilistas que no permiten los cambios y sobretodo una lucha entre la sumisión y los que hacen de la individualidad un arma indestructible que jamás nos podrán arrebatar.

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LAS HIJAS DEL CAPITÁN

Desde que irrumpiera con una fuerza inusitada en 2009 con El tiempo entre costuras, María Dueñas (Puertollano, 1964) se ha convertido en una de las jóvenes novelistas españolas de referencia. Misión Olvido (2012) y La templanza (2015) siguieron contando con un tremendo respaldo de lectores y críticos, de ahí que la aparición de Las hijas del capitán la pasada primavera fuera recibida con tremenda expectación.

A mí me ha interesado esta historia sobre la emigración tanto por la fuerza de la prosa de María Dueñas, que te engancha desde el principio, como por la tremenda vigencia del problema que nos plantea. Parece que el mundo, desgraciadamente, no ha cambiado mucho desde los años 30 del siglo pasado, época en la que se sitúa esta dura pero emotiva historia de supervivencia.

Las hijas del capitán

Emilio Arenas es un hombre inquieto, incapaz de permanecer en Málaga junto a su mujer, Remedios, aunque en sus meteóricas visitas la dejara preñada hasta en siete ocasiones. Victoria, Mona y Luz son sus tres hijas veinteañeras que se ven obligadas a emigrar a Nueva York en 1936 junto a su madre analfabeta porque su padre, harto de dar vueltas por el mundo, había decido asentarse en la ciudad de los rascacielos en 1929, en plena depresión.

El Capitán es la humilde casa de comidas con la que Emilio Arenas pretende sacar a flote a su familia. Su inesperada muerte al sufrir un accidente en los muelles de Nueva York deja a su mujer y a sus hijas al frente de un negocio que desconocen totalmente, al igual que el idioma, que se niegan a aprender porque ellas lo que quieren es volverse a su Málaga natal, donde seguirán siendo igual de pobres pero al menos estarán arropadas por familiares y amigos.

La posibilidad de recibir una indemnización por la muerte de Emilio les hace permanecer en la ciudad, donde sufren todo tipo de tropelías por parte de desalmados que se ofrecen a ayudarlas pero que en realidad sólo pretenden quedarse con su dinero. Es la ayuda de otros españoles asentados en la calle catorce y sus alrededores la que les permite ir sorteando las muchas dificultades a las que tienen que enfrentarse cada día.

Hábilmente, María dueñas va introduciendo en su novela a personajes históricos como Xavier Cugat o Alfonso de Borbón, malogrado primogénito de Alfonso XIII, que interactúan con las protagonistas de una manera muy natural y que sirven también para situar al lector frente a la realidad de una España en la que ya se estaba fraguando la Guerra Civil.

La historia de Victoria, Mona y Luz se sigue repitiendo cada día, pero ahora somos los españoles, que durante décadas tuvimos un altísimo número de emigrantes por motivos económicos y políticos, los que nos enfrentamos al drama de miles de personas que se juegan la vida con la esperanza de encontrar en nuestro país un mundo mejor. Como Las Hijas del Capitán, han de enfrentarse muchas veces a un mundo hostil sin conocer nuestro idioma y nuestras costumbres, con el añadido de estar muy condicionados, especialmente las mujeres, por las estrictas normas religiosas y sociales que han regido sus vidas desde que nacieron.

Leyendo la última novela de María Dueñas, no sólo gozaremos de un buen libro, sino que podremos reflexionar sobre uno de los mayores problemas a los que se enfrenta nuestra acomodada sociedad.

Tomás Furest

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Las confesiones de Antonio Mairena

Hay un libro fundamental si lo que se quiere es explicar a la gente qué y cómo es el Flamenco. Ese título es Las confesiones de Antonio Mairena. Antonio Cruz García, que era su nombre real, vivió entre 1909 y 1983. Esos 74 años de vida los consagró a defender y poner en valor muchos aspectos muy atractivos -por lo auténtico y misterioso a veces- relacionados con la etnia gitana y un cante, toque y baile que acabaron por convertirse en el principal símbolo cultural de Andalucía y, más recientemente, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Esta obra reúne varias cualidades: informa y hace aprender al no iniciado en esta música y lleva al recuerdo y al disfrute al ya conocedor del Flamenco porque lo traslada a su edad dorada. Las confesiones de Antonio Mairena contó con la inteligencia del catedrático de Historia del Derecho por la Universidad de Cádiz, y amigo de Antonio Mairena, Alberto García Ulecia, fallecido en 2003. Simplemente, dejó que Mairena hablase sobre su vida y quehacer y ordenó sus pensamientos por escrito. Por eso figuran ambos como autores.

La de Mairena, como el libro se encarga bien de reflejar, es una figura única. Lo es porque la Historia del Flamenco está minada de artistas para todos los gustos y colores, pero apenas los ha habido que se dedicaran a luchar por esta música -que estuvo denostada durante décadas- desde muy diversos frentes. Antonio Cruz García, Antonio Mairena, se crió en la fragua de una familia gitana de Mairena del Alcor. Y, pese a no haber apenas podido ir al colegio por obligaciones laborales, fue capaz de recuperar cantes, letras y artistas que estaban sumidos o en la pérdida histórica o en el más profundo desconocimiento social. Ésta fue la persona que dignificó el Flamenco, todo un activista. Lo llevó a las instituciones y a los teatros sacándolo de las fiestas de señoritos y de las tabernas. Lo dotó de libros, certámenes, estudios y antologías. Puso en valor toda la cultura que lo rodea.

Esta ingente lucha del cantaor y estudioso mairenero le llevó toda una vida, que de forma resumida pero repleta de datos y reflejos históricos de siete décadas, está reflejada en estas páginas.

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