Diario de una alerta.

Día 7.

Pues sí, cómo lo oyes, una semana llevamos. Una semana con tu compañía diaria, amigo diario.

Ha pasado rápido, la verdad. Lo lento va a venir cuando mi mujer me ponga por delante la pintura y la brocha, ¡tela! Y luego vendrá el famoso “pues ya que estamos”… ¡Temblando estoy!

Esto es como la Vuelta a España. Acabamos de pasar las primeras etapas de llano, con una contrarreloj al principio. Ahora llega alguna etapa de montaña, esas que rompen las piernas y cansan. Y luego se presentarán los puertos de categoría especial. Así que prometo hacer piernas, estaremos en forma y coronaremos la cima, no sin sufrimiento, lo sé. Pero llegaremos y, si a alguien le flaquean las fuerzas que se ponga a rueda, entre todos, alcanzaremos lo más alto.

Me he metido tanto en el papel de encierro que ando haciendo marcas en la pared, como en las pelis de cárceles, ¿sabes? Hago cuatro rayas y a la quinta otra cruzada. Verás cuando mi mujer lo descubra. Me veo confinado en el balcón.

Y eso por no hablar de que llevo todo este tiempo sin afeitarme, pero mi barba es una birria. Así que mañana mi cara estará suavita como la piel de un bebé. Por cierto, hablando de bebés, mi ahijada Rebeca está comenzando a soltarse con sus pasitos. Le diré a mi compadre Fernando que le vaya enseñando a decir “hola, padrino” para darle un fuerte achuchón cuando la pueda ver en persona. También debe aprender a decir “¿quieres una cervecita?”.

Hoy he desayunado con un zumito de naranja recién exprimido, me lo ha hecho mi hija. Y luego me tomé un café, que sí me hice yo, con un trocito de tarta de Santiago, que también ha hecho ella. Tiene buena mano en la cocina, como su madre. Porque a mí, me sacas del pollo asado y 3 cosillas más y “na de na”. Aunque mi compadre, el papi de Rebeca, dice que con el atún hago cositas buenas, ¡oju! Ya tengo antojo de tartar.

Y después de comer he salido a la calle. Y no, no tenía que comprar. Te cuento.

He ido a la librería. Tenía que recoger las tapas que usamos para encuadernación. Mi amigo Raúl (de Robonautas) está coordinando un excelente trabajo. Están haciendo, con impresoras 3D, unas mascarillas para ayudar al personal sanitario en los hospitales de la zona. El caso es que usan estas tapas y he ido a darle las que nos quedaban, por desgracia eran muy pocas. Pero ya conseguiremos más.

Emociona ver que un sanitario, al enterarse de la noticia, contesta que menudo subidón de energía les dan estas iniciativas.

Así que allá me fui. Nervioso, para qué mentirte. Una extraña sensación. Al acabar y ya regresando a casa me paró la policía, estaban controlando el movimiento de vehículos en la rotonda de Marqués del Duero (Ole por ellos también). Al principio el agente me puso cara de póker. Seguro que pensó que menuda milonga le estaba contando, pero después de explicarle, incluso se interesó por cómo se usaban y, con un buenas tardes, me dejó continuar.

La tarde dio para poco más, una partida de parchís que, por cierto, he ganado yo mientras Pepe se mosqueaba porque le comían dos fichas seguidas (dice la madre que se enfada como su tío Alex cuando pierde… a mi me pasaba un poco lo mismo, la verdad) y la obligada salida al balcón al dar las ocho.

Mientras escribo esto, Carol ya se ha ido a trabajar, su segunda noche. Bueno, mañana descansa.

Voy a cenar algo y en seguida vuelvo.

¡Ea! Ahora un poco de televisión y luego, antes de dormir, leeré un rato hasta tarde. Mañana no pienso madrugar.

Hoy voy a ver una de Tom Hanks, aunque dudo entre «La terminal», donde se queda encerrado no sé cuantos meses en un aeropuerto. No veas, imagínate tener en estos días todo un aeropuerto para ti. O quizás veo «Naufrago», aquella donde acaba en una isla desierta no sé cuántos años. Eso sí que era una barba, no la mía. Al final lo rescatan y se salva. ¡Anda! Hice spoiler.

Vaya ganas de que llegue el lunes y volvamos a la rutina, ¿no?
¡Guasa!, que diría mi otro compadre, José Manuel.


Pues nada, mañana más…

Intentaré acudir más tempranito, como mi mujer descansa, a ver si cenamos tranquilitos. Sin televisión, ni nada que no pertenezca al interior de nuestras cuatro paredes.

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