LAS HIJAS DEL CAPITÁN

Desde que irrumpiera con una fuerza inusitada en 2009 con El tiempo entre costuras, María Dueñas (Puertollano, 1964) se ha convertido en una de las jóvenes novelistas españolas de referencia. Misión Olvido (2012) y La templanza (2015) siguieron contando con un tremendo respaldo de lectores y críticos, de ahí que la aparición de Las hijas del capitán la pasada primavera fuera recibida con tremenda expectación.

A mí me ha interesado esta historia sobre la emigración tanto por la fuerza de la prosa de María Dueñas, que te engancha desde el principio, como por la tremenda vigencia del problema que nos plantea. Parece que el mundo, desgraciadamente, no ha cambiado mucho desde los años 30 del siglo pasado, época en la que se sitúa esta dura pero emotiva historia de supervivencia.

Las hijas del capitán

Emilio Arenas es un hombre inquieto, incapaz de permanecer en Málaga junto a su mujer, Remedios, aunque en sus meteóricas visitas la dejara preñada hasta en siete ocasiones. Victoria, Mona y Luz son sus tres hijas veinteañeras que se ven obligadas a emigrar a Nueva York en 1936 junto a su madre analfabeta porque su padre, harto de dar vueltas por el mundo, había decido asentarse en la ciudad de los rascacielos en 1929, en plena depresión.

El Capitán es la humilde casa de comidas con la que Emilio Arenas pretende sacar a flote a su familia. Su inesperada muerte al sufrir un accidente en los muelles de Nueva York deja a su mujer y a sus hijas al frente de un negocio que desconocen totalmente, al igual que el idioma, que se niegan a aprender porque ellas lo que quieren es volverse a su Málaga natal, donde seguirán siendo igual de pobres pero al menos estarán arropadas por familiares y amigos.

La posibilidad de recibir una indemnización por la muerte de Emilio les hace permanecer en la ciudad, donde sufren todo tipo de tropelías por parte de desalmados que se ofrecen a ayudarlas pero que en realidad sólo pretenden quedarse con su dinero. Es la ayuda de otros españoles asentados en la calle catorce y sus alrededores la que les permite ir sorteando las muchas dificultades a las que tienen que enfrentarse cada día.

Hábilmente, María dueñas va introduciendo en su novela a personajes históricos como Xavier Cugat o Alfonso de Borbón, malogrado primogénito de Alfonso XIII, que interactúan con las protagonistas de una manera muy natural y que sirven también para situar al lector frente a la realidad de una España en la que ya se estaba fraguando la Guerra Civil.

La historia de Victoria, Mona y Luz se sigue repitiendo cada día, pero ahora somos los españoles, que durante décadas tuvimos un altísimo número de emigrantes por motivos económicos y políticos, los que nos enfrentamos al drama de miles de personas que se juegan la vida con la esperanza de encontrar en nuestro país un mundo mejor. Como Las Hijas del Capitán, han de enfrentarse muchas veces a un mundo hostil sin conocer nuestro idioma y nuestras costumbres, con el añadido de estar muy condicionados, especialmente las mujeres, por las estrictas normas religiosas y sociales que han regido sus vidas desde que nacieron.

Leyendo la última novela de María Dueñas, no sólo gozaremos de un buen libro, sino que podremos reflexionar sobre uno de los mayores problemas a los que se enfrenta nuestra acomodada sociedad.

Tomás Furest

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